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Homilía jun. 24 / 2012, Solemnidad del Nacimiento de Juan el Bautista

    HOMILÍA DE S.E. MONS. EUGENIO LIRA RUGARCÍA
    OBISPO AUXILIAR DE PUEBLA
    SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DE JUAN EL BAUTISTA
    CICLO B – 2012

    Hoy, 24 de junio, celebramos la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, “cuya vida estuvo totalmente orientada a Cristo”[1], como recuerda el Papa. Efectivamente, Juan tuvo la misión de anunciar al Verbo encarnado. Por eso, “conmemorar su nacimiento significa en realidad celebrar a Cristo, cumplimiento de las promesas de todos los profetas”[2].

    El Bautista, pudo hacer suyas las palabras del salmo: “Tú formaste… soy un prodigio… Te doy gracias, porque me has escogido”[3]. ¡Sí! Juan fue elegido por Dios, para que con su predicación “reuniese a Israel”[4], y preparara “el camino delante del Mesías”[5], el salvador que Dios sacó de la descendencia de David[6].

    San Agustín explica que Zacarías perdió el habla hasta que nació su hijo Juan; entonces pudo hablar. “Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro”[7].

    Los Evangelios comienzan la narración de la vida pública de Jesús con el relato de su bautismo en el río Jordán por obra de san Juan. De Jerusalén y de todas las partes de Judea la gente acudía para escuchar a Juan Bautista y para hacerse bautizar por él en el río, confesando sus pecados (cfr. Mc 1, 5).

    La fama del profeta que bautizaba creció hasta el punto de que muchos se preguntaban si él era el Mesías. Pero él lo negó (cfr. Jn 1, 20), y con humildad y guiado por Dios, pudo reconocer al Mesías cuando éste recibió el bautismo, y luego, lo señaló como Hijo de Dios y nuestro redentor, exclamando: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29).

    “Como auténtico profeta –nos dice el Papa–, Juan dio testimonio de la verdad sin componendas. Denunció las transgresiones de los mandamientos de Dios, incluso cuando los protagonistas eran los poderosos”, como fue el caso de Herodes, a quien acusó de adulterio, y éste, finalmente lo mandó decapitar.

    Ciertamente, el ejemplo del mayor de los profetas, influyo en un hombre extraordinario que nació precisamente un día como hoy, pero en 1600; el beato Juan de Palafox y Mendoza, noveno Obispo de Puebla, quien años después exclamaría: “Goberné un tiempo la Nueva España entera, en lo espiritual y temporal Virrey, Arzobispo electo, Obispo de la Puebla, Visitador General y Juez de Residencia de tres señores virreyes, y todo andaba derecho… cada uno acudía a lo que le tocaba… porque sabían ellos que amaba lo bueno y aborrecía lo malo”[8].

    Pidamos al Señor que, por intercesión de san Juan Bautista y del Beato Juan de Palafox, seamos audaces y valientes discípulos y misioneros de Jesús, defendiendo y dando testimonio de la verdad sobre Dios y sobre la grandeza, dignidad y derechos de toda persona humana. Hagámoslo, a pesar de las dificultades, poniendo la mirada en la meta feliz que nos aguarda, y que hace que valga la pena el esfuerzo del camino.


    [1] BENEDICTO XVI, Angelus, Solemnidad de san Juan Bautista, Domingo 24 de junio de 2007.

    [2] Ídem.

    [3] Sal 138.

    [4] Cfr. 1ª Lectura: Is 49, 1-6.

    [5] Cfr. Mt 11, 9-10.

    [6] 2ª Lectura: Hch 13,22-26.

    [7] Sermón 293, 1-3.

    [8] Cargos y satisfacciones, n. 12.