Categoría: Homilias Arzobispo Escrito por S.E. Mons. Víctor Sánchez Espinosa
HOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
08 DE AGOSTO DE 2011
Acabamos de escuchar un breve pensamiento de reflexión, a la luz de la palabra de Dios que acabamos de escuchar. En la Primera lectura, tomada del primer Libro de los Reyes, se nos describe el caminar del profeta Elías que transforma este caminar en un itinerario hacia el descubrimiento del verdadero rostro de Dios. Elías busca a Dios en el viento, en el fuego, y en el terremoto pero al final lo encuentra en la tranquilidad y en la paz de la brisa. Cuando Elías lo escuchó, se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva y le dijo al Señor "Señor muéstranos tu misericordia".
En la Segunda Lectura el apóstol San Pablo, hombre apasionado por Cristo, converso, gran seguidor y predicador del Evangelio, este apóstol quisiera que todos recibieran los beneficios de la Redención, por eso, en un himno a la grandeza de su raza manifiesta su tristeza porque todavía no recibe el amor a Cristo: "Aceptaría verme separado de Cristo si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y los de mi sangre". Los israelitas, a quienes pertenece la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas, son descendientes de los patriarcas; de su raza, según la carne, nacio´Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios Bendito por los siglos de los siglos. Este es el sentir del apóstol por su pueblo, quiere que todos reciban el beneficio de la Redención.
En la tercera lectura escuchamos otro pasaje hermoso de la vida pública de Jesús. Pedro y los apóstoles encuentran en Jesús al Dios verdadero. Ellos viven un proceso al creer que Jesús es un fantasma, y al final llegan a la cocnlusión de que es el Hijo de Dios. Pedro le dice a Jesús: "Señor, si eres tú mándame ir a tí caminando sobre el agua" y Jesús le contestó "Ven"; Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús pero al sentir la fuerza del viento le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó "Sálvame Señor", e inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo "Hombre de poca fe ¿Por qué has dudado?" Y en cuanto subieron a la barca el viento se calmó, los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios". Después de confundirlo con un fantasma lo reconocen como el mismo Señor.
Jesús probó a Pedro en su fe, que se tambaló cuando Pedro dudó, y le reprochó: "¿Por qué has dudado?". Así como Jesús dió de comer a las multitudes (según explica el pasaje de la multiplicación de los panes) ahora manifiesta a sus discípulos que tiene dominio sobre los vientos. La barca que representa a la comunidad y a la Iglesia, se encuentra zarandeada por las olas del mar y Jesús viene al encuentro de sus disípulos, que se hallan entre el temor y la fe, quizá por la distancia o por la neblina ellos no alcanzan a percibir al maestro que camina sobre las aguas y por eso gritan con temor "Es un fantasma", pero él les dice "Tranquilícense, Soy Yo". Estas palabras son una invitación a tenerle fe y confianza a pesar de las dificultades, la persecución o los vientos contrarios.
-Cuando Pedro se hunde por su débil fe, los apóstoles, que estaban en la barca, se postraron y le dijeron "Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios". A propósito de este Evangelio que acabamos de escuchar, convendría que nos preguntáramos cuáles son los vientos que nos golpéan con tanta fuerza, o con qué claridad veomos que Jesús se se interesa por nosotros, por nuestros problemas, por la comunidad, qué palabra es la que nos anima y nos lleva a reclasificar nuestros miedos para lanzarnos a las aguas, y al encuentro de Jesús ¿Qué cosas nos hacen apartar la vista de Él? ¿En qué momento de nuestra vida hemos sentido con fuerza su presencia o su mano que nos levanta y nos sostiene? ¿Cómo celebramos la presencia del Señor en nuestra vida y en la comunidad? Sin duda, cada uno tendrá distintas respuestas a estas preguntas que conviene que nos hagamos a la luz de este Evangelio que hoy hemos escuchado, ya que cada uno tiene su historia propia y es la historia de salvación que el Señor hace con cada uno de nosotros, pidamos crecer en nuestros corazones y que descubramos el espíritu de hijos adoptivos del Señor para que podamos gozar, después de esta vida, la herenciaque nos ha prometido, que tengamos la fe y la confianza necesaria en Él para no hunidrnos en los mares y dificultades de este mundo.