Arquidiócesis de Puebla

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Homilía abr. 1 / 2012, Domingo de Ramos

EscudoLiraHOMILÍA DE S.E. MONS. EUGENIO LIRA RUGARCÍA
OBISPO AUXILIAR DE PUEBLA
DOMINGO DE RAMOS

CICLO B

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (cfr. Mc. 11, 1-10; 14, 1-15, 47)
En Cristo, Dios se nos muestra plenamente tal como es: un Dios – Amor

Jesús entra en Jerusalén, humildemente, montado en un burro. Así cumplía, lo que dios había anunciado a través de los profetas, manifestando que la auténtica pobreza del corazón no es desprecio de los bienes temporales, sino estar libre interiormente de la avidez de posesión y del afán de poder.

Es “reconocer la posesión como responsabilidad –comenta el Papa Benedicto XVI-, como tarea con respecto a los demás, poniéndose bajo la mirada de Dios y dejándose guiar por Cristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (cfr. 2 Co 8, 9)”[1]. Él llega a la ciudad santa libremente para, en una entrega de amor extremo a Dios y al género humano, dar su vida por nosotros. En Jesús se realiza aquello que Isaías escribió: “El Señor me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás”[2].

La gente sencilla reconoce quien es Jesús; por eso le aclama con unas palabras que forman parte del rito de la fiesta de las Cabañas: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre de Señor!”. Así manifiesta que en Jesús ve al Mesías que trae la presencia de Dios[3]. También nosotros, “salgamos al encuentro de Cristo… (y) aclamémoslo”[4], como nos exhorta San Andrés de Creta. Por que Él, “siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina –nos dice san Pablo-, sino que, por el contrario, se anonadó a si mismo tomando la condición de siervo, , y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló así mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz”[5].

 

En Cristo, Dios nos muestra plenamente como es: un Dios-Amor, enamorado de sus criaturas, hasta el punto de encerrarse libremente en los límites de la condición humana y aceptar el riesgo de amar hasta el extremo, incluso en la adversidad, con la certeza de que al final el amor triunfa. “En Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, hemos conocido el amor en todo su alcance –afirma el Papa Benedicto XVI-… Por tanto, cada uno de nosotros, puede decir sin equivocarse: Cristo me amó y se entregó por mi (cfr. Ef 5, 2)… todos somos amados personalmente por Él con un amor apasionado y fiel, con un amor sin límites[6]. Jesús ha dado su vida para liberarnos de las cadenas del pecado, convocarnos en su Iglesia, y hacernos partícipes de su misma vida divina, plena y eternamente dichosa, que consiste en amar. 

 

Seguir a Cristo por el camino del amor, es posible, aún en la adversidad

Santa teresa del Niño Jesús, que comprendió esto, exclamaba: “Vivir de amor… es… tu vida, glorioso Rey…Vivir de amor…es subir el Calvario a zaga de las huellas de Jesús y valorar la cruz como un tesoro… es darse sin medida… ¡Ah, yo me doy sin cuento, bien segura de que en amor el cálculo no entra!... Vivir de amor es disipar el miedo, aventar el recuerdo de pasadas caídas. De aquello mis pecados no veo ya la huella, junto al fuego divino se han borrado… Vivir de amor es navegar sin tregua, en las almas sembrando paz y gozo… ¡Oh vida de un momento, muy pesada tu carga se me hace!... ¡Oh divino Jesús! Haz realidad mi sueño: ¡morir de amor! Morir de amor, es esta mi esperanza cuando vea romperse mis cadenas. Mi Dios será mi recompensa grande… Quiero ser abrasada por su amor, quiero verle y unirme a Él para siempre… Este será mi cielo y mi destino: ¡¡VIVIR DE AMOR!![7].

Sin embargo, quizá lleguemos a preguntarnos: ¿Es posible amar cuando el dolor intenso de una enfermedad nos traspasa el alma, cuando se ha sido víctima de un abuso o de una injusticia, cuando se ha recibido mal por bien, cuando se sufren las consecuencias de un chisme o de una calumnia, cuando se padece soledad, cuando por mas que se haga oración parece que Dios nos ha abandonado, cuando se enfrenta una grave necesidad económica, cuando el panorama de la propia nación y del mundo parece desolador, cuando la sombra de la muerte se cierne sobre nosotros?

Padeciendo y muriendo en la Cruz, Jesús nos enseñó que el auténtico amor no está determinado por el estado de ánimo ni por las circunstancias. Él, herido en su cuerpo, despojado de todo, traicionado abandonado, padeciendo una tristeza mortal, y sufriendo injustas hostilidades, no se dejó determinar por lo que sentía ni por lo que sucedía; no renunció a su identidad, no guardó rencor, ni devolvió mal por mal, sino que hizo una elección inteligente y voluntaria: permanecer libre, y seguir amando a Dios y a la humanidad, enseñándonos así que la verdadera libertad es vivir la propia identidad y darse, venciendo al mal con el poder fascinante del amor. ¿Cómo pudo hacerlo?: permaneciendo unido a Dios. Con Él y como Él, en medio de la prueba, dirijámonos al Padre, suplicando la fuerza de su Espíritu, para permanecer fieles al amor. Digámosle, sabiendo que el que confía en Él no queda defraudado: “Señor, auxilio mío, ven y ayúdame”[8].

Dios todopoderoso y eterno,
que has querido entregarnos como ejemplo de humildad
a Cristo, nuestro salvador,

hecho hombre y clavado en una cruz,
concédenos vivir según las enseñanzas de su pasión,
para participar con Él, un día,
de su gloriosa resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén



[1] BENEDICTO XVI, Homilía en la Misa del Domingo de Ramos, 9 de abril 2006.

[2] Cfr. 1° Lectura Is 50, 4-7

[3] Cfr. BENEDICTO XVI, Homilía en la Misa del Domingo de Ramos, 9 de abril 2006

[4] Cfr. SAN ANDRES DE CRETA, Disertación 9, sobre el Domingo de Ramos

[5] Cfr. Lectura Flp 2, 6-11

[6] Cfr. BENEDICTO XVI, mensaje a los jóvenes del mundo con ocasión de la XXII Jornada Mundial de la Juventud 2007

[7] SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS, Obras (poéticas) (26 febrero 1895) www.vatican.va

[8] Cfr. Sal 21.

Arquidiócesis de Puebla, A.R. 16 de septiembre # 901, horario 9:30 a 13:30, Tel. (222)246.40.05, (222)232.45.91,

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