Homilía jul. 23 / 2017

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El Reino de Dios se hace presente...
Domingo XVI del tiempo ordinario

 

Puebla, Pue., a 23 de julio de 2017

 

El Reino de Dios se hace presente aunque el mal exista, al final el mal será vencido  por el amor. Hay que saber esperar, como Dios nos espera en su misericordia.

Unos años antes del nacimiento de Cristo, el autor del libro de la Sabiduría, muestra la acción de Yahveh sobre su pueblo, es el recordar que el justo debe ser humano y la experiencia verdadera del humano es el amor, la misericordia. Dios siempre dará al hombre la esperanza para alejarse de lo que le hace daño y daña la convivencia no solamente con el otro; sino también con su entorno natural.

El hombre de este tiempo ha perdido la esperanza, la esperanza en Dios, en el otro, en la naturaleza. Piensa de acuerdo a los nuevos modelos económicos, que la esperanza está en el poder sobre el otro, en la manipulación de la naturaleza, en la acumulación de riqueza. Es así como pierde el sentido de vida y de esperanza.

Lo espiritual está lejos de los parámetros del hombre de hoy. San Pablo en su carta a los Romanos nos recuerda que el hombre está destinado a la Gloria. El dinamismo del Espíritu eleva al mundo. Hace que el hombre tienda hacia los verdaderos bienes. En Cristo la creación vuelve a encontrar su sitio en la verdadera armonía, entre Dios, el Hombre y la Naturaleza.

Este domingo XVI del tiempo ordinario, siguiendo el discurso parabólico de Jesús en el evangelio de San Mateo, escuchamos tres enseñanzas sobre el Reino que él proclama:

La cizaña. El Reino crece, pero tiene sus sombras. El hombre ha de ser paciente con los demás y también consigo mismo. No hay perfección; pero debemos tender hacia ella.

El grano de mostaza. La instauración del Reino proclamado por Jesús, a los ojos del mundo es pequeña, pero la fidelidad, el compromiso y el testimonio de los bautizados, serán el germen de la plenitud del Reino proclamado.

La levadura. El Reino hoy más que nunca está oculto, pasa desapercibido, se confunde con la masa humana. Sin embargo es el que da fuerza y esperanza al hombre de hoy.

Recordemos que las parábolas son un medio que el autor pone en labios de Jesús para hacer que sus escuchas entren a una realidad misteriosa, que desde sus parámetros meramente humanos no podrían percibir. Hoy debemos abrirnos al misterio, dejando a un lado las preocupaciones inmediatas.

La explicación de la parábola de la cizaña, recae en el juicio final. La plenitud del Reino será una realidad para los que esperan y levantan la mirada hacia Dios, incluso en medio del mal.

Siempre desde nuestra debilidad recordemos que el Señor, es bueno y clemente (Sal 85)

 

P. Paulo I Carvajal Ramos

 

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