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Homilía ago. 21 / 2011

    arzobispoHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
    21 DE AGOSTO DE 2011

    En la Primera Lectura del profeta Isaías (Is. 22, 19-23), encontramos que un hombre corrupto es sustituido por uno recto y este es un verdadero padre, en el desempeño de su tarea. Esto dice el Señor al mayordomo del palacio: Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo; llamaré a mi siervo, le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, y le traspasaré tus poderes. Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro. Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo fijaré como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la casa de su padre».  Aquel es el hombre corrupto destituido y éste, el hombre recto puesto al servicio  de la casa del Señor.

    En la Segunda Lectura, que es la carta del apóstol San Pablo a los romanos (Rm. 11, 33-36), San Pablo defiende a su pueblo de los rumores de que Jesús le había rechazado y concluye que, ante sus designios, la respuesta del hombre es admiración y alabanza; ésta es sabiduría y ciencia de Dios. Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar?  todo proviene de Dios -toda gracia, todo don, viene del Cielo– todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él, y la Creación está redimida, ha vuelto  al Padre, por Cristo, por eso  termina diciendo el  apostol San Pablo:  «A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

    En el Evangelio (Mt 16, 13-20)  Jesús hace un sondeo, no tanto para verificar su propia popularidad sino para llegar a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Ustedes quién dicen que soy yo? y Jesús  oye el informe general y encuentra una gran variedad de respuestas: A la primera pregunta: Unos dicen que eres Juan el bautista; otros dicen  que eres Elías; otros que eres Jeremías o uno de los antiguos profetas que ha resucitado; esto quiere decir que los discípulos y la gente que lo escuchaba tenía noción de quién era Jesús pero no lo conocían, por eso la segunda pregunta va dirigida a los discípulos: ¿Y quién dicen ustedes que soy yo? Con esto, a cada uno pregunta ¿Quién soy yo para tí? ¿Qué represento ante tus ojos? ¿Qué lugar ocupo en tu vida? Y Jesús espera más que un simple conocimiento de oídas; entonces uno de ellos, Pedro, toma la palabra y le dice: Señor tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. El mismo Pedro, que negaría a Jesús, le dice: eres nuestro salvador y redentor. Con esta respuesta, Pedro y los demás discípulos hacen una hermosa profesión de fe. Es muy difícil describir lo que en el momento sintió Pedro, a quien llama Jesíus, pues ahora jesús está en él y le dice Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. El Creador, santo y bendito  es el que está delante de Pedro en la persona de Cristo Señor, que da a la Iglesia el poder de las llaves, pero en la persona de Pedro. Se trata de una experiencia, fundante en la que Jesús. Simón no fue elegido por ser la mejor piedra, la piedra más sólida, no es pedro quien edifica a la Iglesia sino el Señor.

    Pedro, sus primeros discípulos, y los que formarmos ahora la iglesia somos instrumentos del Señor  que es el que realiza su obra, guía a su Iglesia la conduce, la santifica y la ilumina, no es Pedro sino el Señor quien quiere servirse de esas piedras tan frágiles. De todas formas también cada uno de nosotros suma a la de pedro su pequeña piedra y la pregunta nos la sigue haciendo el Señor: ¿Ustedes quién dicen que soy yo? Tal vez cada uno podrá decir  «Para mí Jesús es un gran pensador de la historia,  o un gran filósofo, o un personaje importante de Historia de la Salvación, que hizo que la la historia se dividieara en dos partes: el antiguo y el nuevo testamento; en el antes y después de Cristo.  Pero para los que estamos reunidos aquí, por el hecho de ser bautizados, Jesús es el Jijo de Dios, nuestro salvador y redentor. Ojalá podamos hacer esa hermosa profesión de fe: Serñor tú eres el hijo de Dios, nuestro Salvador, nuestro Rey, esto lo profesamos en el Credo. Pidamos al Señor, en esta Santa Misa dominical  que nos conoceda a todos amar lo que nos manda y anhelar lo que nos promete  para que en medio de las preocupaciones de esta vida podamos encontrar  en nuestro  corazón, la felicidad verdadera. Así lo pedimos al Señor.