Homilía jun. 18 / 2017

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“Luz es tu Palabra para mi camino”
XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO,
JESÚS ENVÍA A SUS APÓSTOLES

 

Puebla, Pue., a 18 de junio de 2017

 

“… vayan y anuncien que ya está cerca el Reino de Dios” (cfr. Mt.10, 7)

Jesús al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:

«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores para la cosecha.»

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones:

«Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.»

Este es el primer envío o misión, que Jesús confía a los doce apóstoles. El Señor ha llamado a los que Él ha querido y ahora los manda a anunciar la Buena Noticia del Reino. Jesús mismo los llama apóstoles y en este primer proyecto misionero les ordena que no salgan del país, sino que busquen en primer lugar, las ovejas perdidas de Israel.

Esta es también la misión fundamental que le ha dado a Él, el Padre. Tiene que ir caminando y anunciando que el reino de Dios está cerca.

Junto con el mandato, les delega su poder de sanar enfermos, curar leprosos, echar demonios y aún resucitar muertos.

Por eso todas las curaciones que los apóstoles realizan, las realizan no en nombre propio, sino en nombre de Jesús.

En esa primera misión, el Señor les encargo sólo el pueblo de Israel, y dentro de ese pueblo, a las ovejas dispersas, a los pobres desamparados, a los pecadores despreciados...

Recién después de su resurrección, el Señor les dará el envío universal.

En este primer envío, Jesús establece las pautas, las líneas maestras de todo apostolado. Por eso, la Iglesia, que es misión, envío,... tiene que regresar a esas pautas para beber del manantial.

Muchas de esas son también, normas universales, no exclusivas para los doce.

Hoy también Jesús, por medio de la Iglesia, sigue enviando apóstoles al mundo, y nadie puede autotitularse «apóstol», sino es enviado por ella.

El ser apóstol no es un título que se adquiere por una graduación en una universidad, o en un seminario... Hay que ser llamado y enviado.

Todo cristiano, por los sacramentos del Bautismo y la confirmación, es llamado y enviado a proclamar la Buena Noticia del reino, pero siempre dentro del pueblo de Dios, que es la Iglesia. Recordemos este hermoso pasaje del documento de Puebla: «Hacemos un llamado urgente a los laicos a comprometerse en la misión evangelizadora de la Iglesia, en la que la promoción de la Justicia es parte integrante e indispensable y la que más directamente corresponde al quehacer laical, siempre en comunión con los pastores

Nuestro mundo del siglo XXI nos ofrece escenarios vacíos de la presencia de Dios, que provocan en nuestros corazones preocupación y consternación. Un mundo, que, por otra parte, es obra de la mano providente de Dios, en el que Él quiere entrar y hacerse presente.  Y la manera de hacerse presente de Dios en el mundo, es a través de mediaciones humanas. Así que también es muy necesario e importante que permitamos al Señor que se valga de nosotros para derramar su gracia en nuestro mundo. Que  nuestro compromiso de bautizados lo vivamos realizando los signos de la presencia y la acción del amor y la misericordia del Señor: curar y liberar.

Por eso hoy vamos a pedirle al Señor ser capaces de responder al envío que el Señor nos ha hecho a cada uno de nosotros como respondieron esos primeros doce, pero también como dice Jesús en el Evangelio, pidamos especialmente hoy al Padre que envíe más obreros a su mies. La mies es mucha. Es mucha entre quienes todavía no conocen a Dios, la mies es mucha aún entre los católicos prácticos porque muchos no han entendido el renunciamiento que exige el apostolado y por eso no se han entregado por completo. La mies es mucha y los obreros son pocos... Por eso en nuestra oración hoy vamos a pedir por vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras.

Un pueblo, una parroquia, serán como sea su sacerdote, por eso hay necesidad de rezar muy especialmente por la santificación de los sacerdotes.

Sea alabado Jesucristo.
Pbro. José Ramón Reina de Martino