Mensaje de la CEM en el Día Internacional de la Tierra 2013

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Mensaje de la CEM en el Día Internacional de la Tierra 2013
Custodiar al ser humano para custodiar la naturaleza

 

Convocados por la Organización de las Naciones Unidas, el 22 de abril celebramos el Día Internacional de la Tierra, que este año lleva por tema: “El rostro del cambio climático”. El objetivo es “reafirmar nuestra responsabilidad colectiva de promover la armonía con la naturaleza”, teniendo presente que, “cuando creamos amenazas para nuestro planeta, no solo ponemos en peligro el único hogar que tenemos sino incluso nuestra futura supervivencia”, como ha señalado el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon (cfr. Mensaje).

Para lograr una auténtica armonía entre naturaleza y desarrollo, es indispensable saber de dónde venimos, hacia dónde vamos y cómo llegar. La respuesta a estas interrogantes, que constituye aquello que llamamos “cultura”, la podemos encontrar mediante la inteligencia, que nos permite ir más allá de lo evidente. Sin embargo, para que la inteligencia pueda comprender las cosas con mayor profundidad y alcanzar la verdad, requiere el don de la fe.

La fe, don divino y acto humano, es aceptar inteligentemente lo que Dios ha revelado, y que se encuentra en la Biblia y en la Tradición de la Iglesia. Así podemos comprender que todo cuanto existe es expresión de un proyecto de amor (cfr. Caritas in veritate, n. 48). Es lo que nos enseña la Biblia en el relato de la creación, cuando, al crear al ser humano a imagen suya, dijo Dios al hombre y a la mujer: “Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y sométanla” (Gn 1,27-28). Meditando estas palabras, san Agustín comenta que el ser humano fue colocado en el paraíso para trabajarlo y custodiarlo, “en provecho de sí mismo para que no permitiera en él la entrada de cosa alguna inconveniente” (Del génesis a la letra, Libro VIII, 22)

Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza”, dice el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 319). Efectivamente, a la luz de la fe, la razón puede comprender que Dios creó todo para la humanidad (cfr Gaudium et spes, 12), por lo que debemos usar lo creado para alcanzar un desarrollo integral, sustentable y trascendente, dando así gloria a Dios.

En la misión de perfeccionar y cuidar cuanto existe, es preciso tener presente que, como advertía el Papa Benedicto XVI, “un desarrollo que se limitara al aspecto técnico y económico, descuidando la dimensión moral y religiosa, no sería un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2007, 8).

La Tierra y sus ecosistemas nos proporcionan la vida y el sustento a lo largo de nuestra existencia, por lo que es indispensable asumir nuestra responsabilidad en el cuidado del medio ambiente, procurando un desarrollo que tenga en cuenta la dignidad de la persona humana. “Es el hombre, grande y admirable figura viviente –escribe san Juan Crisóstomo–, más precioso a los ojos de Dios que la creación entera… para él existen el cielo y la tierra… y la totalidad de la creación” (Sermones sobre el Génesis, 2,1).

La forma como comprendemos y tratamos al ser humano influye en la manera en la que tratamos al medio ambiente y viceversa. Por eso, para fomentar una cultura respetuosa de la tierra, es preciso que esta cultura valore, respete, promueva y defienda la vida, la dignidad y los derechos de toda persona, y que esto se vea reflejado en las dimensiones ecológicas, jurídicas, económicas, políticas y sociales, con visión de solidaridad intergeneracional, recordando que, cuando se promueve el desarrollo económico y cultural de las personas y poblaciones pobres, se tutela también la naturaleza (cfr. Caritas in veritate, n. 51).

En este Día de la Tierra, tengamos presente que, como ha señalado el Papa Francisco, “custodiar toda la creación es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en que vivimos. Es custodiar a la gente, preocuparse por todos, por cada uno, con amor” (Homilía en la inauguración del ministerio petrino). Hagámoslo así y estaremos contribuyendo a hacer de cada día el Día de la Tierra.

 

Por los Obispos de México

 

+José Francisco, Cardenal Robles Ortega

Arzobispo de Guadalajara

Presidente de la CEM

 

+Eugenio Lira Rugarcía

Obispo Auxiliar de Puebla

Secretario General de la CEM