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Homilía mar. 11 / 2012

    EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
    EL 11 DE MARZO DE 2012
    3ER. DOMINGO DE CUARESMA

    Queridos Hermanos hoy iniciamos nuestra tercera semana de cuaresma, y el próximo viernes ya es el cuarto viernes de cuaresma, después el quinto viernes, y así habremos llegado a los dos viernes más importantes del año: el viernes de dolores y el viernes Santo. Seguimos pues, caminando por el camino de la cuaresma, para llegar a los días tan hermosos de la Pascua.

    Las lecturas bíblicas durante estos días y sobre todo estos domingos, siguen presentándonos la historia de la salvación en una síntesis. Hoy escuchamos en la primera lectura: como el pueblo de Dios, el pueblo de la antigua alianza en un momento de su historia, recibe de Dios, los 10 mandamientos; que el escritor sagrado del éxodo ubica en el contexto del Sinaí.

    El pueblo va camino hacia la tierra prometida, se trata de construir un pueblo que camina hacia la libertad. Y ahora ese pueblo recibe los mandamientos, mandamientos que todavía ahora son mandamientos nuevos: “No tendrás otro Dios fuera de mi; no adorarás a otro Dios, que yo soy un Dios celoso; no harás mal uso del nombre del Señor tu Dios; es decir no jurarás el nombre de Dios en vano; santificaras las fiestas; honrarás a tu padre y a tu madre para que vivas largos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar; no matarás; no cometerás adulterio; no robarás; no darás falso testimonio contra tu prójimo; no codiciarás la casa de tu prójimo, ni a su mujer, ni a su esclavo, ni a su esclava, ni su buey, ni su burro, ni cosa alguna que le pertenezca».

    Y estos mandamientos que el Señor da al pueblo de la antigua alianza y al Sinaí: hoy son los mandamientos que todos debemos de seguir mis queridos hermanos. Y quien cumple estos mandamientos, que se encierran en dos: “Amarás a Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con todo tu ser y amarás a tu prójimo como a ti mismo; el que cumple este mandamiento del amor, cumple los demás mandamientos, ese cumple también los mandamientos de no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio contra tu prójimo. Son mandamientos pues antiguos, pero son mandamientos y todos los conocemos, todos sabemos cuales son los mandamientos que tenemos que cumplir. Hoy lo escuchamos en la primera lectura, es la ley dada por Dios a Moisés, en el monte Sinaí, y así venimos siguiendo esta síntesis de la historia de la salvación: la alianza de Dios con Noe, la alianza de Dios con Abraham, la alianza de Dios con Moisés. Y pondré mi ley en su corazón no tanto en estas piedras, sino en tu corazón.

    En la segunda lectura que escuchamos, el apóstol san Pablo, nos revela, que la inmolación de Jesús sobre la cruz: “es escándalo para los judíos y locura para los paganos; pero, para los llamados, Cristo  es fuerza y sabiduría de Dios”. Y comprender esto es descubrir la sabiduría de Dios: “predicamos” dice San Pablo, “a Cristo crucificado escándalo para los hombres, pero Sabiduría de Dios para los llamados… los judíos exigen señales milagrosas y los paganos piden sabiduría. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos; en cambio, para los llamados, sean judíos o paganos, Cristo es la fuerza y la sabiduría de Dios. Porque la locura de Dios – si es que hay locura en Dios; pero dice San Pablo-: es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios –si es que hay debilidad en Dios- es más fuerte que la fuerza de los hombres”.

    Y en la tercera lectura, después de los dos pasajes del evangelio; hemos escuchado el primero y el segundo domingo de cuaresma las tentaciones de Jesús en el desierto y la transfiguración de Jesús en el monte Santo, ante sus apóstoles: Pedro, Santiago y Juan.

    Hoy empezamos tres catequesis: el tercer domingo, cuarto domingo y quinto domingo; tres catequesis sobre la vida de Jesús, sobre la figura de Jesús. Esta primera es cuando Jesús corre del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas con sus mesas. Jesús es el centro del relato del evangelio que escuchamos hoy; y se presenta con autoridad para purificar el templo; porque dice es la casa mi Padre, es casa de oración. Y por eso expulsa a los mercaderes y a los animales destinados al sacrificio, pues ahora será él quien se ofrecerá en sacrificio por todos. “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”: este es el mensaje del evangelio, un templo nuevo, después de la llamada a los primero discípulos, después de las bodas de Cana; donde Jesús realizó las primeras señales milagrosas, encontramos este episodio de la expulsión de los mercaderes del templo.

    ¿Qué significa este gesto duro e inesperado de Jesús?, ¿Qué ha sucedido para que la mano que acariciaba a los niños y tocaba a los leprosos, ahora tome un látigo para expulsar a los mercaderes del templo?  Juan hace referencia del salmo 69, que dice: “El celo de tu casa me devora”, mi casa es casa de oración, mi casa; el templo, es la casa de mi Padre. El gesto de Jesús se sitúa en la línea de los grandes profetas de Israel, que se opone a que el Santo nombre de Dios, se convierta en un ídolo.

    Al situarlo al comienzo del evangelio el relato puede contener un significado programático, de presentación de la figura de Cristo. Y es lo que decía: hoy iniciamos tres catequesis, los tres últimos domingos de cuaresma, sobre la figura de Jesús. Para que ya en los días de la pascua, celebremos a este Jesús. Y esto es desde el principio de la vida de la iglesia, para que quienes escuchen estas tres catequesis sobre la vida y figura de Jesús; reciban el bautismo en la vigilia pascual en nombre de Él.  Y al mismo tiempo Jesús introduce un elemento nuevo que no estaba presente en la narración de los evangelistas, inmediatamente después de la expulsión del templo, hay un debate con los judíos, acerca de la destrucción del templo de Jerusalén y su reedificación, en el que Juan acaba diciendo: “que Jesús hablaba del templo de su cuerpo”, del templo espiritual, no tanto del templo material.  Un tema que vuelve a ser tomado poco después en el diálogo con la samaritana: “créeme mujer, ha llegado ya la hora en que para dar culto al padre, no tendrán que subir a esta montaña, ni ir a Jerusalén;  adorarán al Padre en espíritu y en verdad.

    En las bodas de Cana, Jesús mostró que él tenía un vino mejor, que  ya no podía ser contenido en odres viejos, sin hacerlos reventar, el vino nuevo en odres nuevos. Y en este pasaje de la expulsión de los mercaderes, Jesús hace reventar, el viejo y suntuoso templo de Jerusalén: los que adoran al Padre en espíritu y en verdad, ya no necesitan del templo material. El templo espiritual es la comunidad, es la asamblea: es la Iglesia. Que necesitamos de estos espacios, sí, pero el templo material, porque el templo espiritual, somos nosotros, congregados por el Señor en torno a la mesa de la Palabra y en torno a la mesa del cuerpo y la sangre de Cristo.  El templo material pasa a un segundo plano, tiene un significado funcional, pero el encuentro privilegiado del encuentro con Dios, no es ya un lugar material; a Dios se le encuentra entre piedras vivas, entre hombres y mujeres que se reúnen alrededor de Jesús muerto y resucitado. Este es el templo espiritual; la iglesia, la comunidad. Pues ese es el  mensaje que en este tercer domingo de cuaresma, queridos hermanos nos da la palabra de Dios.

    Por eso le vamos a pedir al Señor: Dios, misericordioso, fuente de toda bondad, que nos has propuesto como remedio del pecado en este tiempo de cuaresma: el ayuno, la oración y las obras de misericordia. Mira con bondad a quienes reconocemos nuestros pecados y estamos agobiados por nuestras culpas, reconfortándonos con tu amor.

    Esta que sea nuestra petición, al iniciar en este tercer domingo de cuaresma, nuestra tercera semana  y seguiremos adentrándonos en este tiempo de gracia, de reconciliación de perdón, que es la cuaresma.

    Por otro lado, queridos hermanos, el jueves pasado celebramos el Día Internacional de la Mujer y quisiera compartir con ustedes el mensaje que he dado a todas las mujeres.

    He dicho lo siguiente: Celebramos el día internacional de la mujer, fecha que nos invita a tomar mayor conciencia de la grandeza y dignidad de toda mujer, creada por Dios a imagen y semejanza de Él. Yo siempre he dicho que la mujer es el signo de unidad en la familia. La Biblia nos ofrece el testimonio de grandes mujeres y en general la historia de la salvación: la Magdalena, Teresa de Ávila, Teresa de Calcuta, pero sobre todo la Virgen María. “Jesús el hijo de Dios nacido de una mujer”, como dice la carta a los Gálatas: “con su propio ejemplo, es para todos modelo de respeto y amor hacia toda mujer y hacia cada mujer”.

    Estos días cuando celebrábamos también el día de la familia, decía que el modelo de nuestras familias es la Sagrada Familia de Nazareth. Formada nada menos que por Jesús, Maria y José. Y ahora Maria es modelo, no solo para la mujer, sino para todos nosotros, de aceptación de la voluntad de Dios, de dedicación al trabajo, de vida de oración, de Madre.

    Jesús nos enseña lo mucho que debemos  valorar a la madre, a las esposas, a nuestras hermanas e hijas y a toda mujer.

    Admiro a las mujeres indígenas, campesinas, profesionistas, consagradas, trabajadoras domésticas, obreras, y a las que aportando su creatividad en el campo de la ciencia, de la tecnología, del pensamiento, de las comunicaciones, de la educación, del derecho, de la cultura, del arte, del deporte. Y que trabajando en generosas obras de evangelización y asistenciales han sido caricias de Dios para innumerables niños, jóvenes, adultos, enfermos y ancianos. Dándoles educación, consuelo, ternura, y aliento.

    Sin embrago las circunstancias de muchas mujeres ha sido adversas y difíciles. También lo ha sido el proceso de reconocimiento de sus derechos, en la creación de una cultura, en la que cada mujer sea reconocida, valorada y respetada; es indispensable que las mujeres mismas valoren su propia identidad, se respeten a si mismas y que vivan en plenitud su feminidad.

    Y que los hombres valoremos y respetemos a todas las mujeres. Ojala que todos hagamos algo para que realmente el día que celebramos el Día Internacional de la Mujer, sea un paso adelante en la defensa de la dignidad y  de los derechos de las mujeres.

    Repito mi admiración a toda mujer: a la mujer madre, a la mujer indígena, la mujer  campesina, a la mujer consagrada, a la mujer profesionista, trabajadora doméstica, a la mujer que esta en la educación, en la tecnología, en la ciencia, en los medios de comunicación, en el derecho, en la cultura, en el arte, en el deporte, en todos los campos de nuestra sociedad, que el Señor las bendiga, que el Señor nos bendiga a todos. Que el Señor bendiga a nuestras familias.

    Con estos sentimientos queridos hermanos vamos a continuar participando en nuestra Santa Misa Dominical.