Arquidiócesis de Puebla

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Homilía nov. 14 / 2011

EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL, EL 14 DE NOVIEMBRE DE 2011

Queridos hermanos, a toda mujer, Dios le confía los tesoros que están por encima de todo tesoro material, y ella debe ponerlos al servicio de la comunidad y de su familia, dice la Primera Lectura, que es un himno a la mujer y a las cualidades propias de su vida familiar: “Dichoso el hombre que encuentra una mujer hacendosa: ... Su marido confía en ella y, con su ayuda, él se enriquecerá; todos los días de su vida le procurará bienes y no males. Adquiere lana y lino y los trabaja con sus hábiles manos. Sabe manejar la rueca y con sus dedos mueve el huso; abre sus manos al pobre y las tiende al desvalido. Son engañosos los encantos y vana la hermosura; merece alabanza la mujer que teme al Señor. Es digna de gozar del fruto de sus trabajos y de ser alabada por todos.[1]

En la Segunda Lectura, escuchamos que San Pablo nos habla de la última venida del Señor, que nos salvará final de los tiempos, lleno de poder y de gloria. Dirigiéndose a la comunidad de Tesalónica, y ahora a nosotros, San Pablo pide que vivamos como hijos de Dios, como cristianos, nos corresponde vivir con el espíritu activo y vigilante, como hijos de la luz y no como hijos de las tinieblas: A ustedes, hermanos, ese día no los tomará por sorpresa como un ladrón, porque ustedes no viven en tinieblas, sino que son hijos de la luz y del día, no de la noche y las tinieblas. Por tanto, no vivamos dormidos, como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente.[2]. Estamos al final del año litúrgico, pues ya en dos semanas comenzaremos el primer domingo del adviento, el camino que nos conduce a la Navidad, y el próximo domingo, al clausurar el año litúrgico, proclamaremos a Cristo como Rey de la creación, del universo, de nuestros hogares, de nuestro  corazón, de nuestra familia, y de nuestra patria. La liturgia, con mucha razón, nos propone la fiesta de Cristo Rey en el último día del año, después de haber celebrado, a lo largo del año litúrgico, los misterios principales de su vida: su pascua, su Resurrección, en cada Eucaristía dominical. A lo largo de todo el año también celebramos los misterios de la santísima Virgen María, a los  mártires, a los apóstoles, a los pastores y a los santos, como hoy, que celebramos la canonización de Juan Luis Guanela, cuando celebramos a un santo, celebramos  a Jesús, porque los santos nos llevan a celebrar el misterio último de Cristo, la pascua. Por eso es que hoy la Santa Iglesia nos invita a vivir como hijos de la luz y no de las tinieblas.

En el Evangelio escuchamos la parábola de los talentos[3] en la cual Jesús nos pide que evaluemos, con fe y sinceridad, los dones que hemos recibido, así como los frutos que le entregaremos al final de nuestra vida. Jesús quiere que estemos llenos de obras y con los talentos que recibimos de él, tenemos que dar frutos de obras buenas, por eso este Domingo el Señor nos llama a la responsabilidad para sacar adelante el trabajo por el reino. En la parábola, el hombre que se va de viaje hacia tierras lejanas es Jesús, los servidores son sus discípulos y el encargo es para todos: continuar con el anuncio del Evangelio, eso significa recibir los talentos.

El Papa, en Aparecida nos dice que todos somos discípulos y misioneros de Jesucristo: los obispos y sacerdotes, los consagrados los fieles laicos y los misioneros, todos somos discípulos, luz del mundo y sal de la tierra para que nuestros pueblos tengan vida en Jesús, que es el camino, la verdad y la vida.

En el Evangelio, en quienes reciben los talentos, podemos descubrir dos actitudes diferentes; en los primeros la actitud es de transmitir y hacer fructificar que recibieron de Dios; en el segundo,  la de temer y guardar lo recibido por Dios.  Sin embargo a la hora de llamar a cuentas, aquellos que trabajaron los talentos, el Señor dice: “Te felicito, siervo bueno y fiel.

Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor”. Pero aquel que tuvo miedo y escondió su talento encuentra un fuerte reproche del señor:  “Siervo malo y perezoso Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco para que, a mi regreso, lo recibiera yo con intereses? En el fondo de esta parábola, los dos primeros servidores ven a un Dios que ama y que confía en el hombre y otro ve a un Dios más amigo del castigo que del amor, por eso este Evangelio nos invita a revisar si creemos en que Dios ama y confía en el hombre o en un Dios severo y castigador. El segundo concepto de la parábola,  Jesús nos invita a evaluar cómo empleamos los talentos que Dios nos ha dado, por eso vamos a pedir al señor que nos ayude a entregarnos fielmente a su servicio el de de nuestros hermanos  pues encontraremos la verdadera vida sólo en el cumplimiento de su voluntad.



[1] Primera Lectura: Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31

[2] Segunda Lectura: I Tesalonicenses 5, 1-6

[3] Evangelio: Mateo 25, 14-30

Arquidiócesis de Puebla, A.R. 16 de septiembre # 901, horario 9:30 a 13:30, Tel. (222)246.40.05, (222)232.45.91,

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