Excmo. Sr. Don Diego Romano y Gobea (1578-1606)

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Excmo. Sr. Don Diego Romano

El sexto Venerable Prelado de la antigua “Diócesis Carolense” o de Tlaxcala, hoy: Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, fue natural de Valladolid, en Castilla (España), desconociéndose, por desgracia, la fecha y el año de su nacimiento.

Estudió en la Universidad de Valladolid y después en la célebre de Salamanca, donde recibió el grado de Doctor en Sagrada Teología. De allí salió para ocupar una Canonjía en la Catedral de Granada, de cuya ilustre Universidad fuera distinguido colegial togado; más tarde fue nombrado provisor y gobernador de la mencionada Diócesis de Granada; después fue nombrado Inquisidor de la Fe en los tribunales de Lérida, Barcelo y Granada, y de la Suprema y Visitador General de la de Lorena.

El Rey Felipe III de España, gran conocedor de los grandes dotes intelectuales y de sus grandes cualidades y aptitudes de gobierno, en 1577, lo presentó a la Sana Sede Apostólica como inmediato sucesor del Excelentísimo Sr. Ruiz de Morales y Molina en la Sede Episcopal de Puebla, en la Nueva España; nombramiento que fue confirmado por S.S. Gregorio XIII (1572-1585), en enero de 1578, siendo consagrado en ese mismo año ( se ignora la fecha y el mes), en Madrid, por el Excelentísimo Cardenal Sr. Diego de Espinosa.

El 2 de diciembre de 1578 tomó posesión de su diócesis, por poder otorgado al Doctor Don Antonio Calderón, dignidad Maestrescuelas del Nuevo Reino de Granada (hoy República de Colombia). El Ilustre Prelado llegó a su Sede Episcopal probablemente a principios del mes de septiembre, de 1579, pues hasta en el acta de la sesión capitular, celebrada el 22 de ese mes, por primera vez, se hace mención de él como residente en la ciudad de Puebla.

En mayo de 1578, siendo el Ilustrísimo Sr. Romano Obispo Electo de Puebla y antes de tomar posesión canónica de la Sede Episcopal, se estableció, por primera vez, en la ciudad de Puebla, la “Compañía del Smo. Nombre de Jesús” o Teatinos, llamados también Jesuitas, a los que el Venerable Cabildo obsequió un magnífico Ornamento.

En enero de 1585 asistió al “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, que “instituyó la legislación eclesiástica que debía servir de norma a esta Cristiandad por más de 3 siglos: la sabiduría, meditación y virtud en que abundan sus disposiciones, son hechos que admirarán siempre a propios y extraños…”. En este memorable Concilio se distinguió brillantemente el M. Sr. Maestrescuelas Angelopolitano Dr.  Francisco de Beteta quien, habiendo nombrado como apoderado que representase a los Obispos Conciliares en España y Roma, supo, con laudable empeño y acierto desempeñar su cometido que antes que expirase el término de su poder, ya había sido presentado el Sínodo Diocesano a la Sagrada Congregación de Sacrosanto Concilio Tridentino y tan bien despachado el negocio que fue aprobado por la mencionada congregación el 21 de Octubre de 1589 y confirmado, mediante un breve, por el entonces Sumo Pontífice: Sixto V (1585-1590).

En abril de 1595, el Sr. Benito Bocardo, vecino de la ciudad de Puebla, regaló a la Catedral la Reliquia del “Santo Sudario” que, por disposición del Prelado, se mandó colocar en la Capilla de Santo Crucifijo.

Como la ciudad de Puebla era muy atormentada por las tempestades y los rayos, este Venerable Prelado juró por Patrono de la misma al Castísimo Patriarca Sr. San José, cuya parroquia erigió en el año de 1595, llamada en un principio: “Parroquia de Naturales” y considerada como la más antigua parroquia de la ciudad. Desde esa época, ignorándose el año preciso, se le hace al Santo Patriarca anualmente, en el mes de Septiembre, un solemne novenario en la Catedral.

En diciembre de 1595, el Sr. Romano, como Albacea del Pbro. Lic. Juan de Larios (meritísimo sacerdote a quien desde considerarse como el primer fundador del actual “Seminario Palafoxiano”), fundó el Seminario de San Juan, que años más tarde fue ampliado y reorganizado, conforme a las prescripciones del “Santo Concilio de Trento”, por el Ilustrísimo y Venerable Beato Juan de Palafox y Mendoza con la fundación del Colegio de San Pedro, contiguo al de San Juan y otras importantes adaptaciones y donaciones.

Durante su gobierno, a petición del rey Felipe III de España, el Sumo Pontífice: Clemente VII (1592- 1605), y según parece, a fines del año de 1598, instituyó en el Venerable Cabildo Angelopolitano las Canonjías de Oficio: Doctoral, Magistral, Lectoral y Penitenciaria.

El 25 de febrero de 1600 falleció en el convento de San Francisco de la ciudad de Puebla, en olor de santidad y lleno de méritos, el Hermano lego y siervo de Dios, el hoy Beato Sebastián de Aparicio.

Durante su gobierno y por disposición suya, se determinó el toque de las 3 de la tarde, en memoria de la Pasión y muerte de Jesucristo, mandando rezar un Padre Nuestro, una Ave María y un Gloria.

A causa de su avanzada edad y de sus múltiples achaques y estando casi ciego y ya nonagenario este Venerable Prelado, la Santa Sede nombró al entonces obispo de Guadalajara, el Ilustrísimo Sr. Ildefonso de la Mota y Escobar, como su Obispo Auxiliar (el primero que registra este “Episcopologio”).

Después de haber gobernado a su Diócesis por espacio de 27 años, 4 meses y 10 días (el gobierno episcopal más prolongado que registra el “Episcopologio Angelopolitano”), lleno de méritos, falleció, el 12 de Abril de 1606, en su Palacio Episcopal de la ciudad de Puebla.

Sus restos mortales descansan en la “Cripta de Obispos” de la Catedral de Puebla, no obstante sus deseos de que su cadáver fuese llevado a su Patria: Valladolid.

Elogio: “CONSTANS, JURISPERITISSIMUS, EFFICAX” (Firme, Expertísimo en Derecho, Dinámico).