El Ministerio de los Obispos

Jesús, el enviado del Padre, ungido por el Espíritu Santo, desde el comienzo de su ministerio “llamó a los que Él quiso y vinieron donde Él. Instituyó Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14). Por lo tanto, el ministerio de los Apóstoles es la continuación de la misión de Cristo: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe” (Mt 10,40).

Para que continuase después de su muerte la misión a ellos confiada, los Apóstoles nombraron a los Obispos como sus sucesores, para que junto con el Sucesor de Pedro, el Papa, guiaran a la Iglesia. Por eso, por institución divina los Obispos han sucedido a los Apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió (Cfr. LG, 20; Catecismo, 858-862).

Los Obispos, siempre en comunión con el Santo Padre, son constituidos como maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para guiar a la comunidad a ellos encomendada (cfr. Código de Derecho Canónico, c. 375, p. 1).

En la Iglesia Católica Apostólica Romana, la archidiócesis o arquidiócesis (archi- y arqui- provienen del griego y significan 'ser el primero') es una diócesis con un rango superior a las convencionales. El título es un nombre honorífico y de él se deduce que el Obispo titular sea denominado Arzobispo. En las Iglesias orientales católicas, las arquidiócesis se denominan archieparquías.

El título de "Archidiócesis" o "Arquidiócesis" lo da la Santa Sede y existen numerosas razones para ello. Las más importantes son:

1.La diócesis tiene una larga tradición histórica.
2.La diócesis tiene por territorio una importante región urbana de un país.

El Ministerio de los Obispos

Jesús, el enviado del Padre, ungido por el Espíritu Santo, desde el comienzo de su ministerio “llamó a los que Él quiso y vinieron donde Él. Instituyó Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14). Por lo tanto, el ministerio de los Apóstoles es la continuación de la misión de Cristo: “Quien a vosotros recibe, a mí me recibe” (Mt 10,40).

Para que continuase después de su muerte la misión a ellos confiada, los Apóstoles nombraron a los Obispos como sus sucesores, para que junto con el Sucesor de Pedro, el Papa, guiaran a la Iglesia. Por eso, por institución divina los Obispos han sucedido a los Apóstoles como pastores de la Iglesia. El que los escucha, escucha a Cristo; el que, en cambio, los desprecia, desprecia a Cristo y al que lo envió (Cfr. LG, 20; Catecismo, 858-862).

Los Obispos, siempre en comunión con el Santo Padre, son constituidos como maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para guiar a la comunidad a ellos encomendada (cfr. Código de Derecho Canónico, c. 375, p. 1).