Historia

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La Iglesia, familia de Dios


Papa León XDios –amor, eterno, feliz, perfecto, todopoderoso, verdad y misericordia–, es Único pero no solitario: es Padre, Hijo y Espíritu Santo (cfr. Mt 28,19). “Cada uno, considerado en sí mismo, es Dios todo entero... Dios los Tres considerados en conjunto”, confesaba san Gregorio Nacianceno (“Orationes”, 40, 41: PG 36, 417).“Tres Personas que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo amor y sólo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente”, afirma el Papa Benedicto XVI (Ángelus, 7 de junio de 2009).

Por eso, este Dios, autor de cuanto existe, quiso crearnos a imagen y semejanza suya. Y por puro amor, para hacernos partícipes de su comunión feliz, el Padre envió a su Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, quien nació de la siempre Virgen María, pasó haciendo el bien, padeció, murió, resucitó y nos comunicó a la Tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, Amor increado, a fin de liberarnos del pecado y hacernos hijos suyos, partícipes de su vida plena y eternamente feliz, convocándonos en la unidad de su familia, la Iglesia.

La Iglesia es una, ya que tiene un solo Señor, una sola fe, nace de un solo Bautismo, celebra en comunión el culto divino, especialmente los sacramentos, conserva una sucesión apostólica y existe para unir a toda la humanidad con Dios y entre sí (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 815).

Todos los hombres y mujeres están llamados a formar parte de la Iglesia, por lo que este Pueblo de Dios, sin dejar de ser uno y único, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos. De ahí que legítimamente existan las Iglesias particulares que, unidas en el Primado de la Cátedra de San Pedro, es decir, el Papa, son parte de la única Iglesia fundada por Cristo (cfr. Concilio Vaticano II, Const. “Lumen Gentium”, n. 13).

Fundación de Iglesia que peregrina en Puebla


carlosvLa Arquidiócesis de Puebla es la más antigua de las iglesias particulares establecidas en México. Algunos historiadores la consideran heredera del Obispado de Santa María de los Remedios, llamado “Carolense”, que habría de establecerse en Yucatán, y que nunca llegó a erigirse.

En 1517, al tener noticia del descubrimiento realizado en marzo del mismo año por Francisco Hernández de Córdoba (ca.1475-1517), el Rey Carlos I de España y V del Sacro Imperio (1500-1558), solicitó al Papa León X (1475-1521) la erección de un Obispado en las costas de Yucatán, a lo que el Sumo Pontífice accedió mediante la Bula “Sacri Apostolatus Ministerio”, del 24 de enero de 1518.

En esta Bula, que algunos investigadores fechan en 1519, el Papa, al tiempo de declarar que se interesa mucho por el Nuevo Mundo, recuerda el celo de los Reyes Católicos y erige, a petición del Rey Carlos, una iglesia en esa tierra. Por Obispo fue designado en 1519 fray Julián Garcés (1452-1547), dominico, predicador del Monarca español, quien recibió la consagración episcopal en 1526. Sin embargo, la erección del Obispado “Carolense” quedó sin efecto, ya que en realidad los españoles no habían fundado pueblo alguno en aquella región.

Posteriormente, tras la conquista, que permitió un conocimiento más preciso del territorio de la Nueva España, se obtuvo de Su Santidad Clemente VII (1478-1534) la Bula “Devotionis tuae probata sinceritas”, del 13 de octubre de 1525, con la que se erigía la Diócesis de Tlaxcala, como sufragánea de la Arquidiócesis de Sevilla (España).

En dicha Bula, el Romano Pontífice declara que los límites de esta Diócesis “serán los que señale Carlos, Rey de Castilla”. Así, Carlos I de España y V del Sacro Imperio expidió en Granada una cédula fechada el 19 de septiembre de 1526, en la que establece que el nuevo Obispado se extienda por Tlaxcala, Veracruz, Tabasco y parte de Chiapas. La sede fue fijada en Tlaxcala, como recompensa a la lealtad que los tlaxcaltecas habían mostrado a los conquistadores.

Fray Julián Garcés llegó a la Nueva España en 1527 para tomar posesión de su Diócesis en la iglesia de los franciscanos de Tlaxcala, a la que erigió como Catedral con el título de “Santa María de la Purísima Concepción”. Bajo su episcopado, y con territorio de la Diócesis de Tlaxcala, se erigió la Diócesis de México en septiembre de 1530, misma que pasó a reemplazar a Sevilla como sede metropolitana el 11 de febrero de 1546 por disposición del Papa Paulo III (1468-1549), mediante la Bula “Super Universas Orbis Ecclesias”.

Mientras tanto, para responder a la necesidad de una ruta comercial más corta entre la Ciudad de México y Veracruz, y ofrecer una ciudad dedicada al descanso y comercio de españoles que quisieran desarrollarse sin explotar a los indígenas, fray Toribio de Benavente (1482-1569) y los guardianes de los conventos de Cholula, Huejotzingo, Tepeaca y Tlaxcala, se dieron a la tarea de buscar el lugar apropiado, con el consentimiento del Obispo Garcés y el apoyo  de Don Juan de Salmerón, miembro de la Segunda Audiencia.

Así, en la zona delimitada por el cauce del Río San Francisco y el Cerro de San Cristóbal (actualmente llamados cerros de “Loreto” y “Guadalupe”), el 16 de abril de 1531 fue fundada la “Puebla de los Ángeles”, con una Misa celebrada por fray Toribio de Benavente, quien, junto a otros frailes franciscanos, construyó la primera de las capillas de la “Puebla” y acompañó a los primeros pobladores.

Sin embargo, las lluvias torrenciales y el desigual crecimiento del Río San Francisco y sus afluentes, hicieron que la naciente Ciudad fuera reubicada al oeste del Río San Francisco en 1532. Ese mismo año, mediante Real Cédula del 20 de marzo, el Rey Carlos I concedió al nuevo asentamiento el título de “Ciudad de Puebla los Ángeles”. Su primer párroco fue el P. Alonso Ruíz de Arévalo.

El desarrollo de la Puebla los Ángeles fue tan rápido, que los señores canónigos del Cabildo de la Catedral de Tlaxcala insistieron al Obispo Garcés que promoviera el traslado definitivo de la sede episcopal a la Angelópolis, lo que finalmente sucedió mediante Cédula Real del 6 de junio de 1543 firmada por el Regente (interino) Don Felipe (1527-1598) (luego, Rey Felipe II de España y I de Portugal).

Entre los grandes Obispos que han guiado a los poblanos destaca el Venerable Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), quien, nombrado por el Papa Urbano VIII (1568-1644)  Obispo de la Puebla de los Ángeles el 27 de diciembre de 1639, llegó de España para tomar posesión de este Obispado el 22 de julio de 1640. Don Juan de Palafox realizó grandes obras espirituales y materiales, como la fundación del Seminario de Puebla en 1644 y la  reanudación de los trabajos de construcción de la Catedral, misma que consagró el 18 de abril de 1649.

El Papa san Pío X (1835-1914), mediante la Bula “Praedecessoris Nostri”, del 9 de agosto de 1903, elevó a la Diócesis de Puebla al rango de Arquidiócesis, siendo el Excmo. Sr. Dn. Ramón Ibarra y González (1853-1917) su último Obispo y su primer Arzobispo.

El Domingo 28 de enero de 1979 el Santo Padre Juan Pablo II (1920-2005) visitó la Arquidiócesis de Puebla para inaugurar la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en el Seminario Palafoxiano, convertido en sede de tan importante evento eclesial.

Durante el Gran Jubileo del Año 2000, el 21 de mayo, el Papa Juan Pablo II proclamó santo al P. José María de Yermo y Parres (1851-1904), gloria del clero poblano, nacido en el Estado de México, fundador de la Congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, y quien estableció escuelas, hospitales, casas de descanso para ancianos, orfanatos, una casa para la regeneración de la mujer y centros de misión entre los indígenas tarahumaras del norte de México. La memoria del P. Yermo se celebra el 19 de septiembre.