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Homilía dic. 12 / 2010

    EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL
    Domingo 12 de diciembre de 2010

     

    Queridos hermanos:

    Hoy  todos los católicos; sobre todo los católicos latinos, los católicos mexicanos estamos de fiesta al celebrar  a la Santísima Virgen María,  Nuestra Señora de Guadalupe. Era el mes de diciembre de 1531, apenas 10 años después de conquistada Tenochtitlán por los españoles, cuando la Santísima Virgen María se apareció  al indito Juan Diego en el cerro del Tepeyac. Lo nombró su embajador ante el obispo fray Juan de Zumárraga y le pidió que le construyera una casita, un templo.  La prueba  de que las palabras de Juan Diego eran ciertas fueron las rosas que llevó en su tilma y la preciosa imagen que apareció dibujada en ella.

    La Santísima Virgen María es nuestra madre y toda la historia de Juan Diego y de las apariciones de la Virgen de Guadalupe están fundadas  en una constante y sólida tradición, por eso hoy es día de fiesta en todo el país: ahí donde hay una altarcito a la Virgen de Guadalupe, ahí hay un rosario, ahí hay mañanitas, ahí hay una misa. En todos los lugares como talleres, fábricas, unidades habitacionales, centros comerciales  y, por supuesto, en los templos y en los santuarios y en las ermitas expresamente dedicados a la Santísima Virgen de Guadalupe.

    Las lecturas de hoy nos ayudan a comprender esta presencia solícita de la Virgen María en nuestra vida. Estamos hoy en el tercer domingo del Adviento y la figura de la Santísima Virgen María desde el 8 de diciembre ya es la figura hermosa de este tiempo. María es modelo de espera gozosa en el Señor: ella esperó a su hijo como Madre, ella esperó a su Salvador como creatura.

    Las palabras del libro del Sirácide o del libro del Eclesiástico bien se pueden aplicar a la Virgen María Nuestra Señora de Guadalupe, son palabras tan agradables como las dichas a San Juan Diego: “Yo soy la madre del amor, de la esperanza, en mí está toda la gracia del camino y de la verdad, toda esperanza de vida y de virtud; vengan a mí, ustedes, los que me aman y aliméntense de mis frutos porque mis palabras son más dulces que la miel”. Este texto del Antiguo Testamento, la Liturgia de la Iglesia lo aplica y lo aplica muy bien a la Santísima Virgen María.

    La segunda lectura, tomada de la carta de San Pablo a los Gálatas exalta a la mujer que llevó en su vientre a  Jesús: “Envío Dios a su hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley para que rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos”, dice el apóstol. El hijo de Dios es enviado para hacernos hijos de Dios y  esta encarnación y redención se hace por la participación de una mujer: María Santísima. La Santísima Virgen María con su sí, con su aceptación del plan de Dios hizo posible que llegara hasta nosotros El Salvador, su sí fue definitivo en la  historia de la salvación, ella aportó el elemento humano para que llegara hasta nosotros la salvación.

    Y el Evangelio de este día nos habla de la prontitud para el servicio, así como de la fe y la humildad de María después de la Anunciación. Va a las montañas de Judea a visitar a su prima Isabel. «María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea», dice la narración del Evangelio de Lucas. No esperó a que la visitaran, ella es la que sale y camina para ir al encuentro de los necesitados. La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es la  de una mujer que está en cinta y que sale al encuentro de los demás. Nosotros también podemos ir en peregrinación, de suyo, mucho hermanos peregrinan a algún Santuario Guadalupano, a la Villa; aquí en Puebla, a Nuestra Señora de Guadalupe que está en el Paseo Bravo, al Seminario Palafoxiano. Podemos ir a saludar y venerar a la Virgen de Guadalupe, pero sobre todo vamos para estar seguros de que ella nos visita continuamente como visitó a su prima santa Isabel y fruto de ese encuentro nacen estas oraciones que ahora todos rezamos.

    El saludo de Santa Isabel a la Santísma Virgen María: Dios te salve María, llena de gracia, dichosa tú que has creído porque se cumplirá cuanto te fue anunciado por boca del Señor; bendita tú entre las mujeres, bendito el fruto de tu vientre, el Ave María. Y la respuesta a este saludo de Isabel es el Magnificat –o la Magnifica como le decimos a esta oración popularmente– que no es sino un himno de alabanza, de bendición, de acción de gracias, de la  Santísima Virgen María: “Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu se llena de alegría en Dios mi salvador porque puso los ojos en la  humildad de su esclava y desde ahora me llamaran ‘bienaventurada’ todas las generaciones porque El Poderoso ha hecho obras grandes en mí, Él que todo  lo puede» y fruto de este encuentro de la Santísima Virgen María con su prima Santa Isabel en las montañas de Judea brotan estas oraciones que ahora nosotros rezamos: el Ave María y el Magnificat. Pues recibamos con alegría a la Madre del Amor y digamos como Isabel: «Bendita, tú, entre las mujeres, bendito el fruto de tu vientre, quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme».

    Hoy le hemos pedido en la primera oración que le hemos dirigido a Dios nuestro Padre: “Señor, ya que has puesto a este pueblo tuyo de México bajo la especial protección de la Santísma Virgen María de Guadalupe, Madre de tu hijo, concédenos, por su intercesión, profundizar en nuestra fe y buscar el progreso de nuestra Patria por caminos de justicia y de paz. Esta que sea nuestra petición, queridos hermanos, a Dios Nuestro Padre, por intercesión de Nuestra Madre del Tepeyac en este día, sobre todo ante las dificultades, ante los problemas que estamos viviendo como Nación Mexicana. María de Guadalupe nos ha acompañado, ha caminado con nosotros como pueblo de México; desde sus primeras apariciones y después en momentos importantes de nuestro caminar como nación mexicana, pues que ella nos ayude a profundizar en nuestra fe, a crecer en nuestra fe y a buscar el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz. Y así, con esos sentimientos, queridos hermanos, vamos a continuar participando en nuestra Santa Misa Dominical ya continuar celebrando a nuestra Madre del Tepeyac.