Arquidiócesis de Puebla

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Homilía mar. 18 / 2012, Misa por el Papa y su Visita a México

EscudoLiraHOMILÍA DE S.E. MONS. EUGENIO LIRA RUGARCÍA
OBISPO AUXILIAR DE PUEBLA
EN LA MISA POR EL PAPA Y SU VISITA A MÉXICO
S.E. Mons. Eugenio Lira Rugarcía, Obispo auxiliar de Puebla

 

Con gran alegría, fe, esperanza y amor nos preparamos a recibir al Vicario de Cristo, el Papa Benedicto XVI, quien viene a nuestra patria para “para proclamar la Palabra de Cristo y se afiance la convicción de que éste es un tiempo precioso para evangelizar”[1].

¡Sí! Con la fuerza del Espíritu Santo que el Padre le confiere, el Papa viene a testimoniar quién es Cristo; viene a decirnos que Él es el Hijo de Dios, el único salvador que está siempre con nosotros, el Pastor que, como hemos cantado en el salmo, nos conduce hacia las fuentes tranquilas[2].

Esas fuentes que son “la vida misma, la vida verdadera –explica el Papa–, que puede ser vivida también en este tiempo y que después ya no puede ser rebatida por la muerte física”[3]

¡Y esta vida se nos comunica a través de la Iglesia! Porque como explica san Agustín meditando el Evangelio que acabamos de proclamar[4]: “la Iglesia está edificada sobre aquel a quien confesó Pedro diciendo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo"... la piedra (es) Cristo (1Co 10,4), a quien confesó Simón” [5].

Por eso, el Papa viene a invitarnos a la amistad con Jesús, quien “no quita nada, y lo da todo”[6]. Conscientes de esto, podemos exclamar con san Pablo: “¡Cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien!”[7]. A sus 84 años Benedicto XVI viene como discípulo y misionero del Señor, fiel a Dios y a la Iglesia fundada por Cristo; una fidelidad que le ha llevado a entregarse con bondad, amabilidad y amor a servir al mundo anunciando la verdad.

Es este amor a Dios y a la humanidad lo que le ha motivado a investigar, escribir, enseñar, predicar, celebrar, viajar y testimoniar la verdad. Lo que le ha llevado a impulsar el diálogo ecuménico, el diálogo con otras religiones e incluso con los no creyentes. Lo que le ha movido a trabajar por la paz y la solidaridad con los más pobres.

Ciertamente, Benedicto XVI es un gran ejemplo para todos, que también estamos llamados a ser discípulos y misioneros de Cristo, en plena comunión con la Iglesia y bajo su guía. Puebla, México y el mundo nos necesitan.

“El amor –caritas– siempre será necesario –nos dice el Papa–, incluso en la sociedad más justa… Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo”[8].

Sintámonos enviados por Dios a decir a nuestra familia, a nuestros amigos y al mundo entero, quién es Jesús ¡El Hijo de Dios! El único salvador que puede mostrarnos como hacer nuestra vida plena en esta tierra alcanzando el verdadero desarrollo, y luego absolutamente dichosa por toda la eternidad.

Hagámoslo unidos a Dios, presente en su Iglesia, conociendo, meditando y haciendo vida su Palabra contenida en la Biblia y en la Tradición; recibiendo la fuerza de sus sacramentos, sobre todo la Eucaristía dominical; conversando con Él en la oración; viviendo y ofreciendo con fe nuestros trabajos y sufrimientos; y  desarrollando una conducta que exprese que, “La unión con Cristo… nos capacita… para nuevos tipos de relaciones sociales… transformar… las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad humana”[9].

“Entre los Santos –comenta el Papa– sobresale María… El Evangelio de Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Isabel... Ella es humilde… (cfr. Lc 1, 38. 48). Sabe que contribuye a la salvación del mundo… poniéndose plenamente a disposición de la iniciativa de Dios… la Madre, nos enseña qué es el amor y dónde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A ella confiamos la Iglesia, su misión al servicio del amor”[10].

Con estos sentimientos, pidamos por el Papa y los frutos de su visita a nuestro México, atendiendo a la humilde súplica que nos ha dirigido: “invoquen al Espíritu Santo para que sostenga siempre con su luz y su fuerza mi servicio cotidiano a toda la Iglesia. Por esto… les doy las gracias de corazón” [11].



[1] Homilía en la Solemnidad de Santa María de Guadalupe, 12 de diciembre 2011.

[2] Cfr. Sal 23.

[3] “Jesús de Nazaret”, segunda parte, Ed. Encuentro, Madrid, 2011,  pp. 102-104.

[4] Cfr. Mt 16, 14-19.

[5] Retractationes, 1,2.

[6] Homilía en la Inauguración solemne de su Pontificado, 24 de abril de 2005.

[7] Cfr. 1ª Lectura: Rm10,14-15.

[8] Deus Caritas est, n. 28.

[9] Sacramentum caritatis, nn. 72 y 89.

[10] Deus Caritas est, nn. 41-42.

[11] Audiencia general, 22 de febrero 2006.

Arquidiócesis de Puebla, A.R. 16 de septiembre # 901, horario 9:30 a 13:30, Tel. (222)246.40.05, (222)232.45.91,

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