Mes del Sagrado Corazón de Jesús

EscudoVictor

MENSAJE DES. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA Y DE SUS OBISPOS AUXILIARES
CON OCASIÓN DEL MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Hoy celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, devoción que ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, y que el Señor ha querido avivar cuando, el 16 de junio de 1675 se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque.

A esta santa, Jesús le mostró su Corazón rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior salía una cruz. Entonces, el Señor le dijo: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de ellos no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor".

Luego le pidió que se celebrara una

Fiesta especial tomar conciencia de lo mucho que Él nos ama y, reconociendo nuestra ingratitud, corregirnos y dejarnos amar por Él, especialmente en la Sagrada Eucaristía, procurando amar a nuestro prójimo, como Él nos ha amado.

Jesús prometió a los devotos de su Sagrado Corazón, darles las gracias necesarias en vida, conceder paz a sus hogares, consolarles en sus aflicciones, ser su refugio en vida y sobre todo en la muerte, bendecir sus acciones, otorgar su misericordia a los pecadores, hacer fervientes a las almas tibias y elevar a la perfección a las almas fervientes; bendecir los lugares donde se honre su Sagrado Corazón, dar gracia a los sacerdotes de tocar los corazones endurecidos, escribir en su sagrado Corazón a quienes propaguen su devoción. Y a los que comulguen los nueve primeros viernes de mes, prometió la gracia de la penitencia final, y que no morirán sin recibir los Sacramentos.

Hoy celebramos esta fiesta, que tiene gran arraigo entre los poblanos. Lo hacemos, contemplando ese Corazón maravilloso de Jesús, abierto en la Cruz por la lanza del soldado, meditando en aquellas palabras del evangelista san Juan: “uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” (Jn 19,34).
A propósito de este pasaje, san Juan Crisóstomo comenta: “esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la Eucaristía… Del costado de Jesús se formó… la Iglesia… Jesucristo nos dio el agua y la sangre… para edificar la Iglesia”.

Fortalecidos por los sacramentos, sobre todo del Bautismo, de la Confesión, y particularmente de la Eucaristía, nos hacemos capaces de imitar a Jesús, con la gracia del Espíritu Santo, para vivir como hijos de nuestro Padre Celestial:· amando a Dios y al prójimo, aún en las circunstancias más difíciles.

+ S.E. Mons. Víctor Sánchez Espinosa
Arzobispo de Puebla