El Sínodo y la realidad Diocesana

in Sinodo

Una de las razones principales para la convocación y la realización del Sínodo Diocesano es que el Pastor tiene a bien escuchar a miembros del Pueblo de Dios para que, desde sus vocaciones específicas y desde el ministerio eclesial que llevan a cabo, puedan aportar los elementos que sean más acordes a las resolución de las necesidades que se verifican en las culturas y las personas que comprende el territorio puesto bajo el ministerio del Obispo.

Además, el Obispo puede solicitar que por medio de instrumentos de consulta como las encuestas, las entrevistas, etc. los sacerdotes, los consagrados y los laicos, puedan hacer llegar su aporte a cuestiones específicas.

Junto con todo esto, están también los llamados datos duros con los que en base a encuestas de tipo social, político, económico, estadístico, etc. se pueden tener elementos que hagan significativo el conocimiento de la realidad.

Así, con todo este conjunto, el Sínodo Diocesano, sobre todo en los momentos de las Asambleas sinodales se convierte en un momento de reflexión, de escucha y respuesta a lo que Dios pide en específico como respuesta y compromiso a su rebaño que habita en tal o cual lugar. Baste ejemplificar diciendo que no es la misma situación una diócesis en el norte, que en el centro, que en el sureste del país o en algún otro país del continente o del resto del mundo.

Por esta razón, el V Sínodo Diocesano de nuestra Arquidiócesis de Puebla será un momento de gracia muy especial para que, en comunión con nuestro Señor Arzobispo y sus auxiliares, podamos como Iglesia de Puebla responder a las situaciones que en nuestra realidad nos exigen una respuesta desde Cristo.

Estas respuestas no pueden ser ni insignificantes ni superficiales, pues como testigos de la Verdad estamos llamados a responder desde Jesús como Camino para recibir y ofrecer la Vida que es Él mismo. Por eso es que como recientemente lo afirmaba el Papa Francisco a los miembros de la Comisión Teológica Internacional al decirles que la respuesta teológica y eclesial a una realidad que requiere una respuesta no puede ser un aporte último como si se llegara a destiempo sin que ya nada se pudiera hacer al respecto, sino que debe ser siempre una respuesta pionera, es decir, un aporte que manifieste la providencia de Dios sobre el mundo y su obra en el mismo a través de sus testigos.

Ciertamente el camino que hemos realizado durante las cinco Asambleas diocesanas de Pastoral, así como el trabajo que se ha dinamizado en las zonas pastorales y los decanatos hacen posible que esta respuesta a la realidad diocesana, sus retos y sus circunstancias sea más consistente y articulada, pues la comunión en las dificultades y los retos debe manifestarse en la comunión de las respuestas.

La Iglesia en Puebla siempre se ha caracterizado por ser un agente de cambio humanizador y cultural, pero estamos llamados en este Sínodo a hacer explícito y manifiesto el Evangelio en su novedad como respuesta dada en la vida de quienes – compartiendo con sus hermanos los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias – han hecho de Jesucristo su Camino, Verdad y Vida y están, pues, llamados a compartirlo ante quienes en el sinsentido general se encuentran sedientos de una respuesta que ensamble sus vidas.

Oremos, pues, para que el Señor nos conceda su misma compasión que lo hizo estremecerse al ver al pueblo de Israel tan numeroso y tan disperso, necesitado, no de cosas solamente, sino de un Dios compasivo y misericordioso que derrumbe los ídolos sanguinarios que no conocen que la misericordia es la verdadera medida de la humanidad y de la divinidad. Que con esta compasión demos, pues, respuesta a nuestra realidad diocesana.