Homilía may. 21 / 2017

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“Luz es tu Palabra, para mi camino”
VI DOMINGO DE PASCUA CICLO A

 

 Puebla, Pue., a 21 de mayo de 2017

NO LOS DEJARÉ SOLOS

 “Yo le rogaré al Padre, y Él les enviará otro consolador” (cfr. Jn.14, 16)

-Amor y mandamientos 

Nos insiste hoy Jesús en el Evangelio en que quien le ama guarda sus mandamientos y, también, en lo que puede ser un matiz algo distinto: la aceptación y guarda de esos mandamientos es señal de que se le ama.

Nos pueden extrañar algo estas expresiones de Jesús si no damos el verdadero sentido a lo que Jesús entiende por mandamiento. No se trata aquí, en primer lugar, de normas o prescripciones, sino del mensaje y enseñanza de Jesús en su conjunto. Jesús se dirige en este momento a sus discípulos y les está incitando a la acogida de la Palabra de Dios y a su seguimiento. Es la invitación a entrar en una lógica y dinámica de amor, siempre bajo la perspectiva de la libertad y la opción personal.

Ni el miedo ni la obligación es algo importante en el seguimiento de Jesús. Y aunque el amor nos puede llevar a ser exactos cumplidores de ciertos detalles y obligaciones, siempre como cristianos lo debemos de hacer bajo el impulso del amor.

-Algunos rasgos del amor cristiano 

Vamos a llamar este amor cristiano, aunque sea algo que lo trasciende porque de alguna manera está implicado en él el amor del Padre. A este amor lo llama el Nuevo Testamento ágape y tiene unos rasgos distintivos y específicos comparado con el amor humano o eros.

La fuente originaria de este amor es Dios; de él procede gratuita y generosamente. Nunca es interesado o justiciero. Se anticipa siempre a la respuesta del hombre. Dios no nos ama porque seamos buenos, sino que somos buenos porque Dios nos ama.

Es un amor que tiende a expandirse, a comunicarse. Supera toda ruptura y toda división. Es comunidad en Dios y hace comunidad, iglesia, entre los hombres. Este es el amor de Dios que se ha manifestado en Jesús y este es el amor que Jesús quiere en sus discípulos, y desde esta perspectiva hay que entender lo de cumplir los mandamientos. Este amor brota de Dios y sólo vive dentro del Espíritu de Dios.

El mundo no puede recibirlo porque ni lo ve ni lo conoce. Mundo al que designa a aquellas personas que son incapaces de sobrepasar el nivel empírico de la realidad donde reina el amor interesado y egoísta, la actitud hedonista. Con esto no queremos decir que en el amor humano siempre sea así.

En el amor humano aparecen destellos de generosidad y reciprocidad que reflejan el amor de Dios. La presencia en el mundo de este amor cristiano es, sin duda, el mejor testimonio y la mejor razón de nuestra esperanza de la que San Pedro nos habla en la segunda lectura de este domingo.

- A la presencia del Espíritu Jesús parece unir la vigencia y perseverancia de este amor.

A sus discípulos Jesús les promete otro Defensor que estará siempre con ellos. Es llamado Espíritu de la verdad. El garantizará la presencia de Jesús y la del mismo Padre. Esto lleva a una inhabitación muy especial de Dios en el hombre que desconoce esta presencia de Dios. Los libros del Nuevo Testamento están llenos de esta presencia y fuerza del Espíritu, de forma que no se entiende sin él el origen y crecimiento del cristianismo. En la lectura de los Hechos de este domingo, en la primera lectura, encontramos un texto referente al Espíritu Santo de lo más significativo. Felipe había bautizado a los habitantes de Samaría en el nombre del Señor Jesús, pero luego bajan Pedro y Juan, los apóstoles, a confirmarlos en el Espíritu. "Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo". La vida de la Iglesia no se entiende ni explica sin esta presencia del Espíritu Santo.  Tampoco se entiende la vida cristiana personal sin los frutos y los dones del mismo Espíritu.

Jesús insiste en el Evangelio de hoy a los discípulos en que no los dejará solos y que dentro de poco lo volverán a ver. Sin duda se refiere a la presencia de ese Defensor. Aunque físicamente Jesús se separará de ellos, les recuerda, que sigue viviendo y estando a su lado, aunque de otro modo. Dentro de unos días, y una vez que Jesús haya ascendido al cielo, la Iglesia celebrará la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu. Entonces se harán realidad las palabras de Jesús.

La vida del cristiano está centrada en el amor y en el Espíritu, y aun estas dos cosas son una: Amor. Porque Dios es amor, el Espíritu Santo representa al amor y la enseñanza de Jesús se resume en el amor.

Sea alabado Jesucristo.

Pbro. José Ramón Reina de Martino

 

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