Saltar al contenido

Homilía jul.10 / 2011

    arzobispoHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
    11 DE JULIO DE 2011

    Este domingo las lecturas bíblicas nos hacen reflexionar sobre el tema del sembrador, tanto la Primera Lectura del profeta Isaías como la lectura del Evangelio de San Mateo. La lectura del profeta Isaías dice: «como bajan del cielo la lluvia y la nieve y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar a fin de que de semilla para sembrar y pan para comer, así será la Palabra que sale de mi boca; no volverá a mí sin resultado sino que hará mi voluntad y cumplirá su misión». Después el Evangelio nos habla, en parábolas, de la eficacia de la Palabra de Dios, del sembrador y de la semilla; Jesús es el sembrador y la Palabra de Dios es la semilla, pero una semilla destinada a dar fruto. Como lo dice Jesús en la parábola, la cantidad de fruto que produce la Palabra de Dios en nuestras vidas, depende de la apertura para recibirla, es decir, de cómo está nuestro terreno.

    Detengámonos primero en la imagen del sembrador, que es un hombre que sale temprano al campo y esparce la semilla con generosidad, así es Jesús, Él quiere que todos se salven y tengan vida en abundancia, por eso reparte como sembrador la Palabra que libera y da vida. La Palabra de Dios se nos da en cada momento, como en la Celebración de la Eucaristía, antes e celebrar el rito sacramental del pan y el vino convertidos en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. En esta Celebración Eucarística la Palabra se nos da primero como alimento en la celebración de la mesa de la Palabra y después en la Mesa del Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Palabra de Dios se nos da también a través de la catequesis; de la predicación; del estudio y de la reflexión sobre la Sagrada Escritura, de este modo se nos da con frecuencia la Palabra de Dios; ojalá sea fruto abundante en nosotros.

    Detengámonos también en esa pequeña semilla, que aunque es apenas distinguible está destinada a dar mucho fruto, y ese fruto es el fruto de la conversión, del amor, de la paz y de la justicia. Esa semillita es la Palabra de Dios que, como decía, se nos da a cada momento. Detengámonos también en los diferentes tipos de terreno; el mismo Jesús explica en la parábola que unos granos cayeron a lo largo del camino pero en ese camino no hay tierra buena, esto pasa cuando oímos la palabra pero no hacemos ni el mínimo esfuerzo para profundizar y entenderla. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, tampoco éste es buen terreno, esto sucede las veces que recibimos la Palabra con entusiasmo pero sin comprometernos a fondo, la acogemos con alegría, nos lanzamos a vivirla y copartirala con otors pero ante las primeras dificultades nos marchitamos y dejamos que esas semillas se sequen. Otros granos cayeron entre espinos; es decir que recibimos la Palabra con alegría, dejamos que eche raíces, nos mantenemos firmes ate las dificultades que se nos presentan pero cuando llega la tentación nos damos por vencidos y nos dejamos atrapar y la Palabra de Dios termina por ahogarnos. La parábola nos dice también que otros granos cayeron en tierra buena, una tierra no pisoteada, sin espinas y sin piedras; esta tierra está bien preparada para recibir la Semilla de la Palabra y dar abundantes frutos, aqui están todos los que la oyen la entienden y dejan que dé fruto de obras buenas. Esta es la tierra que debemos ser, queridos hermanos, una tierra dispuesta a recibir la Palabra de Dios, hacerla germinar y permitir que dé frutos abundantes de vida eterna. A la luz de esta palabra, conviene que nos preguntemos qué tanto me esfuerzo por tener mi terreno limpio y bien abonado, qué tanto dejo que la Buena Semilla, la Palabra de Dios, produzca frutos de conversión, de amor, de paz y de justicia ¿Qué terreno soy? Si el pedregoso y espinoso que pica a la gente o si soy tierra buena, aquella que representa a quienes oyen la Palabra, la entienden, y dan fruto, el ciento por uno, otros el 60 y otros el 30, pero dan frutos de obras buenas.

    Esta es la reflexión que hoy nos hace la Palabra de Dios, y que a lo largo de nuestra vida se nos está predicando por medio de la Celebración y hasta de la oración, pues la Palabra de Dios también la podemos hacer oración desde el estudio de la Palabra; pensemos hasta qué  punto permitimos que esa palabra entre en nuestro corazón y dé frutos de obras buenas y pidamos al Señor que nos ayude a aprovechar la riqueza de esta semillita, pues nosotros tenemos la riqueza de la Palabra de Dios y también los Sacramentos, especialmente la via de la Eucaristía, pero la Palabra de Dios ilumina y precede nuestras celebraciones. La Iglesia nos pide que no celebremos rito Sacramental instituido por Cristo, sin antes detenernos en la mesa de la Palabra de Dios, por eso el Concilio Vaticano II, refiriéndose a la Sagrada Eucaristía, nos dice: «Nunca se acerquen a la mesa del Cuerpo y de la Sangre de Cristo si antes no se  han detenido a la mesa de su Palabra». la Celebración Eucarística está conformada por estos dos momentos que forman un solo acto litúrgico. Cada domingo nos acercamos a la mesa de su palabra y a la mesa de su Cuepro y de su Sangre. Que el Señor nos conceda apreciar la quiqueza de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, así le pedimos también para todoes estos niños que hoy están con nosotros y han venido para consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús y a la Santísima Virgen María, que que poco a poco y desde los primeros años, van a prendiendo a encomendarse a Dios y a la Santísima Virgen María a traves de la oración por excelencia para María, el Santo Rosario, ellos son todoa una Armada Blanca inocente que con  su oración piden a Dios por la paz del mundo y la unidad de nuestras familias. ¡Que el Señor también los bendiga!