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Excmo. Sr. Dr. Mtro. Don José Ramon Ibarra y González (1902-1917)

    El Ultimo Obispo de la antigua Diócesis de Puebla-Tlaxcala o “Diócesis Carolense” y desde 1904, “Primer Arzobispo” de la hoy Arquidiócesis de Puebla de Los Ángeles, Octavo Prebendado Angelopolitano y Cuarto alumno del “Seminario Palafoxiano”, que ha ceñido la Mitra Angelopolitana, y uno de los más insignes Prelados que ha ocupado la antigua Sede Episcopal del esclarecido Fray Julián Garcés, fue originario de Olinalá, Gro., entonces perteneciente a la Diócesis de Puebla y desde 1866, a la Diócesis de Chilapa, donde nació el 22 de octubre de 1853.

    En Izúcar de Matamoros, Pue. y en la ciudad de Puebla hizo, con notable aprovechamiento, sus estudios de Instrucción Primaria; después de fallecido su padre, es llevado por su madre a Acatlán de Osorio, Pue., bajo la dirección del Sr. Cura Don José María Casares, aprendió los primeros rudimentos de Latín.

    Deseando consagrar su vida al servicio de Dios y a la salvación de las almas en el estado Sacerdotal, en enero de 1869, ingresó en el glorioso “Seminario Palafoxiano”; obteniendo, durante sus estudios en este benemérito Plantel, las mejores calificaciones en los Exámenes, desde el principio hasta el fin de su carrera: sustentó Conferencias de Honor y Actos Públicos; al mismo tiempo que cursaba Filosofía en el Seminario, asistía a las clases de Física en el entonces “Colegio del Estado”, (actualmente: “Universidad Autónoma de Puebla”), mereciendo especial elogio, del Prof. Simón Aguirre”. Iguales notas obtuvo en el Seminario, en Lugares teológicos, en Derecho Natural, en Teología Dogmática, en Derecho Romano, Civil y Canónico, en Historia Eclesiástica y en Sagrada Escritura; se le concedió el honor de “El mejor Actuante”. La Academia de 1874 le otorgó “Diploma Singular de Honor”, por su aplicación y adelantos; En 1876 había ya terminado los estudios de Jurisprudencia con brillante éxito.

    El Ilmo. Sr. Colina y Rubio, uno de sus ilustres predecesores en la entonces Sede Episcopal de Puebla, justipreciador de las virtudes del talento del joven Ibarra y González y deseoso de que se acabará de formar intelectualmente, de modo integro, para bien y prestigio de la Diócesis, lo envió a Roma, para que en el benemérito “Colegio Pio Latino Americano”, donde ingresó, terminará su brillante Carrera Sacerdotal. Y allí, tanto brillaron su talento, su piedad y su modestia, que de él decían sus profesores: “No sabemos qué admirar más en este joven: su talento, su sabiduría o su modestia…”.

    En la célebre “Universidad Gregoriana” de Roma, en 1879, obtuvo la borla de Doctor en Sagrada Teología; el 21 de febrero de 1880, recibió la Unción Sacerdotal, en la Basílica Lateranense; en 1881 obtuvo en la ya mencionada Universidad, las borlas de Doctor en Derecho Canónico y en Derecho Civil Romano y en el año siguiente de 1882, adquirió el grado de Doctor en Filosofía.

    Durante Su permanencia en ‘Roma, este esclarecido Mexicano e insigne Palafoxiano fue justamente apreciado, tanto por su singular talento, como por sus relevantes virtudes, llegando su fama hasta la Santa Sede Apostólica, ocupada entonces por el esclarecido León XIII (1878-1903), quien lo llamo a su presencia y le entregó una medalla que tenía grabado el busto de aquel pontífice y en la que se leía la siguiente significativa inscripción: “Leo XIII Pontifex Maximus. Año III. Religioni ac Bonie Artibus. Coll. Rom.”

    Habiendo regresado a la patria para ejercer su Ministerio Sacerdotal en la Diócesis de Puebla, con la doble aureola de piadoso y sabio, en diciembre de 1882 funge como profesor del Seminario y capellán del Templo de San Pedro entre otros cargos.

    En 1883, el Ilmo. Sr. Mora y Daza, Dgmo. Obispo Angelopolitano, reconociendo sus grandes méritos morales e intelectuales, lo nombro Prebendado de la Santa de la S. Iglesia Catedral Poblana, tomando posesión de la Prebenda Sub Diaconal, el 26 de junio de 1885; en la Sesión Capitular del. 8 de enero de 1886, fue nombrado, por la mayoría de votos; como Canónigo Doctoral interino del Venerable Cabildo, Canonjía que se encontraba “Vacante” por fallecimiento de su último poseedor Dr. Don José María Sainz Herosa, acaecido el 11 de junio de 1885.

    En 1886 fue comisionado por el Ilmo. Sr. Obispo Mora y Daza para fundar la academia Teojurista que fue el renacimiento del Seminario Conciliar Palafoxiano luego de su desalojo del Hospitalito, despojado por las Leyes de Reforma en 1856, para lo cual adquirió junto con el M. I. Sr. Canónigo Prisciliano José de Córdova, el edificio del Exconvento de Belemitas, anexo al templo de Belén que funcionó hasta la Revolución Carrancista, (1914).

    Ocupando esta Canonjía, hallándose presente en la memorable Sesión Capitular del 22 de abril de 1887, durante la que, el entonces M. I. Sr. Deán del Venerable Cabildo Angelopolitano Don José Antonio Balderas, expresó la plausible Idea de que el Ven. Cabildo, solicitase de la Santa Sede Apostólica la gracia de que la Diócesis de Puebla, de glorioso, fecundo y secular historial, fuese elevada a la categoría de Metrópoli o Arquidiócesis, sugerencia que fue unánimemente aceptada por los Sres. Capitulares asistentes; años más tarde, este esclarecido Prebendado, después de sus múltiples, abnegadas y laboriosas gestiones al respecto, vería no solamente convertido en realidad este proyecto, sino que él mismo sería designado por el Augusto Vicario de Cristo, como el primer Arzobispo de la nueva Metrópoli, después de ser el último Obispo de la misma.

    Como Presidente de la “Comisión Organizadora de la Peregrinación Diocesana Anual” a la entonces I. y Nacional Colegiata, (hoy Basílica) de Santa María de Guadalupe, en el Tepeyac, Cd. de Mex. Y que, desde el año de 1838, durante el gobierno del Ilmo. Vázquez Sánchez y Vizcaino, se venía celebrando con alguna regularidad, trabajo con tal empeño y entusiasmo en el desempeño de dicho cargo que, a partir del 12 de febrero de 1887 hasta la fecha, salvo justificadas excepciones, la entonces Diócesis de Puebla ha venido celebrando anualmente, el 12 de febrero con toda regularidad y debida preparación, con carácter Diocesano.

    A inicios de 1888 es nombrado Vicario Capitular, por Su Ilma. Mora y Daza, quien fallece ese mismo año. Siendo Vicario Capitular de la Diócesis, “Sede Vacante”, organizo y presidió la “Primera Peregrinación Guadalupana Nacional” a Roma, representando en ella a la Diócesis de Puebla y que salió de México, según parece, a mediados del mes de abril de 1888; durante su estancia en Roma, en esta ocasión, cumpliendo con su promesa hecha al Ven. Cabildo Angelopolitano, obtuvo, en forma benigna y paternal, del Sumo Pontífices León XIII, la gracia de la “Consagración” oficial y solemne de la Nación Mexicana al Sagrado Corazón de Jesús y el privilegio de que los miembros del Venerable Cabildo de Puebla usarán el Traje Prelaticio, al igual que los Sres. Capitulares de la S. Iglesia Catedral de Morelia.

    De regreso a México entregó el gobierno de la diócesis de Puebla al Ilmo. Sr Don Melitón Vargas y Gutiérrez, quien lo nombró provisor el 2 de septiembre de 1888, reconociendo las grandes cualidades de este Prebendado, Su Ilma. después de tomar posesión Canónica de la Diócesis, lo nombró, Vicario General del Obispado; ocupando estos importantes Cargos. El 17 de septiembre de 1888, tomó posesión de la Prebenda Diaconal del Venerable Cabildo.

    Siendo Vicario General del Obispado, durante el gobierno del Ilmo. Sr. Vargas y Gutierrez, consiguió traer a la ciudad de Puebla a las Religiosas de la “Compañía de Santa Teresa de Jesús”, (“Teresianas”), que arribaron a la ciudad el 25 de diciembre de 1888, siendo el Colegio de esta Congregación en Puebla, inaugurado oficialmente el 3 de febrero de 1889, el Primero que se fundó en la República Mexicana y uno de los primeros establecidos en el Continente Americano, conocido con el nombre de: “Colegio Teresiano”, (actualmente se llama: “Colegio América” ); Institución dedicada a la formación intelectual y moral de las niñas y de las señoritas, de donde han salido santas Religiosas, entre ellas, la insigne fundadora de las “Misioneras Eucarísticas de la Sma. Trinidad”, abnegadas esposas, madres cristianas, catequistas y apóstoles del movimiento social católico.

    Igualmente, mucho se interesó este egregio Prebendado por la venida a la ciudad de Puebla de los Religiosos de la benemérita “Congregación Salesiana”, quienes llegarán a Puebla en 1892 y que, en el transcurso de más de 3 cuartos de siglo, mediante su “Escuela de Artes y Oficios (actualmente: “Colegio Trinidad Sánchez Santos”) y sus “Oratorios Festivos”, tanto han contribuido a la formación y educación, tanto intelectual, como cultural, moral y religiosa de la niñez y juventud poblanas.

    En agosto del año de 1889, renunció a los Cargos de Vicario General y Provisor del Obispado y se dirigió a Europa, buscando la oportunidad de realizar uno de sus más caros Ideales; ingresar en la “Compañía de Jesús”. Ya admitido en esta entonces benemérita Orden y practicando en Loyola, España, los “Santos Ejercicios Espirituales” de regla, fue sorprendido con la noticia de que el Sumo Pontífice León XIII, deseándolo para el Obispado de Chilapa, que se encontraba “Vacante” por traslado de su Prelado: el Ilmo. Sr. Dr. Don Buenaventura del Purísimo Corazón de María Portilla y Tejeda, al Obispado de Zacatecas, (un Obispo misionero, sabio y rico en virtudes), el 30 de diciembre de 1889, lo había preconizado como Cuarto Obispo del mencionado Obispado de Chilapa.

    Obediente y dócil al mandato del Augusto Vicario de Cristo, al que siempre profesó una inquebrantable y filial adhesión e incondicional obediencia, sacrificando uno de sus más fervientes anhelos, aceptó gustoso la Mitra de Chilapa y el 5 de enero de 1890, fue solemnemente Consagrado en, Roma, en la Insigne Basílica de San Juan de Letrán, por el Emmo. Cardenal Lucido María Parrochi, (Secretario de la Congregación del Santo Oficio y Vice Rector de la Cancillería Apostólica) asistido por el Arzobispo de Santiago de Chile Ilmo. Sr. Mariano Casanova y Casanova, y el Obispo Titular de Tróade, Ilmo. Sr. Luigi Marcello Pellegrini.

    Habiendo regresado a México, el 30 de abril de 1890, por apoderado, tomó posesión canónica de su Diócesis de Chilapa, que abarcaba todo el Estado de Guerrero, Diócesis a la que gobernó, con infatigable celo apostólico y singular prudencia, como verdadero abnegado Pastor y amoroso Padre, por especio de 12 años, menos 11 días, hasta el 19 de abril de 1902.

    Con dificultades fundó junto a la católica seglar Concepción Cabrera de Armida el movimiento del Apostolado de la Cruz siendo avalado por el Papa León XIII (1878-1903), el 3 de mayo de 1895 y confiado a los Misioneros del Espíritu Santo por el Papa Pío XI el 9 de julio de 1926.

    Fundó el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús para niños y jóvenes e inició las obras de la Catedral de Chilapa de grandes dimensiones, empero fue destruida por un incendio en el año de 1930. Fundó la congregación de Misioneros Guadalupanos con miras a la evangelización y civilización de las razas indígenas.

    Tuvo que dejar su ministerio en Guerrero pues el Papa León XIII (1878-1903), lo había nombrado Obispo de Puebla-Tlaxcala, que se encontraba “Vacante” por fallecimiento de su anterior Prelado, el Ilmo. Sr. Amézquita y Gutiérrez, acaecido el 27 de octubre de 1900, mediante el Breve de S.S. León XIII, fechado en Roma, el 13 de mayo de 1902, por el que se instituía al Obispo de Chilapa como Obispo de la Diócesis de Puebla-Tlaxcala o de Puebla de los Ángeles.

    Después de la entusiasta “Recepción” que el Ven. Cabildo, Clero y los fieles de la Diócesis tributaron a su nuevo Pastor, a su llegada a la ciudad de Puebla, el Ilmo. Sr. Ibarra y González personalmente tomó posesión canónica de su Obispado Angelopolitano, el día 6 de julio de 1902, en la forma acostumbrada.

    Adicto a la Cátedra de San Pedro y obediente a la voz y al mandato del Augusto Vicario de Cristo, devotísimo de la Santa Cruz, como los Ilmos. Sres.: Palafox y Mendoza, Álvarez de Abreu y Vargas y Gutiérrez, sus ilustres Predecesores en la Sede Episcopal Poblana; amantísimo hijo y ferviente devoto de la Sma. Virgen María de Guadalupe, amorosa Madre y Excelsa Reina de México, Mons. Ibarra, siendo ya Obispo de Puebla, consagró toda su vida, su saber y sus energías, hasta la abnegación y el sacrificio, a la satisfacción de estos tres grandes amores que daban vida a su corazón, que estimulaban su asombroso dinamismo y su celo infatigable, convirtiéndolo en fragua de amor a Dios y a las almas, hasta llegar a la inmolación y al sacrificio.

    Sería prolijo, y tal vez hasta tedioso, mencionar todos los Acontecimientos memorables y todas grandiosas Obras realizadas durante los 14 años y meses, menos 6 días que duró el fecundo y glorioso episcopado de este esclarecido, dinámico santo Prelado Angelopolitano, entre las múltiples, dolorosas y amargas vicisitudes nacionales que constituyeron el escenario de sus trabajos, de sus esfuerzos y de su arduo Ministerio Pastoral, baste consignar lo siguientes:

    Uno de los primeros actos de este Prelado, después de la Toma de Posesión de la Diócesis, fue la institución de “Canonjías Honorarias” en su Venerable Cabildo que, con anuencia del mismo realizó, nombrando a los Sres. Pbros.: Don Ignacio González Álvarez, Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado, (falleció siendo Dignidad Arcediano, el 18 de agosto de 1917), y Dr. Don Antonio Santillana, (falleció siendo Dignidad Maestrescuelas, el 20 de febrero de 1923), quienes tomaron posesión de sus Prebendas Honorarias el 18 de noviembre de 1902.

    Habiendo solicitado el Venerable Cabildo Angelopolitano, a mediados del año de 1887, mediante un atento y bien documentado Ocurso, pidiendo al Sumo Pontífices León XIII, que la entonces Diócesis de Puebla, llamada también de Tlaxcala o “Diócesis Carolense”, fuera elevada a la categoría de Arquidiócesis, aquel egregio Pontífice, previo el dictamen de la Sgda. Congregación de Negocios Extraordinarios, que fue favorable, a mediados del año de 1903, benignamente decretó la Erección de la Diócesis de Puebla de los Ángeles en Sede Metropolitana, teniendo como Diócesis Sufragáneas a la recién erigida, (Bula de Erección: “Apostolica Sedes De Spirituali Christifidelium” – “La Santa Sede Apostólica Preocupándose, con Vigilante Solicitud del Bien Espiritual de los Fieles, Doquiera Se Encuentren…”, fechada el 25 de abril de 1902 y ejecutada el 12 de mayo de 1903), Diócesis de Huajuapan de León, llamada también: “Diócesis de las Mixtecas”, nombrando, al mismo tiempo, como Primer Arzobispo de la nueva Sede Metropolitana al Ilmo. Sr. Ibarra y González.

    La sentida muerte del esclarecido Pontífice León XIII, acaecida el 20 de julio de 1903, impidió que durante su Pontificado se ejecutara el “Decreto de Erección”.

    Su inmediato y Venerable Sucesor: San Pio X, (1903-1914), por su Bula: “Praedecessoris Nostri”, («Siguiendo las Huellas Nuestro Predecesor»), fechada el 9 de agosto de 1903, mandó que se erigiese en Arquidiócesis la Sede Episcopal de PUEBLA DE LOS ÁNGELES, con supresión del título de Tlaxcala que tenía en la Jerarquía Católica, nombrando al Ilmo. Sr. Dr. y Mtro. Don José Ramon Ibarra y González, Obispo de Puebla-Tlaxcala, como Primer Arzobispo de la nueva Arquidiócesis, concediéndole, en el Consistorio Público del 12 de agosto del citado año de 1903, el “Palio Arquiepiscopal” que, con las formalidades del Rito, al día siguiente: le, fue entregado por el Emmo. Cardenal Machi al Sr. Dr. Don Benjamín Miñana, Representante especial de S. Ilma. en Roma; Venerable Insignia que, más, tarde, S.S., por conducto de su Cardenal Secretario: el Emmo. y Ven. Sr. Rafael Merry del Val, autorizó usar al nuevo Arzobispo, aunque sin Bulas y que, con anuencia de su Ven. Cabildo, Mons. Ibarra y González usó el 12 de diciembre de 1903, en la Solemnidad de Ntra. Sra. de Guadalupe.

    Afines del mes de noviembre del mencionado año de 1903, el Venerable Prelado hizo generosa donación de un magnífico ÓRGANO, (hace ya muchos años fuera de servicio), a le S. Iglesia Catedral Angelopolitana, en ocasión de la próxima Erección de la Arquidiócesis, quedando, con este motivo, nombrado como: Tercer Organista, para manejar el mencionado Órgano, su sobrino el joven Aurelio Evaristo Ibarra.

    Finalmente, después de cerca de 16 años de arduas gestiones y laboriosos trámites para obtener de la Santa Sede Apostólica la proyectada “Erección” de la Sede Metropolitana de Puebla de los Ángeles, en cuya plausible Empresa el Ilmo. Sr. Ibarra y González, con sus reconocidos dinamismo y entusiasmo, desempeño un papel muy importante, el día 8 de febrero de 1904, una de las fechas más memorables en los fastos de la Historia Eclesiástica Angelopolitana, después de un piadoso y solemne “Triduo Preparatorio”, celebrado los días 4, 5 y 6 del mencionado mes, en la suntuosa Santa Iglesia Catedral de Puebla con asistencia de los Ilmos. Sres.: Arzobispo de Morelia, Dr. Don Atenógenes Silva y Álvarez Tostado, y Obispo de Tulancingo, Dr. Don José Mora y del Rio, (después Obispo de León y finalmente: Arzobispo de México), Obispo de León, Dr. I. Leopoldo Ruíz y Flores, (después Arzobispo de Monterrey y finalmente: Arzobispo de Morelia, Encargado de la Delegación Apostólica y Delegado Apostólico en México), y del Primer Obispo de Huajuapan de León, Dr. Don Rafael Amador y Hernández, y el Pbro. Dr. Don Juan de J. Herrera y Piña, (más tarde: Obispo de Tulancingo y Arzobispo de Monterrey), que fungió como Secretario “Ad Hoc” del Acto, con asistencia de innumerables sacerdotes de ambos cleros y de millares de fieles, el Ilmo. Sr. Arzobispo Metropolitano de México: Dr. Don Próspero María Alarcón y Sánchez de la Barquera, ejecutó, en la forma prescrita, la Bula de Erección “Praedecessoris Nostri”, (“Siguiendo Diligentemente las Huellas de Nuestro Predecesor»), del Sumo Pontífice: San Pio X, fechada el 9 de agosto del año anterior de 1903, dando, al mismo tiempo, Posesión Canónica de la nueva Sede Arquiepiscopal a su PRIMER Arzobispo: Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. y Mtro. Don Ramon Ibarra y González, después de que este presto el prescrito Juramento de fidelidad y de obediencia a la Santa Sede.

    Después del solemne Acto de “Erección” el nuevo Arzobispo celebró una solemne Misa Pontifical, ocupando la Cátedra Sagrada. El Sr. Obispo de León; al final de la Misa, el Ilmo. Sr. Arzobispo de Morelia entono el solemne “TE DEUM”, para dar gracias a Dios por tan gustoso y transcendental Acontecimiento.

    El 8 de diciembre de 1904, en imponente Ceremonia, presidida por el Excmo. Sr. Don Domingo Seraffini, O.S.B., Arzobispo Titular de Spoleto y entonces Delegado Apostólico en México, (después Cardenal de la Santa Iglesia Romana), ejecutó el BREVE de S.S. San Pio X, fechado en Roma, el 4 de agosto de 1904, por el que la Santa Iglesia Catedral de Puebla quedó elevada al rango de BASÍLICA MENOR, con los mismos privilegios y prerrogativas que tienen las Basílicas de la ciudad de Roma, teniendo como Titular a la Inmaculada Concepción de María, gracia obtenida por gestiones del Ilmo. Sr. Ibarra y González.

    Durante los días: 29, 30 y 31 de enero de 1906, celebró en la forma preceptuada, el “Primer Sínodo Diocesano Angelopolitano” en la S. Iglesia Basílica Catedral, (algunas Sesiones de Estudio se celebraron en el Templo del Espíritu Santo, mejor conocido con el nombre de “La Compañía”); el 28 de diciembre del año anterior de 1905, S. Ilma. Rvma. había firmado el “DECRETO” respectivo, convocando al Venerable Cabildo Metropolitano y al Clero Secular y Regular de la Arquidiócesis para su celebración. El 25 de mayo de 1906 el Prelado firmó el “DECRETO” de Promulgación y Observancia del mencionado Sínodo que, por espacio de cerca de 23 años, normó las actividades de la Arquidiócesis, hasta el año de 1929 en que se celebró el “Segundo Sínodo Diocesano Angelopolitano”.

    Mucho se distinguió este egregio Prelado por su acendrado y filial amor Guadalupano; pero no fue menos su amor y devoción hacía la Sma. Virgen de Ocotlán, Excelsa Patrona de la Arquidiócesis Angelopolitana, cuyo culto promovió y cuyo Santuario, (después: Colegiata y actual Basílica), engrandeció de manera singular; deseando pues levantar el decaído culto del entonces Santuario de Ocotlán, por medio de privilegios especiales, obtenidos de la Santa Sede; como principio de tan laudables propósitos y proyectos, estableció una Capellanía, cuyos Encargados tendrían la obligación de celebrar los Divinos Oficios en común, como se hace en las Iglesias Catedrales y Colegiatas. Después de los trámites correspondientes, el 4 de diciembre de 1905, con asistencia del Excmo. Sr. Delegado Apostólico en México, Don José Ridolfi, Arzobispo Titular de Todi, Mons. Ibarra y González inauguro solemnemente las mencionadas Capellanías, a manera de Cabildo Provisional, que duro hasta febrero de 1907.

    Gracias a las entusiastas y laudables gestiones de este Prelado, el entonces Sumo Pontífices San Pio X, a solicitud de Mons. Ibarra y González, con fecha del 14 de julio de 1906, firmó en la ciudad de Roma, el 8 de septiembre de ese mismo año de 1906, un «Decreto» por el que el histórico Santuario de Ntra. Sra. de Ocotlán, Extramuros de la ciudad de Tlaxcala, era elevado al rango de Colegiata, con el consiguiente establecimiento de su Venerable Cabildo, constituido por un Abad y 11 Sres. Capitulares, sujetos a particulares Constituciones. Habiendo sido facultado el Ilmo. Sr. Ibarra y González por la Sagrada Congregación Consistorial como Ejecutor del mencionado “Decreto”. El día 2 de febrero de 1907, en solemne, memorable y concurridísima Ceremonia, Mons. Ibarra y González, previa la lectura del “Decreto Pontificio”, declaró canónicamente erigida la “Colegiata de Ntra. Sra. de Ocotlán”; a continuación, hecha la Profesión de Fe prescrita, el mismo Prelado dio posesión canónica a los 4 primeros Prebendados Efectivos: Sres. Pbros. Don Mariano Cadena y Seenz, Don Alejandro González, Don José de Jesús Castillo y Don Rafael Bazán y Bravo y a los 2 Canónigos Honorarios: Don Bernardo Picazo y Don Cayetano Flores, de la nueva Colegiata.

    Finalmente, el 24 de noviembre de ese mismo año de 1907, de conformidad con lo dispuesto en el “Decreto de Erección” de la Colegiata, el M. I. Sr. Dean de la S. I. Basílica Catedral de Puebla, Lic. Don José Guadalupe Torres, de acuerdo con Su Ilma. Rvma., dio posesión canónica, como Primer Abad de la Colegiata de Ocotlán, al Pbro. Dr. Don Mariano Cadena y Saenz, (este ilustre Prebendado falleció en la ciudad de Puebla, el 29 de octubre de 1963, después de 44 años como Prebendado y 25 años, 1 mes y 20 días como Dignidad Dean de la S. Iglesia Basílica Catedral Angelopolitana)

    Sin embargo, el ferviente amor de Mons. Ibarra y González a la Excelsa Madre de Ocotlán aún no estaba plenamente satisfecho con la elevación de su Santuario a Colegiata, sino que, anhelando su mayor honor y culto, con fecha: 11 de noviembre de 1906, solicitó de la Santa Sede Apostólica, la gracia de que la taumaturga Imagen de Ntra. Sra. de Ocotlán fuese Coronada Litúrgicamente al igual que mucha Imágenes de la Sma. Virgen María, célebres por su culto y veneración en el mundo católico.

    Con fecha: 30 de noviembre de 1906, S.S. Pio X (1903-1914), firmó el Decreto correspondiente por el que mandaba que la Imagen de Ntra. Sra. de Ocotlán, que se venera en su Colegiata, extramuros de la ciudad de Tlaxcala, fuera CORONADA solemnemente con Corona de oro, delegando al mismo Ilmo. y Rvmo. Sr. Ibarra y González para que, en su nombre y con su autoridad, en el día de su elección, colocase en les sienes inmaculadas de la Imagen de la Excelsa Patrona de la Arquidiócesis Angelopolitana la Corona de oro, observando los trámites y Ceremonias de rigor; esta gracia la obtuvo el Ven. Prelado estando en Roma en ese año.

    Después de un piadoso y solemne “Triduo Preparatorio” los días: 9, 10 y 11 del mes de mayo de 1907, en memorable y conmovedora Ceremonia Litúrgica, en la Colegiata de Ntra. Sra. de Ocotlán, Tlaxcala, estando presentes los Ilmos. Sres. Arzobispos de: Morelia: Dr. Don Atenógenes Silva y Álvarez Tostado, de Antequera Oaxaca: Dr. Don Eulogio GilIow y Zavalza, y Obispos de: Chiapas: Dr. Don Francisco Orozco y Jiménez, de Tulancingo: Dr. Don José Mora y del Rio, de Cuernavaca: Dr. Don Francisco Plancarte y Navarrete, y de Huajuapan de León: Dr. Don Rafael Amador y Hernández, presididos por el Excmo. Sr. Delegado Apostólico en México: Don José Ridolfi, Arzobispo Titular de Todi y con asistencia de innumerables Sacerdotes del Clero Diocesano y Regular, de Representaciones de Comunidades Religiosas de Puebla, de los alumnos de los Colegios Clerical y Menor del “Seminario Palafoxiano” y de millares de fieles, terminada la solemne Misa Pontifical que ofició el V. Prelado Angelopolitano y terminado el canto de la Antífona: Regina Coeli Laetare…” («Alégrate Reina Del Cielo”), el mismo egregio Prelado, con sus manos trémulas de emoción, colocó en las sienes inmaculadas de la Imagen de Ntra. Sra. de Ocotlán la Corona de Oro, ornada de fulgentes gemas, terminando este Acto memorable con el canto del “Te Deum”.

    Este Ven. Prelado se preocupó desde el principio de su episcopado, aún antes de la “Erección” de la Arquidiócesis, del engrandecimiento de su amado y glorioso “Seminario Palafoxiano” y así, meses después de la Erección estando en Roma, con fecha: 16 de julio de 1903, solicitó de la Santa Sede Apostólica que, teniendo en cuenta el glorioso historial del “Seminario Palafoxiano”, del que, en el transcurso de más de 2 siglos y medio, habían salido varones insignes, honra de la Jerarquía Nacional y esclarecidos personajes en las ciencias, en las artes y en le literatura, fuese elevado a la categoría de “UNIVERSIDAD CATÓLICA” en las Facultades de Filosofía, Sagrada Teología, Derecho Canónico, Derecho Civil, Medicina e Ingeniería, reconociendo como Patrona Principal a la Inmaculada Virgen María y Santo Tomás de Aquino, como Patrón Secundario de la misma.

    Hechas las gestiones y trámites correspondientes, redactadas las Constituciones de la proyectada Universidad, que fueron aprobadas por la Santa Sede, contando con la aprobación y autorización de la Sagrada Congregación de Estudios, mediante un importante “Decreto” firmado por su Prefecto, el Emmo. Sr. Mariano Cardenal Satoli, el 13 de abril de 1907, el que, con la autoridad de S.S. Pio X, concedida en la Audiencia del 16 del mes anterior de marzo, quedaban aprobadas sus Constituciones, que se hicieron para regir las Facultades de Filosofía, Sagrada Teología y ambos Derechos, establecidas canónicamente en el “Seminario Palafoxiano”. Como con motivo de les anormales circunstancias que entonces prevalecían en México, la Sagrada Congregación de Estudios, nada dispuso acerca de las Facultades de Medicina e Ingeniería, S. Ilma. Rvma., con fecha: 16 de julio del mencionado año de 1907, solicitó nuevamente la aprobación de las mismas; el Emmo. Cardenal Don Rafael Merry del Val, con fecha: 6 de agosto de ese mismo año, contestó que S. S. había concedido bondadosamente los Grados en Medicina e Ingeniería.

    Finalmente, el memorable día 8 de diciembre de 1907, Festividad de la Inmaculada Concepción, en la S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla, en solemne Ceremonia, presidida por el Excmo. Sr. José Ridolfi, entonces Delegado Apostólico en México, quien se dignó oficiar la solemne Misa Pontifical, con asistencia de los Venerables Cabildos Metropolitano de Puebla y de la Colegiata de Ntra. Sra. de Ocotlán, del Claustro de Doctores y de Profesores del Seminario, de los Alumnos del mismo y de millares de fieles, este egregio Prelado hizo la solemne y oficial Declaratoria por la que el glorioso y benemérito “Seminario Palafoxiano” quedaba elevado, desde esa fecha, en “UNIVERSIDAD CATÓLICA ANGELOPOLITANA”; Obra grandiosa, realizada gracias a los esfuerzos y entusiasmo dinámico de Mons. Ibarra y González, y que después de un corto lapso de fructuosa existencia, víctima de las grandes y sangrientas convulsiones Revolucionarias de nuestra Patria, durante el aciago y devastador período: 1910 – 1917, funcionó hasta el trágico año de 1914.

    Apóstol de la verdadera caridad cristiana, en especial de los más necesitados, Mons. Ibarra y González inauguró y bendijo, en la Festividad del Sacratísimo Corazón de Jesús del año de 1908, el “Hospital del Sagrado Corazón”, en sustitución de la antigua “Casa de Salud”, que años antes él mismo estableció, y construido atrás del Templo Parroquial de Santiago, con un departamento especial para los sacerdotes ancianos, desvalidos o enfermos, que quedó a cargo de las Reverendas Madres Josefinas de México, que fueron enviadas por su Venerado Fundador, el Pbro. Vilaseca; benéfica Institución que, a través de múltiples dificultades y vicisitudes, que en varias ocasiones, han amenazado su existencia, aún subsiste en nuestros días.

    En ocasión de los Festejos conmemorativos del Primer Centenario de la “Iniciación” de la epopeya de nuestra Independencia Nacional, celebradas principalmente el 16 de septiembre de 1910, S. Ilma. y Rvmo. celebró, en la S. I. Basílica Catedral, el 28 de septiembre, unas solemnes “Honras Fúnebres” por los Héroes de la Independencia de México.

    El 12 de diciembre de 1910, celebró con singular esplendor, en la S. I. Basílica Catedral de Puebla y en todos los Templos de la Arquidiócesis, la declaración del “PATRONATO” de Ntra. Sra. de Guadalupe sobre México, América Latina y Filipinas, concedido por el Sumo Pontífice Pio X mediante el “Breve” de la Sagrada Congregación de Ritos, del 24 de agosto de 1910.

    En la Festividad de Pentecostés de 1911, que en ese año se celebró en el mes de junio, en la S. Iglesia Basílica Catedral, Mons. Ibarra y González, en piadosa y concurrida Ceremonia, verificó la “Consagración” oficial y solemne de la Arquidiócesis Angelopolitana al ESPÍRITU SANTO, consagrando, en esa misma fecha, al Espíritu Paráclito a todos los Catecismos de la Arquidiócesis, Consagración que, desde entonces hasta nuestros días, se renueva anualmente, en todos los Templos de la Arquidiócesis, en la Festividad de Pentecostés.

    Gran devoto del Sacratísimo Corazón de Jesús y ferviente Propagandista de su culto y de su devoción, el 12 de octubre de 1911 en la S. Iglesia Basílica Catedral, Consagró solemne y oficialmente su Arquidiócesis al Deífico Corazón.

    En ese mismo año de 1911, a iniciativa de este Prelado, se estrenaron los nuevos y artísticos Confesonarios de la S. Iglesia Basílica Catedral, que hizo el maestro carpintero, Don Jesús Meza, con un costo de 300 pesos cada uno.

    Asiduo y sincero impulsor del progreso en sus múltiples y benéficos aspectos, este Prelado dispuso, en febrero de 1912, la instalación de la Luz Eléctrica en S. Iglesia Basílica Catedral, Obra que fue realizada bajo la dirección técnica del Pbro. Lic. Don Porfirio Ruíz.

    En el año de 1913, Mons. Ibarra y González participó en la “Peregrinación Mexicana Guadalupana” a Roma y Tierra Santa y estando en la santa Ciudad de Jerusalén, el egregio Prelado, que siempre se distinguió por su acendrada devoción Guadalupana, costeó de su propio peculio, un artístico Altar de mármol, que se construyó en la Capilla del convento de las Religiosas Reparatrices, colocando en él una devota Imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe, debida al pincel del célebre pintor mexicanos, Rvdo. Pbro. Gonzalo Carrasco, S.J., y fundó una Misa perpetua “Pro Dictione Mexicana”, (“Por la Nación Mexicana”).

    Este magnífico Altar, perenne testimonio del acendrado Guadalupanísmo del esclarecido Primer Arzobispo Angelopolitano, fue destruido durante la sangrienta “Guerra Árabe – Judía, (de mayo de 1948 — agosto de 1950). A Dios gracias, el Quinto Arzobispo de Puebla: Mons. Octaviano Márquez y Toriz, digno heredero de la ferviente devoción Guadalupana de su ilustre Predecesor: Mons. Ibarra y González, contento con la generosa cooperación de sus diocesanos, durante su piadosa “Peregrinación a Tierra Santa”, tuvo la satisfacción, el 10 de enero de 1955, de Consagrar el mencionado Altar, completamente restaurado, (en cuya. restauración, con edificante amor Guadalupano, colaboró personalmente), fiel réplica del original que donó y Consagró Mons. Ibarra y González, integrado por 13 clases de típicos mármoles poblanos, obra realizada bajo la dirección del conocido Maestro en marmolería: Don Mariano López.

    Gran promotor y protector de la cultura y del progreso intelectual, religioso y cultural de su amada Arquidiócesis de Puebla, además de traer, 1888, siendo Prebendado de la S. Iglesia Catedral Angelopolitana y Vicario General de la entonces Diócesis de Puebla, como ya queda referido, a las Religiosas de la benemérita “Compañía de Santa Teresa de Jesús” a la ciudad de Puebla, quienes establecieron un Colegio dedicado a la instrucción y educación de niñas y señoritas, llamado “Colegio Teresiano” (actualmente: “Colegio América” y de haber influido para la venida a la Ciudad de Puebla de los Miembros de la también benemérita “Congregación Salesiana” que llegaron a Puebla en 1892, trajo a la misma ciudad a los “Hijos de San José de Calazans” de las “Escuelas Pías”, (“Escolapios”), quienes también establecieron un Colegio para niños, “Colegio del Portalillo” (actual “Instituto Carlos Pereyra”), y a los Hermanos de las “Escuelas Cristianas”, quienes también fundaron el célebre “Colegio de San Pablo”, para niños y jóvenes, (actualmente: “Colegio Benavente”).

    Este dinámico y santo Prelado Angelopolitano é insigne “Apóstol de la Cruz”, (quién el 15 de agosto de 1909, solo ante el Altar de Ntro. Señor, hiciera votos religiosos, como futuro Religioso de la Cruz, llevando desde entonces, interiormente, el Escapulario de los “Misioneros del Espíritu Santo”, previa renuncia de su Arquidiócesis de Puebla y que el Sumo Pontífice Pio X no aceptó; proponiéndose, sin embargo, vivir como perfecto Religioso, proponiéndose con voto, propagar la devoción al Espíritu Santo y al Apostolado de la Cruz y que, con generoso y sublime ofrecimiento, ratificó, con voto perpetuo, el 9 de Febrero de 1911) es considerado como uno de los principales Fundadores de los “Misioneros del Espíritu Santo”, de las “Religiosas de la Cruz” y de las “Obras de la Cruz”, por cuyo auge, consolidación y florecimiento tanto se preocupó y trabajó, con infatigable entusiasmo y acendrado cariño.

    Fundó la “Congregación de las Guadalupanas”, hace años ya desaparecida, teniendo una parte muy importante en la fundación de la “Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús”, siendo infatigable Propagandista de la devoción al Deífico Corazón de Jesús, a Nuestra Señora de Guadalupe, al Espíritu Santo y a las Obras de la Cruz.

    Dio gran incremento a la Enseñanza del Catecismo e los niños y adolescentes en la Arquidiócesis, estableciendo en muchas de sus Parroquias la benemérita “Congregación de la Doctrina Cristiana”.

    A su iniciativa, se levantó en la parte posterior del grandioso Edificio de la “Universidad Católica Angelopolitana”, el Teatro “CONSTANTINO”, inaugurado en el año de 1913, en ocasión del XVI Centenario del célebre “Edicto de Milán”, para centro Social de los Obreros y de Conferencias Culturales y de diversiones moralizadoras é instructivas; dio gran impulso al cultivo de la Literatura, estableciendo en la “Universidad Católica” la “Academia de Alta Literatura”, integrada por los más distinguidos Poetas y Literatos de Puebla; estableció en el Seminario la “Academia de Literatura Española” para los Alumnos de Filosofía, le “Academia de Improvisación y Declamación” para los Alumnos de Teología; fundó las ya desaparecidas y prestigiadas Revistas: “Palafoxiano” “Espiga de Oro” y “Boletín del Seminario”.

    Impulsó la Acción Católico—Social, estableciendo la benemérita y ya desaparecida “Unión Popular”, precursora inmediata de la actual “Acción Católica”; convocó al “Primer Congreso Católico Nacional”; fomentó la sindicalización de los obreros, según la mente y conforme a las sabias Enseñanzas del gran «Papa de los Obreros», S. S. León XIII y estableció en el Seminario y Universidad, la Cátedra de Sociología.

    Igualmente, mucho se preocupó por fomentar y cultivar la auténtica Música Sacra en la Arquidiócesis, estableciendo clases sobre la materia en el Seminario, según el mandato de S.S. Pio X, recomendando su observancia en todas las Iglesias de la Arquidiócesis, procurando desterrar todos los abusos existentes al respecto.

    Este egregio y Venerado Prelado, con abnegado celo pastoral e infatigable espíritu apostólico, practicó le “Santa Visita Pastoral”, en casi la totalidad de su extensa Arquidiócesis, sin medios convenientes de transporte, ni caminos, como en los actuales tiempos, atravesando fatigosamente sierras y montañas, vadeando ríos, descendiendo a profundos valles, buscando siempre, con paternal cariño, a sus ovejas para llevarles la vida espiritual, el consuelo a sus penas y el reconfortante estímulo en el cumplimiento del deber, interesándose, con preferencia, de los más pobres y de los más necesitados…

    Dios, en sus arcanos designios, permitió que este esclarecido Varón y santo Prelado, en los 2 últimos años de su vida, fuese probado con muchas penas amarguras y con una dolorosa enfermedad que constituyeron el duro “Crisol” donde se purificó su gran corazón y se abrillantaron sus esclarecidas virtudes sacerdotales y lo preparó digna y santamente para el final de su jornada sobre este valle de lágrimas rumbo a la Patria.

    Alejado de su amada Grey, desde mediados del año de 1914, en que, ya bastante quebrantado de salud, siendo perseguido, tuvo que ocultarse en la ciudad de México, donde se vio obligado a cambiar constantemente de domicilio para despistar a sus implacables perseguidores. Y allí, desde su forzado retiro, bastante delicado de salud, tuvo la amargura de ver como el sangriento y destructor “Huracán Revolucionario” que cegó millares de vidas y que tantas ruinas, la mayoría de ellas, irreparables, dejó en toda la amplitud de nuestra Patria, destruía, de manera brutal e implacable, sus Obras: su amado Seminario y su ya prestigiada “Universidad Católica Angelopolitana” clausurados con lujo de fuerza y de violencia, en la no noche del 28 de octubre de 1914, por las victoriosas mesnadas Carrancistas mandadas por el Coronel Silvino García, la mayoría de sus Superiores y Profesores, (entre ellos al Rector del mismo: M. I. Sr. Dr. Don Enrique Sánchez y Paredes, años más tarde su inmediato Sucesor en la Sede Arzoepiscopal de Puebla), reducidos a prisión como vulgares criminales, todos sus Alumnos arrojados a la calle y el hermoso y grandioso Edificio, con su extenso y magnífica Biblioteca, sus bien adaptados Laboratorios, su excelente Observatorio Astronómico, etc. confiscados, convirtiéndose sus amplias Aulas, acondicionados Dormitorios, Corredores y Patios en un vulgar Cuartel, habitado por una soldadesca soéz, ebria de alcohol, de lujuria y de sangre y su Venerable Cabildo Metropolitano disperso y perseguido desde el mes de agosto del citado y nefasto año de 1914.

    La Colegiata de Ntra. Sra. de Ocotlán profanada por un piquete de soldados revolucionarios comandados por el Gral. Alejo González, el 29 de noviembre de 1914, siendo aprehendidos los Sres. Canónigos con el fin de enviarlos a Veracruz y que, días más tarde, fueron rescatados mediante fuerte multa pagada por generosos vecinos de Tlaxcala y Chiautempan; afines de diciembre de ese mismo año de 1914, la soldadesca revolucionaria capitaneada por Jesús Carranza entraba en la Colegiata, cometiendo actos vandálicos, quemando los Archivos de la Colegiata y del Curato de Ocotlán y apoderándose de valiosos Ornamentos Sagrados, del valioso Manto que la Excma. Sra. Marquesa Doña Josefa de Zavalza, (madre del Ilmo. Sr. Arzobispo de Oaxaca, Mons. Eulogio Guillow), obsequió a la Sma. Virgen de Ocotlán y de varios Objetos de plata.

    Más tarde, el día 25 de diciembre de 1914, en plena persecución religiosa, se llevó a cabo la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo; Congregación de Derecho Pontificio fundada por los también Venerables P. Félix de Jesús Rougier y Concepción Cabrera de Armida. Monseñor Ibarra, fue el primer Misionero del Espíritu Santo en morir dentro de la naciente Congregación.

    Meses más tarde la obra destructora revolucionaria contra la Colegiata se consuma con lujo de crueldad: el 30 de mayo de 1915, una horda de Carrancistas, capitaneada por el Coronel Carlos Fernández de Lara, penetró en la Colegiata, asesinando brutalmente a los Sres. Canónigos: Don Miguel Fernández de Lara y Sr, Cura Don Cayetano Flores, finalmente, el 24 de junio el nefasto Coronel Ascensión Tepatl y Austreberto Sánchez penetraron sacrílegamente a la Colegiata y ya dentro de ella, el primero de los citados se atrevió a balacear la bendita Imagen sin que, por singular milagro, hayan tocados las balas sacrílegas a la Sma. Señora, quedando extinguido temporalmente su Venerable Cabildo, (fue Restaurado el 16 de mayo de 1955 e integrado, hasta la fecha, por Canónigos Honorarios) y el culto de la mencionada Colegiata suspendido hasta el año de 1917 en, aunque con algunas dificultades, fue reanudado; la casi totalidad de sus sacerdotes perseguidos, ejerciendo su Ministerio en medio de múltiples y graves dificultades, los Colegios Católicos clausurados, el Culto público prohibido y los fieles católicos víctimas de una brutal, arbitraria y sangrienta persecución religiosa…

    En una palabra, durante 4 dolorosos años de brutal, sangrienta y destructora persecución religiosa, en torno de este Venerable Prelado todo se derrumbó, menos la intención, el mérito y los santos Ideales de su gran corazón…

    Mons. Ibarra y González, ante el desastre material y social de sus grandes Empresas y de sus gloriosa Obras, resignado ante los inescrutables designios de Dios, pero hondamente confiado en la amorosa Providencia Divina, que después de los grandes desastres y de las devastadoras tempestades, hace brillar en el cielo el arcoíris de paz y de victoria, bien pudo repetir aquella frase célebre del gran Rey, Felipe II de España: “En cuyo vasto imperio no se ponía el sol” ante la tragedia de la “Armada Invencible”, (1588): “Todo lo hemos perdido, menos el honor…”, añadiéndole estas significativas palabras: “ …y nuestra confianza está firme en el Señor, Dios Nuestro, quien al fin nos dará la victoria…”

    Y así, perseguido, oculto y víctima de una dolorosísima enfermedad, que comenzó con una llaga en el pie y que se convirtió en gangrena que lentamente fue horadándole el pie, como si un clavo se lo atravesará, sufriendo con pasmosa serenidad las dolorosísimas curaciones que se le practicaban, cuando aún bramaba la borrasca de la impiedad sobre México y sobre la Iglesia y cuando la doliente Arquidiócesis de Puebla más necesitaba de la paternal vigilancia y de la amorosa protección de su Pastor y Guía, después de haber gobernado a la Grey Angelopolitana por espacio de 14 años, 6 meses y 25 días, después de sobrellevar con ejemplar y heroica resignación una dolorosísima enfermedad, que lo hacía exclamar: “Me siento clavado en la Cruz…; pero no quiero bajarme de ella”, habiéndose ofrecido a Dios como víctima por su Arquidiócesis y por la Iglesia en general, después de recibir el Sgdo. Viático que le administró el Ilmo. Sr. Dr. Don Emeterio Vlaverde y Téllez, Dgmo. Obispo de León y después de dictar profundamente conmovido el Testamento de amor: “La adhesión inquebrantable a la Santa Sede, la tierna y constante devoción a la Sma. Virgen de Guadalupe, la fidelidad al Espíritu Santo, al Sgdo. Corazón de Jesús y a la Santa Cruz”, pletórico de virtudes y de méritos y en olor de santidad, en una casa particular de la ciudad de México, donde se encontraba escondido, siendo las 7 horas y 30 minutos de la noche del 1 de febrero de 1917, se durmió en el ósculo del Señor, el Primer Arzobispo Angelopolitano, uno de los Prelados más virtuosos e insignes del Venerable Episcopado Nacional de principios Siglo XX, ennoblecido por el santo Pontífice: San Pio X, con el Título de: “Conde Romano”.

    47 años después de su feliz tránsito, uno de sus Sucesores en su Sede Arquiepiscopal Angelopolitana, gran admirador de la ilustre personalidad y de las esclarecidas virtudes de este Prelado, el Excmo. Sr. Dr. Don Octaviano Márquez y Toriz, con plausible entusiasmo y fervor promovió y trabajó con infatigable fervor por la Causa de su Beatificación y Canonización, iniciándose el llamado “Proceso Diocesano” el 23 de febrero de 1964 y que, después de 9 años de diligentes y bien documentadas Informaciones, se clausuro felizmente el 12 de julio de 1973, entregándose, meses después, la voluminosa Documentación sobre el mencionado “Procesó” a la Sagrada Congregación para la Canonización de los Santos, en Roma, para que allí, ¡plegue al Cielo y Dios así lo permita!, se prosiga el llamado: “Proceso Apostólico”.

    Sus restos mortales, después de permanecer, por espacio de 14 años, en el “Panteón del Tepeyac”, cerca del Trono de la Amorosa Madre y Augusta Reina de México: Santa María de Guadalupe, a quien tanto amó y por cuyo culto y devoción tanto se afanó, fueron exhumados y después depositados, el 19 de febrero de 1931, año conmemorativo del “IV Centenario” de las Apariciones Guadalupanas, en la llamada: “Cripta de Obispos” de la S. Iglesia Basílica Catedral Angelopolitana y allí permanecieron cerca de 34 años, hasta el 7 de noviembre de 1964, en que exhumados de la mencionada “Cripta”, fueron depositados en el Sepulcro que se le asignó, frente al Altar de la Capilla de Ntra. Sra. de Guadalupe de la misma S. I. Basílica Catedral, donde hasta la fecha se encuentran, esperando su ansiada glorificación cuando, un día quizá no lejano, por la voz autorizada de la Iglesia, este Insigne Prelado, el SIERVO DE DIOS: Don Ramón Ibarra y González sea elevado al honor de los Altares.

    En el año de 1990, S.S. Juan Pablo II (1978-2005), lo declaró Venerable. Actualmente, en estrecha colaboración con el Clero Diocesano de Puebla, la Familia de la Cruz continúa trabajando por la Causa de Beatificación y Canonización de Monseñor Ramón Ibarra y González.

    Elogio: “Sapiens, Magnificus, Guadalupanus”, (“Sabio, Magnánimo, Guadalupano”).