Palabras de Bienvenida al Emmo. Sr. Cardenal Gianfranco Ravasi

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CEM newMéxico, D.F., 8 de mayo de 2013

 

 PALABRAS DE BIENVENIDA
AL EMMO. SR. CARDENAL GIANFRANCO RAVASI
DE S.E. MONS. EUGENIO LIRA RUGARCÍA
OBISPO AUXILIAR DE PUEBLA
SECRETARIO GENERAL DE LA CEM

 

Museo Soumaya

 

Eminentísimo Sr. Cardenal Gianfranco Ravasi
Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura
y de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada:

La Conferencia del Episcopado Mexicano le da la más cordial bienvenida, agradeciendo que haya aceptado compartirnos los amplios y profundos conocimientos que el Señor le ha permitido adquirir, en la presentación del documento “Educar para una nueva sociedad”, fruto de la reflexión de los Obispos de la República Mexicana, y por la tarde, en el II Encuentro Fe y Cultura “Laicidad y trascendencia”.

Ciertamente, ambos temas tocan a la esencia de la persona humana, de la que la cultura, en sus diversas manifestaciones, tiene una determinada visión. Por eso, el Concilio Vaticano II, del que estamos celebrando el quincuagésimo aniversario en este Año de la Fe, destacaba su importancia fundamental para el desarrollo del ser humano[1].

Erich Fromm (1900-1980) decía: “La existencia… no es una respuesta, sino una pregunta”[2]. Por eso, siglos antes, Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) había constatado: “Todos los hombres desean saber”[3]. Efectivamente, todos sentimos la necesidad de conocer la realidad; de abarcarla en su profundidad y amplitud, porque somos conscientes que de eso depende el comprendernos a nosotros mismos y a los demás, saber cómo relacionarnos adecuadamente con todo, y cómo dirigirnos hacia nuestra plena y definitiva realización.

En esta búsqueda, no podemos resignarnos a conocer sólo “las leyes que gobiernan la secuencia y la semejanza de los fenómenos”[4], como proponía Auguste Comte (1798-1857); sentimos la necesidad de comprender cuál es el origen y el destino de todas las cosas.

“Lo verdadero es lo que es”[5], decía san Agustín. Por eso, al definir el conocimiento de la verdad, Tomás de Aquino (1224-1274) afirmaba: “la verdad es la adecuación de la inteligencia con el objeto”[6]. Basándose en esto, Jaime Balmes (1810-1848) comentaba: “Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca al objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea”[7].

Quien comprende esto, descubre la necesidad de abarcar la totalidad de lo real, y no sólo su dimensión material y temporal. Para lograrlo, Dios ofrece a nuestra inteligencia el don de la fe. De ahí que el beato Juan Pablo II afirmara: “La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”[8].

“La verdad –explica Benedicto XVI–, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas”[9].

Con esta convicción, los obispos de México, en el documento “Educar para una nueva sociedad”, proponemos elementos para un proceso formativo que tenga en cuenta la pregunta fundamental sobre el sentido último de la existencia; un proceso que muestre la razonabilidad de la fe en correspondencia con las aspiraciones fundamentales del corazón humano en una realidad histórica concreta, promoviendo los valores humanos universales, la defensa de la familia y de la vida humana, y el cuidado del medio ambiente.

Lo hacemos, convencidos de poder transmitir esta certeza, incluso en ambientes laicos, que, correctamente comprendidos, deben ser espacios abiertos al diálogo y al mutuo enriquecimiento. En este sentido son laudables los esfuerzos que realiza el Consejo Pontificio de la Cultura, que el próximo lunes cumplirá su trigésimo aniversario[10], y que bajo la sabia guía de Su Eminencia, favorece el encuentro entre el mensaje salvador del Evangelio y las culturas.

Gracias, Sr. Cardenal por aceptar dialogar con nosotros. “El diálogo –decía usted el presentar su tesis doctoral en Puebla– presupone… la profundización de un lógos, un discurso, pero sobre todo la trama (día), entre dos logoi diferentes”. Y concluía: “Es necesario redescubrir el encuentro y no el choque entre fe y cultura, entre sociedad y espiritualidad, entre mundo económico-político y ética”[11].

Estamos seguros que hoy Su Eminencia nos ayudará a encontrar los caminos para lograrlo. Muchas gracias y bienvenido.

 

 


[1] Cfr. Gaudium et spes, nn. 53-62.

[2] Psicoanálisis y religión, Ed. Psique, Buenos Aires, 1971.

[3] Metafísica, I, 1.

[4] Curso de Filosofía Positiva, Ed. Aguilar, Buenos Aires, 1965.

[5] Soliloq., c. V.

[6] De Veritate, q 1 y Suma Teológica, 1, 16,1.

[7] El Criterio, Ed. Librería de Ch. Bouret, México, 1890, p. 3.

[8] Fides et ratio, n.1.

[9] Caritas in veritate, n. 4.

[10] JUAN PABLO II, Carta autógrafa al Cardenal Secretario de Estado, 20 mayo 1982.

[11] Repensar la universidad desde la perspectiva del diálogo fe y cultura, UPAEP, Puebla, 2013, p. 17.