Boletín mar. 23 / 2018, Viacrucis

codicosComisión Diocesana de Comunicación Social
Arquidiócesis de Puebla

 

Puebla, Pue., a viernes 23 de marzo de 2018
Boletín 7 / 2018

 

RESCATE DEL VIACRUCIS ANGELOPOLITANO
De San Francisco al Calvario

Por segundo año consecutivo, la Arquidiócesis de Puebla y el H. Ayuntamiento de Puebla llevaremos a cabo el próximo viernes 23 de marzo a las 5 de la tarde, el Viacrucis Angelopolitano es una iniciativa que busca rescatar el que se hacia del Templo de Sn Francisco al Calvario y que data de 1606 cuando los franciscanos comenzaron con la ayuda de la Tercera Orden y los devotos de la ciudad la construcción del Viacrucis poblano en las faldas del Cerro de Belén, y el cual estaría integrado por 14 capillas; otros Viacrucis fueron construidos en la Nueva España pero el de Puebla fue el primero de tipo arquitectónico y uno de los pocos que aún conserva la mayoría de sus capillas.

En esta ocasión las imágenes que acompañarán el Viacrucis Angelopolitano serán: la imagen de Ntra. Sra. De los Dolores de la parroquia de Los Remedios, Jesús Nazareno de la Iglesia del Santo Angel Custodio en Analco y La Cruz con una reliquia de la Santa Cruz de la Iglesia del Alto que data de 1531. Es importante señalar que quienes participen en el Viacrucis Angelopolitano puede ganar la Indulgencia Plenaria.

 

EL VIACRUCIS ANGELOPOLITANO

En 1606 los franciscanos comenzaron, con la ayuda de la Tercera Orden y los devotos de la ciudad, la construcción del Vía Crucis poblano en las faldas del Cerro de Belén, estaría integrado por 14 capillas, otros caminos de Vía Crucis fueron construidos en la Nueva España, el de Puebla fue el primero de tipo arquitectónico y uno de los pocos que aún conserva la mayoría de sus capillas.

Cabe destacar que la arquitectura características de estas capillas es de fines procesionales, ya que cuentan con una puerta de acceso y otra de salida, para que la procesión no fuera interrumpida; aunque muchas de las puertas se encuentran clausuradas, aún es posible verlas en las Capillas.

Las diversas estaciones estaban repartidas así: La primera correspondiente a "los azotes", en la misma iglesia de san francisco. la segunda, de "la cruz a cuestas" en el interior del atrio, ha desaparecido. La misma suerte corrió la tercera, fuera del atrio, y que memoraba "la primera caída". Se conservó la cuarta al lado de la puerta norte del antiguo atrio. Es de el encuentro de cristo con la Virgen, o de "los finos amantes", como la llamaban. Atravesando la calle y alineada a ella está aun la quinta, dedicada "al cirineo". Una modesta portada barroca con pilastras y frontón roto da acceso a la nave con su cúpula sin tambor y lucarnas.

Torciendo en la esquina que sigue, hacia la izquierda empieza el ascenso del cerro y se llega, frente a la parroquia de la Cruz, a la capilla de "La Verónica" que es la sexta estación. El cronista la describe así: "es también de bóveda, de bastante capacidad y muy buen adorno en ella, y dicen que los frontales, palias y demás ropa de altar son hechos de mano del mismo eclesiástico" que la labró, que fué el licenciado Antonio Hernández de Priego. Ofrece en su abandonado silencio una fachada con arco de medio punto; sobre la cornisa nicho con frontón triangular, dos ventanas a los lados y espadaña de cuatro campaniles. Se vislumbra una cúpula sin tambor ni lucarnas.

Después de un leve descenso hacia el río aparece, saliendo casi aislada a una plazuelilla, la capilla que llamaban "de Platero", y es la séptima estación y segunda caída de Cristo. Es una pequeña nave, cubierta de bóveda con cúpula rudimentaria, ciega. Al exterior se marcan los contrafuertes y la corona una ruda balustrada poblana. Su portada es de un barroco popular y lo mismo el campanario de dos cuerpos. Fundó esta capilla el licenciado pedro de Medina, a su costa y con limosnas que recogió de las lavanderas del río, por lo cual fué designada al principio como capilla de las lavanderas. A la muerte del fundador se hizo cargo de la capilla el deán Don Diego de Victoria Salazar, que la adornó debidamente y edificó la vivienda contigua. En tiempos de Veytia, cuyas son todas estas informaciones, la capilla era llamada del Platero, a causa de que el encargado que había sido en ella, don Antonio Fernández, era patrón de platería.

En la capital poblana, las capillas se colocaron emulando Jerusalén, entonces eso es un tema único, dentro de los elementos patrimoniales de la ciudad, destacó.

*Recopilación de varios autores y entrevistas.

RECORRIDO DEL VIACRUCIS ANGELOPOLITANO
LAS ESTACIONES

I. “Presentación de Jesús a Poncio Pliato”,
Capilla Beato Sebastián de Aparicio

II. “Jesús carga la cruz”
Librería Convento Franciscano de Puebla

III. “Primera caída”
muro del Convento franciscano

IV. “Jesús encuentra a su Santísima Madre”,
Capilla de la Macarena

V. “Simón el Cirineo”, le ayuda a llevar la Cruz,
Capilla El Cirineo

VI. “La Verónica”,
Capilla de la Verónica

VII. “Segunda caída”
Capilla De Plateros

VIII. “Las Piadosas”,
Capilla Piadosas

IX. “Tercera caída”,
El Calvario 

X. Jesús despojado de sus Vestiduras,
Capilla “El Expolio”

XI. “La Crucifixión”,
Capilla de Los pobres

XII. “Jesús muere en la cruz”,
Capilla de la Expiración

XIII. “El descendimiento”,
Capilla de la Expiración

XIV. “El Santo Sepulcro”,
Capilla de la Expiración

 

LAS IMÁGENES QUE PROCESIONARAN EN EL VIACRUCIS 2018


Reliquia de la Santa Cruz en la Iglesia del Alto

La Cruz de Cristo es el signo de nuestra salvación, un signo de condenación se convirtió en fuente de salvación. Durante los primero siglos corrieron diferente versiones de su ubicación, algunos decían que la habían ocultado para no acrecentar la fe de los seguidores de Cristo. El historiador Eusebio de Cesarea dice en el año 311 en su Vita Constantini que Constantino fue marchando con su ejército cuando levantó la vista al sol y vio una cruz de luz por encima de ella, y con él las palabras griegas "εν τούτῳ νίκα" ("por esto, la victoria!", a menudo dictadas en latín “In hoc signo vinces”, con este signo veceras). Al principio, Constantino no conocía el significado de la aparición, pero en la noche siguiente, tuvo un sueño en el que Cristo le explicó que debía usar el signo en contra de sus enemigos, esto lo lleva su conversión. Años después su mamá la Emperatriz Elena emprendió una cruzada para encontrar la Cruz de Cristo el 3 de mayo de 327.

Mucho después, en el año 614, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén y tras la victoria, se llevó la Vera Cruz y la puso bajo los pies de su trono, como símbolo de su desprecio a la religión de los cristianos. Tras quince años de luchas, el Emperador bizantino Heraclio lo venció definitivamente en el año 628. Poco después, en una ceremonia celebrada el 14 de septiembre de ese año, la Vera Cruz regresó a Jerusalén, llevada en persona por el emperador a través de la ciudad procesionalmente.

Para que nunca volviera a ser profanada la Vera Cruz se dividió en diferentes partes, a lo que llamaron Legnum Crucis o reliquia de la santa Cruz de Cristo. Según el libro El culto a las reliquias del siglo XVI de José Joel Peña Espinoza, menciona que el Maestrescuela Francisco de Beteta cuando volvió de Roma, después de haber ido a conseguir la aprobación del Tercer Concilio Provincial Mexicano, obtuvo del Papa Sixto V la autorización para sacar reliquias de Roma entre ellas un Legnum Crucis, destinada a la Catedral de Puebla.

Alguna versiones dicen que al no estar consolidada la Catedral, muchas de estas reliquias se destinaron a ser expuestas en los templos donde se tuviera el patrocinio de santos o en este caso de la Santa Cruz, y al ser la Santa Cruz el lugar donde se llevó acabo la Misa Fundacional de Puebla en 1531 entonces se destinó la reliquia Legnum Crucis a dicha parroquia, ubicada en el Barrio del Alto en la ciudad de Puebla de los Ángeles, lugar en el que se resguarda hasta nuestros días un astilla de la Cruz en la que murió Cristo.

 

Jesús Nazareno de la Iglesia del Santo Angel Custodio en Analco

Esta hermosa imagen goza desde el siglo XVII de un gran culto, no sólo en el barrio de Analco sino en toda la ciudad de Puebla, especialmente hasta el siglo pasado.

Fernández de Echeverría y Veitya nos refiere la historia de esta escultura, narrándonos que el obispo Juan de Palafox y Mendoza durante su estancia en la Angelópolis de 1640 a 1649, mandó construir a su costa, un altar con retablo dorado en la primera capilla de lado del evangelio, para dedicarlo al culto de la imagen de Jesús Nazareno cargando su cruz, que es una magnífica escultura en madera, de tamaño natural, que desde su entronización, ha gozado de la veneración de los fieles, que la tienen por una imagen milagrosa.

El mismo historiador nos dice que lo que pudo averiguar del origen de la imagen es que se veneraba en un Santocalli u oratorio de un indio en el Tlaxicali de Yancuitlalpa, de la cual la sacó el obispo Palafox, pensando que era digna de un mayor culto por su fama de milagrosa. Normalmente está vestido con una rica túnica de terciopelo morado con una pequeña cruz a cuestas. Desde 1992 hasta hace unos años, participó en la procesión del Viernes Santo de nuestra ciudad siendo substituida por el Señor de las Tres Caídas, del mismo templo.

 

Virgen de los Dolores de la Iglesia de Ntra. Sra. De los Remedios

Se puede decir que desde el principio del cristianismo, la espada que atravesó el alma de María –según las palabras de Simeón (Lc. 2,35)– ha provocado tierna compasión de los buenos cristianos. Y es que al recordar la pasión del Redentor, los hijos de la Iglesia no podían menos que asociar al dolor del Hijo de Dios los sufrimientos de su bendita Madre.

En el siglo XVII se dio principio a la celebración litúrgica de dos fiestas dedicadas a los Siete Dolores, una el viernes antes del Domingo de Pasión, llamado Viernes de Dolores, y otra el tercer domingo de septiembre. La primera fue extendida a toda la Iglesia, en 1472, por el papa

Benedicto XIII; y la segunda en 1814 por Pío VII, en memoria de la cautividad sufrida por él en tiempos de Napoleón.

La fiesta de este día hace alusión a siete dolores de la Virgen, sin especificar cuáles fueron éstos. Lo del número no tiene importancia y manifiesta una influencia bíblica, ya que en la Sagrada Escritura es frecuente el uso del número siete para significar la indeterminación y, con más frecuencia tal vez, la universalidad. Según esto, conmemorar los Siete Dolores de la Virgen equivaldría a celebrar todo el inmenso dolor de la Madre de Dios a través de su vida terrena. De todos modos, la piedad cristiana suele referir los dolores de la Virgen a los siete hechos siguientes: 1º la profecía de Simeón; 2º la huida a Egipto; 3º la pérdida de Jesús en Jerusalén, a los 12 años; 4º el encuentro de María con su Hijo en la calle de la Amargura; 5º la agonía y la muerte de Jesús en la cruz; 6º el descendimiento de la cruz; y 7º la sepultura del cuerpo del Señor y la soledad de la Virgen.

La imagen a acompaña a nuestro Viacrucis pertenece al templo de los Remedios una iglesia que se empezó a edificar en el año de 1560 y donde esta imagen guarda especial veneración.