Excmo. Sr. Don Pedro González García (1738-1743)

Excmo. Sr. Don Pedro González García

El décimo sexto sucesor de Fr. Julián Garcés fue natural de Tordelaguna, España, donde nació el 25 de noviembre de 1683. Fue colegial de Santa María de Teólogos de la Universidad de Alcalá, académico y primer secretario de la Real Academia Española.

Siendo cura de la parroquia de San Nicolás de Madrid, fue promovido a la sede episcopal de Tlaxcala o Puebla de los Ángeles, en la Nueva España, que se encontraba “vacante” desde el 19 de julio de 1737.

Habiendo sido consagrado en España en ese mismo año de 1738, el 17 de mayo en la Iglesia de San Ginés, Madrid, por el Excelentísimo Álvaro de Mendoza, y en ese mismo año, tomó posesión de su diócesis angelopolitana, aunque en los diversos libros existentes en el “archivo” del venerable cabildo angelopolitano, después de diligente búsqueda, no se ha encontrado dato alguno al respecto; pasó al puente de Santa María, España, para embarcarse rumbo a du diócesis, lo que no pudo realizar, ya que las continuas guerras, por aquélla época, en Europa le impidieron cumplir con sus deseos y se mantuvo allí por espacio de tres años y medio hasta 1743 en que fue promovido al obispado de Ávila, en Castilla, como consta por una “cédula real” del Rey: Felipe V de España, fechada en el palacio real de Pardo, el 15 de febrero de 1743, que fue leída en la sesión capitular del 6 de agosto de 1743, en la que se le notificaba al Venerable Cabildo la mencionada promoción y, al mismo tiempo, se le comunicaba la presentación a la Santa Sede Apostólica del Excelentísimo Dr. Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, Arzobispo de la S. Iglesia Metropolitana de Santo Domingo en la entonces Isla Española, como obispo para la diócesis de Puebla.

Al ser trasladado el Excelentísimo Sr. González García, como queda indicado, al obispado de Ávila, este prelado ordenó, mediante una comunicación dirigida al Venerable Cabildo, que da lo que le tocaba de sus rentas, durante el tiempo que fue obispo de Puebla, se sacase lo que había gastado para su manutención y para la de su familia, mientras permaneció en el puerto de Santa María y lo restante se repartiese a los pobres del obispado de Puebla; el venerable cabildo ejecutó fielmente estas disposiciones del caritativo prelado.

Después de gobernar, con edificante celo pastoral, a la diócesis de Ávila, por espacio de 15 años, lleno de méritos falleció en su palacio episcopal de Ávila, el 7 de abril de 1758.

Sus restos mortales probablemente descansan en la S. Iglesia Catedral de Ávila.

Elogio: “LITERATISSIMUS, MUNIFICENTISSIMUS, DESIDERATISSIMUS” (Muy versado en letras, muy magnánimo, muy amable).