El Sínodo Diocesano y el Magisterio de la Iglesia

in Sinodo

El pasado 4 de diciembre hemos celebrado los 50 años de la promulgación de la Constitución Conciliar Sacrosanctum Concilium, con la cual, se inauguró el conjunto de documentos emanados del Concilio Vaticano II

Después de concluido el mismo, todos los documentos pontificios, tales como las encíclicas, las cartas apostólicas, las exhortaciones apostólicas postsinodales, los motu proprio, etc. han ido en este mismo talante de renovación, de diálogo con el mundo y de mayor asimilación e identidad como Iglesia.

No podemos dejar atrás documentos tales como el Código de Derecho Canónico, publicado en 1983, o el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en el año 1992, con los cuales, la Iglesia ha querido manifestar su atención pastoral y educadora, para que la fe pueda tener un sustento sólido y transformador y se guarde la unidad en los métodos y atenciones en favor de la salvación de los hombres.

Además de estos documentos, las diferentes congregaciones, consejos y ministerios que conforman la Santa Sede han publicado de vez en cuando, documentos que atañen a los asuntos de la vida de la Iglesia que, una vez aprobados por el Papa, salen a la luz y se presentan para que los miembros de la Iglesia puedan ir asimilando y aplicando las directrices que estos organismos ofrecen.

Mucho de, estos documentos, a pesar de que están disponibles en el formato clásico de la prensa escrita y que ahora están disponibles ya en su versión digital, no son conocidos o sólo se les conoce de nombre, pero no llegan a todo el Pueblo de Dios como se quisiera.

Por eso es que, la realización de nuestro V Sínodo Diocesano será una ocasión inigualable para que nuestra Arquidiócesis haga suya más que simplemente la doctrina, el espíritu de los documentos conciliares, a fin de que nuestra Iglesia de Puebla, bajo la guía de nuestro Arzobispo y en la escucha de los diversos miembros del Pueblo de Dios, pueda hacer suya la renovación eclesial que se requiere ante un cambio de época que pide de los bautizados una respuesta certera y comunitaria.

Si como Iglesia de Puebla nos vamos más y más comprendiendo como Sacramento de Jesús puesta a favor de la salvación del mundo, por consecuencia, nos daremos cuenta de que estamos llamados a un trabajo de renovación y transformación para que nuestra presencia no sólo sea significativa, sino eficaz.

Si como Iglesia asumimos que los gozos y las esperanzas, las alegrías y las tristezas de la humanidad son también las nuestras, entonces podremos mostrar a quienes nos rodean cómo Cristo no sólo nos ha dado a conocer a su Padre Dios, sino que también nos ha manifestado nuestra altísima dignidad humana para compartir esta revelación con quienes conviven con nosotros.

Si como Iglesia diocesana aceptamos – más ahora con la nueva exhortación apostólica postsinodal del Papa Francisco – que existimos para evangelizar y que la alegría del Evangelio llena nuestro corazón y nuestra vida entera, podremos ser testigos de Jesús, el Señor, de una manera renovada e inculturada a las circunstancias de nuestra realidad.

El Sínodo Diocesano es un momento privilegiado de asimilación de la riqueza del Magisterio de la Iglesia, para que así lo que el Espíritu Santo ha soplado e inspirado sobre toda la Iglesia, lo realice en medio de nosotros a fin de que podamos abrir las puertas del Cenáculo y compartamos la proclamación de la salvación en un lenguaje que mueva los corazones de quienes nos escuchan y buscan que les demos las razones de nuestra esperanza. Hagámoslo en el nombre del Señor y unidos en su gracia.