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Ilmo. Sr. Dr. Don. Santiago José de Echeverría Elguezua de Villalobos (1787-1789).

    El penúltimo Obispo Angelopolitano, del siglo XVIII, fue originario de la Habana, Cuba, donde nació el 24 de julio de 1725.

    Fue Colegial del “Colegio Máximo de San Jerónimo” y de la Real y Pontificia Universidad de la Habana, en la que obtuvo la Borla de Doctor en ambos derechos y de la que fue Catedrático de Prima y de Sagrados Cánones.

    Ordenado ya de sacerdote, en premio a sus relevantes méritos intelectuales y en reconocimiento a su singular don de gobierno, fue nombrado Comisario General de la Santa Cruzada, Provisor y Vicario General, del Obispado de Santiago de Cuba.

    En 1768, S. S. Clemente XIII (1758-1769), lo nombró Obispo Auxiliar de la Habana y como Obispo Titular de Triconi, siendo Consagrado solemnemente en la S. I. Catedral de la Habana, el 2 de octubre de 1768, por él Ilmo. Sr. Don Isidro Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo y Primado de las Indias.

    Su conducta patriótica en la toma de la ciudad y puerto de la Habana por los ingleses en 1769, le mereció la Mitra de su Patria, la que obtuvo en propiedad en ese mismo año de 1769, y a la que gobernó, con singular prudencia y con laudable celo pastoral por espacio de 19 años.

    El sumo pontífice Clemente XIV (1769-1774), le nombro «Prelado Doméstico y Asistente del Sacro Solio Pontificio».

    En 1787 el rey Carlos III de España se sirvió presentarlo a la Santa Sede Apostólica, para el Obispado de Puebla, que se encontraba “Vacante”, por la translación de su anterior Prelado al Obispado de Tortosa.

    En la Sesión Capitular, celebrada el 20 de julio de ese mismo año de 1787, su Ilma., participaba desde la Habana, Cuba, al Venerable Cabildo, por carta, que entonces se leyó y que estaba dirigida al M. I. Sr. Prebendado: Francisco Javier Conde y Oquendo, (originario de San Cristóbal de Habana en la isla de Cuba y que antes de ingresar al Venerable Cabildo Angelopolitano, el 31 de octubre de 1780, como Prebendado Racionero o diácono, era Fiscal de la Curia Diocesana de la Habana, entre los Arcades Romanos «Ermindo Abidense» nombrado por S. S. Pío VI, Protonotario Apostólico y Caballero de la Cruz de Oro), su reciente promoción a la sede episcopal de Puebla.

    Habiendo prestado el juramento prescrito en la ley 1ra, Título IV, Libro 1ero. de las “Leyes Recapitulada de Indias”, en la Ciudad de Puebla, el 14 de mayo de 1788, en virtud de las facultades concedidas, por el Sumo Pontífice, en el “Patronato Real”, desde esa fecha comenzó a gobernar y administrar su nueva Diócesis sin limitación alguna.

    El 23 de julio de 1788, llegaron a Puebla la bula de promoción firmada en Roma por S.S. Pío VI, (1775-1799), el 13 de marzo de 1788, la Cédula Real de presentación del rey Carlos III de España, firmada en Aranjuez, el 22 de abril de 1788.

    El 6 de agosto de 1788, Su Ilustrísima, tomó posesión Canónica personalmente de la Diócesis Angelopolitana, en la forma acostumbrada.

    Por sugerencia, de este prelado se comenzó, a fines del año de 1788, la obra de enlozado del piso de las naves de la Santa Iglesia Catedral y que se concluyó años después.

    Por expresa disposición de este Prelado, se inició la redacción de los llamados «Libros de Posesiones», importantes libros documentales de incalculable valor histórico que consignan en sus páginas los datos y documentos, sobre: promoción, nombramiento y toma de posesión de los Prelados y Capitulares Angelopolitanos y cuyo Tomó Primero, comienza consignado la Toma de Posesión del Ilmo. Sr. Echeverría y Elguezua, transcribiendo los documentos respectivos. Por desgracia, desde, hace más de medio siglo, se interrumpió la redacción de estos libros.

    Después de haber gobernado a la entonces dilatada Diócesis de Puebla, por espacio de un año dos meses y 4 días, desde la fecha en que prestó el juramento prescrito (14 de mayo de 1788), y en forma efectiva por espacio de 5 meses y 13 días, desde la toma de Posesión del Obispado, falleció el lunes 19 de enero de 1789, en su palacio Episcopal de la Ciudad de Puebla.

    Sus restos mortales, descansan en la Cripta de Obispos de la Santa Iglesia Catedral de Puebla.

    Elogio: “Clarus, Pacificus Brevis”, (“Insigne, Pacificador, Preciso”).