Naturaleza y finalidad del Sínodo Diocesano

in Sinodo

El pasado jueves 10 de octubre hemos entrado como Iglesia diocesana en un tiempo de gracia, llamado Sínodo diocesano, por medio del cual el Señor Arzobispo Don Víctor Sánchez Espinosa, habiendo recibido y aceptado esta inspiración de Dios nuestro Señor, se dispone a realizar este acto de fe y de conversión pastoral.

La palabra sínodo es de origen griego y significa: “caminar juntos, caminar unidos, andar en el mismo camino”, con lo que se intenta expresar la decisión de iniciar, emprender, realizar y llevar a buen término una decisión común. Dentro de la Iglesia, la palabra sínodo sirve para designar una convocación para que los diversos miembros del Pueblo de Dios puedan unirse al Papa o al Obispo que los convoca a fin de ofrecerle su ayuda en favor del bien de toda la comunidad diocesana.

Este tipo de reunión es el modo más destacado y solemne que tiene la diócesis, en comunión con su Obispo, para vivir su misión de Iglesia local, expresando ejemplarmente su comunión y corresponsabilidad, buscando manifestar que la petición de Jesús hecha al final de la Última Cena: “que todos sean uno, Padre, como Tú y yo somos uno” (Jn 17, 21) se está cumpliendo con generosidad y decisión.

Además,es un momento privilegiado de iluminación de la conciencia de ser la Iglesia querida por el Padre, fundada por Cristo y asistida por el Espíritu Santo, pues la voluntad salvífica de Dios Padre busca que su obra de cercanía a los hombres se siga realizando por medio de los discípulos de su Hijo bajo la acción de fuego del Espíritu Santo. Es también un momento singular de discernimiento de la voluntad actual de Dios para esta Iglesia local, escrutada en los acontecimientos que constituyen los signos de los tiempos, pues ante las situaciones específicas que vivimos en nuestra arquidiócesis, necesitamos ver de qué manera podemos responder evangélica y eficazmente a la salvación del mundo.

Finalmente, es un momento de elaboración y definición del Derecho Particular, de tal manera que las normas propicien y apoyen una mejor acción pastoral orgánica que responda más eficazmente a la voluntad salvífica de Dios y a nuestra realidad sociocultural, de tal manera que, partiendo del Encuentro con Jesucristo, podamos llevar a nuestros hermanos por el camino seguro de la salvación sin caer en el legalismo de los fariseos ni en el anarquismo de los que viven sin sentido su existencia.

Si bien es cierto que todo esto corresponde al Obispo como cabeza visible de la Iglesia que peregrina en una diócesis, también es cierto que esta tarea no la realiza solo, sino en comunión con sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de diversos lugares, estados de vida y responsabilidades pastorales. Ésta es de hecho la finalidad del Sínodo: prestar esta ayuda eficaz de comunión y misión al Pastor de esta porción del Pueblo de Dios

El sínodo contribuye de esta manera a configurar la fisonomía pastoral de la Iglesia Particular y a poner al día y /o restablecer el vigor de cuanto lo requiera, de colmar eventuales lagunas normativas, de verificar la consecución de los objetivos pastorales y de proponer –con la ayuda divina– nuevas orientaciones.

Finalmente, el Sínodo no es una obra humana confiada a la inventiva de unos cuantos, sino que es una obra del Espíritu Santo, quien con su luz, su gracia y su impulso, suscita y anima a la Iglesia a dar estos pasos en pro de la salvación de los hombres y del dinamismo del Cuerpo de Cristo. Por eso, el elemento fundamental e insustituible es la oración… Oremos a partir de hoy por esta intención, como los primeros discípulos el día de Pentecostés.