Homilía may. 7 / 2017

Jornada Mundial de Oración por las vocaciones
IV  DOMINGO DE PASCUA CICLO A

 

Puebla, Pue., 7 de abril de 2017

 

Domingo del Buen Pastor
Hechos 2,14.36-41; 1 Pedro 2, 20-25; Jn 10,1-10

Estimados hermanos, seguimos celebrando la alegría de la Pascua de Jesús, este Domingo Cuarto del tiempo Pascual, se conoce popularmente como el Domingo del Buen Pastor, ya que en el Evangelio, nos resalta la figura de Jesús como Buen Pastor, junto con las dos lecturas que hemos escuchado nos hace eco de este mensaje. Donde todos nosotros, sus seguidores, seríamos el rebaño. El pastoreo de Jesús se manifiesta en la Eucaristía, así Jesús nuestro Buen Pastor, cada domingo nos preside la celebración, nos habla a través de su Palabra, para que escuchemos su voz que nos invita a seguirlo y nos ofrece el ejemplo de su vida para que caminemos tras sus huellas, nos alimenta con su propio cuerpo para que tengamos vida, así quien lo sigue “encontrará pastos” que dan vida, haciéndose realidad las palabras del salmista: “en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas” (cfr. Sal 22).

El pasaje evangélico que hoy escuchamos, destaca en el Buen Pastor el conocimiento personal de sus ovejas: “llama a cada una por su nombre”. Conocimiento que es recíproco: las ovejas “lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán”. Jesús es el Buen Pastor que, además de conocernos y llamarnos, nos “saca fuera”, a la vida, y “camina delante” como referente que es, y nosotros le seguimos a Él, a su persona, y de Él aprendemos a caminar y a vivir. Como los primeros discípulos, nosotros también le descubrimos caminando con nosotros en la vida, acompañándonos, marcando el rumbo, como Buen Pastor, para que “encontremos pastos”, para que “tengamos vida y la tengamos abundante”.

Jesús siempre quiere nuestro bien, siempre quiere esa vida abundante para nosotros, de ahí que siempre nos llama por nuestro nombre, porque nos conoce y sabe lo que necesitamos, lo que anhelamos y también lo que nos sucede. Por eso él toca las puertas de nuestra vida, nuestro corazón, nuestra casa, nuestra familia, de nuestro trabajo… para que lo dejemos entrar, y él pueda cambiar toda nuestra existencia, y darle un sentido pleno, para que él nos conduzca hacia  “pastos abundantes”, hacia  la libertad de una vida plena y eternamente feliz, yendo delante de nosotros, por el camino del amor.

Jesús nos lleva a “buenos pastos”. Cada domingo nos ofrece la Eucaristía como lugar de reposo y como alimento para nuestro caminar, para recuperar las fuerzas perdidas en la tarea de anunciar la buena noticia del evangelio a nuestros hermanos y hermanas. Nosotros respondemos orando a Dios para que escuchemos su voz de Buen Pastor y sepamos responder con generosidad cada uno a las llamadas que Él nos hace, para ser cristianos comprometidos con la misión de anunciar la Buena noticia de Jesús y con la tarea de llevarla a todas las personas, especialmente a los más necesitados de esa buena noticia, a los más pobres, a los más enfermos, a las “ovejas” más débiles, luchando siempre por la justicia, la paz, la comunión…

Jesús es la realización del ideal del pastor perfecto, del que busca la oveja descarriada y da la vida por sus ovejas. Es más, él es Dios mismo, quien, como había prometido el profeta Ezequiel (cfr. 34, 4ss.), ha descendido del cielo para proponerse al cuidado de su grey. Antes de dejar la tierra, Jesús ha escogido a algunos hombres, los apóstoles y sus sucesores para que continuasen esta misión. De ahí, el nombre de “pastores”, dado a los obispos y a los sacerdotes, sus colaboradores.

Por eso en este día, en el que se celebra la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, pedimos al Señor que, nos conceda comprender que la “vocación cristiana es siempre renovación de la amistad personal con Jesucristo, que da pleno sentido a la propia existencia y la hace disponible para el reino de Dios”. Además del sacerdocio, otras formas de seguimiento de Cristo son la vida consagrada y el matrimonio, que plenamente vividos, hace de los consagrados y los esposos, “pastores” que liberan y conducen a una vida completa a los demás[1]. Oremos, para que las vocaciones de la Iglesia lleguen a madurar  y a dar frutos abundantes, por ello les comparto la oración por las vocaciones, para que siempre la hagamos y pidamos además pastores santos:

“Oh, Jesús, Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en gran necesidad,
danos vocaciones, laicales, religiosas y sacerdotales santas.
Te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús danos vocaciones para tu Iglesia según tu corazón”.
Amén.

Pbro. Lic. Israel Pérez López
Pontificio Seminario Palafoxiano

 

[1] Lira Rugarcía, Eugenio, ¡Celebrar al Señor es nuestra fuerza!, Ciclo A, p. 111.

 

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