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Homilía jun. 3 / 2012, Santísima Trinidad

    EscudoVictor

    HOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA
    ARZOBISPO DE PUEBLA,

    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL, EL 3 DE JUNIO DE 2012
    FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

     

    Hoy celebramos la festividad de la Santísima Trinidad y el próximo jueves la fiesta del “Corpus”, el cuerpo y la sangre de Cristo, una fiesta eucarística, una fiesta sacerdotal es una fiesta esencial.

    Hoy proclamamos que hay un solo Dios en tres personas distintas, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hoy proclamamos que Dios es creador, es el Señor de nuestra historia, es el dueño de la creación, es el Señor que tiene un plan de salvación sobre nosotros y sobre toda la creación. Hoy también proclamamos que Dios es Hijo, Jesucristo, nuestro salvador que viene a realizar la obra sacerdotal del Padre, que viene a realizar la obra redentora del Padre. Dios quiere que todos los hombres nos salvemos y lleguemos al conocimiento de la verdad y para eso envío a su Hijo al mundo.

    Y hoy también proclamamos que Dios es Espíritu Santo, que desde que Jesús subió glorioso a los cielos y nos envío a su Espíritu Santo, ese Espíritu de Jesús es el que gobierna, santifica, e ilumina a la Iglesia Católica de Jesucristo.

    Por eso hoy cantamos junto con los ángeles, los arcángeles y los santos: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos. Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. Ese es el misterio que hoy la Iglesia celebra, el misterio de la Santísima Trinidad.

    Por eso en la primera lectura escuchamos parte de un discurso, en el que recordamos que Dios se reveló como único y verdadero, que no tiene comparación, Él es el guía, el Señor de nuestra Historia, y nuestra historia es historia de salvación.

    Las grandes intervenciones de Dios, en favor del pueblo, de la antigua alianza y ahora de la nueva alianza, han transformado la historia. Todas estas intervenciones históricos-salvíficas de Dios a favor de su pueblo, son la expresión de su amor.

    Por eso dice el final de la primera lectura: , graba pues en tu corazón, su ley y sus mandamientos. No en una tabla, o en una roca, grábalo para tu corazón.

    En la segunda lectura San Pablo nos dice que si nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios, somos hijos de Dios y al ser hijos de Dios la situación del cristiano cambia totalmente, porque Dios se compromete con el hombre.

    Dice la segunda lectura: “El mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con Él para ser glorificados junto con Él.”

    Y en la tercera lectura, en el evangelio de hoy encontramos la expresión trinitaria, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La fórmula bautismal: . Su presencia a través de su Espíritu, de su Espíritu Santo, será definitiva en la vida de la Iglesia, en la vida del cristiano.

    Jesús pues cita a sus discípulos en Galilea, un lugar que trae buenos recuerdos, un lugar significativo. “Vayan por todo el mundo”, allí en esa región cercana al mundo pagano, Jesús comienza su misión, anunciando el Reino de Dios con signos y palabras. Los discípulos acuden gustosos, pero a la vez temerosos. ¿Para qué nos querrá?, ¿Por qué nos quiere ver precisamente en Galilea, porque nos cita en un monte?

    Jesús espera en la cima de la montaña a sus discípulos, a esos compañeros y amigos que llamo antes, también en la cima de un monte, para que estuvieran con él, para que convivieran con Él, para que los formara, ahí son convocados y enviados a predicar. Los ha convocado, porque sabe que sabe que esta por terminar su misión aquí en la tierra. Él tiene que regresar a la casa del Padre, pero no se quiere ir así nada más, su misión, el trabajo por el Reino tiene continuar, su obra tiene que continuar. Esa obra que Dios Padre, Dios Creador le había confiado hoy al regresar a la casa del Padre, tiene que continuar a través de sus discípulos y a través de su Iglesia en la tierra.

    Por eso los llama y les da una misión, les da una responsabilidad, primero los hace discípulos: “Vayan por todo el mundo, proclamen la Buena Nueva del Reino”. En segundo lugar, a enseñar todo lo que han aprendido de Él, su amor, su entrega, su compromiso por la vida, su compromiso por la salvación de las almas.

    En tercer lugar a bautizar: “Bauticen en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, para vivir como hijos y a ser Iglesia, a ser comunidad, a ser pueblo Santo.

    Los manda también a traspasar la frontera, a llevar la buena nueva a todas las naciones, ya no solamente al pueblo escogido por Dios, al pueblo de la herencia y las promesas, al pueblo de Israel, sino a todas las naciones, y finalmente los manda a dar testimonio de que Él esta vivo y que permanecerá con nosotros, hasta el fin del mundo.

    Esa es la misión que Jesús les confía a su Iglesia en la Tierra, esa es la misión que Jesús les confía a sus discípulos. Jesús resucitado, Jesús que subió glorioso a los cielos. Ahora llama a sus discípulos a continuar su obra y la Iglesia, los creyentes, también hemos recibido esta misión, ¿Cómo podemos responder a esta misión? El señor nos llama, el Señor nos dirige, nos hace sus discípulos, el Señor nos envía como alegres misioneros.

    Pues pidámosle al Señor queridos hermanos en esta nuestra Santa Misa Dominical y al celebrar esta fiesta tan hermosa de la Santísima Trinidad, que nos conceda a todos, reconocer la Gloria de la eterna Trinidad y adorar la unidad de su majestad Omnipotente. Y así con estos sentimientos vamos a seguir participando de nuestra celebración.