Saltar al contenido

Homilía jun. 23 / 2011 Jueves de Corpus

    arzobispoHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
    23 DE JUNIO DE 2011

     

    Queridos hermanos, este día celebramos el misterio de la Salgre y el Cuerpo de Cristo, la Eucaristía, Sacramento en torno al cual gira la vida de toda la Iglesia. La Eucaristía es el Sacrificio de la Cruz y del Calvario, es un memorial que se sigue celebrando y perpetuando desde aquel Viernes Santo. Este día también que se perpetúa lo que Jesús realizó el Jueves Santo en el Cenáculo.

    La Eucaristía es una Celebración de alabanza, de bendición y de glorificación en el nombre de Dios pero principalmente de acción de gracias para Dios Padre por darnos a Jesucristo, nuestro Señor. La Eucaristía es un banquete, es el alimento espiritual, así como el maná que, según el Antiguo Testamento, comieron nuestros padres en el desierto, o como el pan que comió Elías y por el cual tuvo fortaleza para llegar al monte santo, o como el alimento al que se refiere Jesús cuando dijo a sus discípulos: «Denles ustedes de comer» cuando la gente no tenía más que unos cuantos panes y pescados y Jesús  lo multiplica. Todos estos alimentos sólo serían un signo de lo que fueron los dones espirituales que Jesús nos da, a través de su Iglesia, dones espirituales, los Sacramentos, especialmente el de la Eucaristía.

    En aquel Jueves Santo, y en torno de una mesa, un pan y un cáliz y junto con sus discípulos, Jesús instituyó su propia Pascua, al estar celebrando los acontecimientos salvíficos de la Antigua Alianza, es decir, las intervenciones de Yaveh  en favor del pueblo de la Antigua Alianza. En ese momento de la institución Jesús dice a sus discípulos: «hagan esto en memoria mía siempre que se reúnan a celebrar esto», desde entonces la Eucaristía ha alimentado a la Iglesia; la Iglesia vive de la Eucaristía.

     Las lecturas bíblicas que escuchamos vienen a iluminar este mometno celebrativo de toda la Iglesia Universal, los misterios Eucarísticos. La Primera Lectura dice: «Te dí un alimento que ni tú ni tus padres conocían»; en la Segunda Lectura dice: «el pan es uno y los que comemos de este pan formamos un solo cuerpo»; y el Evangelio dice: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida; yo les aseguro que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su Sangre, no tendrán Vida en ustedes; el que come mi carne y bebe mi Sangre tiene vida Eterna y yo lo resucitaré el último día. Este es el pan que ha bajado del Cielo,  y ya no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron, ahora quien coma de este pan vivirá para siempre». Tanto el maná, como el pan de que se alimentó Elías, y el pan que Jesús les dió el día de la multiplicación de los panes, permanecerán como un signo, un anuncio, una figura, o como una sombra del Pan Eucarístico.  La Eucaristía permanecerá como un Signo de lo que gozaremos en plenitud en la Eternidad,  es el Pan Vivo bajado del Cielo y nuestra comida espiritual, es el pan Eucarístico que acabará el día en que nos sentemos a la mesa con el Cordero para celebrar la Pascua Eterna.

    El texto poético y alegórico que escuchamos antes del Evangelio nos ayuda a  comprender este misterio: «Al salvador alabemos, que es nuestro pastor y guía, alabémoslo con himnos y canciones de alegría, gustosos hoy aclamamos a Cristo que es nuestro pan, pues Él es el pan de vida que nos da Vida inmortal, doce eran lols que cenaban y les dió pan a los doce; doce entonces lo comieron y después todos los hombres, hoy celebramos cono gozo la Institución de este Banquete Divino, el banquete del Seño».

    Aunque haya cosas que no entendamos, porque no alcanza la razón,  si las vemos con fe, entrarán en el corazón, pues las verdades más profundas y maravillosas se esconden bajo símbolos diversos y los signos  que realizamos en la Celebración Eucarística son los que se pronuncian en la consagración: «Tomó pan, dió gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos»; el ofertorio es la presentación de los dones y de las ofrendas: el pan y el vino, que son los signos de este Sacrametno; «dió gracias» este texto acompaña al gesto sacramental y ritual, es plegaria eucarística y  oración de alabanza, de bendición, de acción de gracias y de glorificación; «lo partió y lo dió a sus discípulos»  estas palabras son la fracción, la comunión de lo que celebramos en el Altar, el Sacramento, Sacrificio, Memorial y Banquete que después reservamos en el Tabernáculo y  en el Sagrario para los que no pueden venir para alimentarse de los frutos de este misterio, después reciban también los frutos de este Sacrametno: la comunión, a través de los sacerdots, religiosas y ministros de la Comunión; también es reservado para daerle culto solemnte a travé sde los jubileos eucarísticos y las procesiones con el Santísimo, como lo haremos al terminar nuestra Celebración.

    Estas son las razones por lo que reservamos lo que sucede en el Altar en el Tabernáculo y en el Sagrario, para que los que están ausentes no se priven de los frutos de este Sacramento aunque no puedan asistir a  la Celebración, sea por enfermedad o ancianidad . Ser reserva también para rendir fruto a este Sacramento fuera de la Celebración Ecuarística. El pan que baja del cCelo es comiudad de viajeros, pan para los hijos. Ten compasión de nosotros, buen pastor, pan verdadero, apaciéntanos, condúcenos al Cielo, que la Eucaristía sea nuestro alimento Espiritual mientras  peregrinamos por este mundo hasta que lleguemos algún día a celebrar este mismo misterio sentados con el cordero inmaculado  a la mesa de su Cuerpo y de su Sangre en la Eternidad