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Homilía mar. 18 / 2012

    EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL
    , EL 18 DE MARZO DE 2012
    4°. DOMINGO DE CUARESMA

    Iniciamos hoy queridos hermanos nuestra cuarta semana de cuaresma, seguimos nuestro camino cuaresmal, hasta llegar a los días santos de la semana mayor, de la Semana Santa.

    Hoy en la primera lectura se nos presenta la realidad del hombre ante Dios, se presenta con una pesada carga de infidelidades. Y la respuesta de Dios es una sana pedagogía, colmada de amor y misericordia, que recuerda nuestra esperanza. La ira del Señor, dice la primera lectura, desterró a su pueblo, pero su misericordia lo liberó. El pueblo multiplicó sus infidelidades, practicando todas las abominables costumbres de los paganos y mancharon la casa de Dios. 

    Pero el señor Dios de sus padres los exhortó, continuamente por medio de sus mensajeros, porque sentía compasión de su pueblo y quería preservar su Santuario. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de dios, despreciaron sus advertencias, se mofaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo llegó a tal grado que ya no hubo remedio.  Entonces, envió otros mensajeros y el Señor se arrepintió de castigar al pueblo. Como hemos reflexionado en estos días de cuaresma: cuando el Señor Dios, lleno de bondad, lleno de su misericordia, se encuentra al hombre pecador, pero que se arrepiente de sus pecados, que le pide perdón por sus pecados, lo perdona misericordiosamente. Por eso decía ante las infidelidades del pueblo, ante las infidelidades de los hombres la respuesta de Dios está siempre en el amor y la misericordia.

    Desde el principio de la cuaresma la iglesia nos invita a entrar en ese camino de conversión, de reconciliación, a retornar a la casa del Padre. Y al inicio de la cuarta semana, nuevamente deben seguir resonando las palabras del Señor y su invitación: Arrepiéntanse, conviértanse, vuélvanse a mí, que soy un Dios compasivo y misericordioso.

    En la segunda lectura escuchamos: el apóstol san Pablo, nos presenta el amor salvífico y misericordioso de Dios, manifestado gratuitamente en Cristo; Dios nos amo tanto -dice San Pablo- que nos envió a su hijo Jesucristo, y Cristo nos amó tanto que murió por nosotros. Por medio de Cristo, nos hace entrar en una nueva vida; esta salvación no es un derecho que se exige, es un don que viene de Dios. Dice el apóstol en la segunda lectura que escuchamos: “La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y Él nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya, hemos sido salvados –no por nuestros méritos, por pura gracia, por pura  generosidad suya-  Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado y con Él nos ha reservado un sitio en el cielo. Así, en todos los tiempos, Dios muestra, por medio de Jesús, la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros. En efecto –termina diciendo el apóstol San Pablo a los cristianos de Éfeso-  ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios. Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir, porque somos hechura de Dios, creados por medio de Cristo Jesús, para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.” Esta es la recomendación y la reflexión del apóstol que hace a los cristianos de Éfeso, y ahora nos hace bien, a nosotros.

    Y la tercera lectura, que escuchamos, el Evangelio; San Juan nos reporta el máximo regalo de Dios a la humanidad: su hijo, es el culmen del amor de Dios a los hombres, un amor sin límites y la finalidad de esa donación es para que todo el que crea en Cristo, tenga vida eterna.  Dios envió a su hijo, dice el evangelio: envió a su hijo al mundo, para que el mundo se salve por Él; por eso decía la prueba máxima del amor de Dios es el habernos enviado a su hijo Jesucristo y la prueba máxima del amor de Jesucristo es haber muerto por nosotros en la cruz. Y eso, hermanos, es haberse quedado en medio de  nosotros a través de  las especies eucarísticas.

    El amor de Dios nuestro, se expresa fundamentalmente en el envío de su hijo, en medio de nosotros, esa presencia de Jesús en la historia, que es historia de salvación, es la medida de su amor por el mundo. Cada gesto, cada palabra de Jesús, manifiesta la amistad de Dios, manifiesta el amor de Dios. La fe significa: acoger ese amor que nos salva, acoger ese amor que nos da, desde hoy la vida eterna.

    La voluntad salvífica de Dios no excluye a nadie, la salvación es para todos;  la salvación es su libertad, la salvación es para todos los pueblos de la tierra. Pero ese designio, debe ser aceptado libremente, podemos aceptar o no aceptar ese designio de salvación, pero eso significa rechazarlo, en cierto modo juzgarse a sí mismo y preferir las tinieblas que la luz. Esta es una de las imágenes mas frecuentes de Juan para hablar de Cristo: Él es la luz, la oscuridad es el mundo del rechazo al amor de Dios; vino a lo suyos y los suyos no lo recibieron. Y no aceptar el amor de dios, es no aceptar la salvación, no aceptar la vida: la vida eterna. Juan precisa: “rechaza la luz porque  sus obras son malas”, el terreno de las obras es definitivo en materia de fe, allí se juzga en última instancia la aceptación o el rechazo de Cristo. Aborrecer la luz y obrar mal, son sinónimos, es más, hay quienes se niegan a ir a la luz para que sus obras no muestren lo que son. Por eso el texto del evangelio que escuchamos como tercera lectura, termina con una afirmación decisiva: “El que obra al bien conforme a la verdad, se acerca a la luz para que vea, que sus obras están hechas según Dios”. La verdad no sólo se piensa y se acepta, se obra, se actúa y ella debe de transmitirse en acciones concretas, en compromiso, en solidaridad.

    La fe queridos hermanos, la fe cristiana, significa creer en aquél que llevo a cabo una acción, envió a su propio hijo; decía que es la prueba máxima del amor de Dios, el que nos haya enviado a su hijo Jesucristo.  Y expresar nuestra fe en un Dios que manifiesta su amor a través de obras. Todo es posible también por medio de obras. Y el evangelio de este domingo nos invita a recibir la luz y a obrar la verdad en todos los ambientes de nuestra vida.

    Por eso, hoy le vamos a pedir al Señor, en el cuarto domingo de cuaresma, inicio de nuestra cuarta semana: que nos conceda a todo el pueblo cristiano prepararnos con fe viva y entrega generosa para celebrar las fiestas de la Pascua. Y la iglesia nos ofrece los medios para prepararnos a estas fiestas anuales de la pascua, la oración, la vida sacramental, las obras buenas; y también las prácticas de cuaresma: los pequeños ayunos, las pequeñas abstinencias, los pequeños sacrificios, las pequeñas mortificaciones, pero sobre todo, lo he insistido mucho en estos domingos de cuaresma: la oración, la vida sacramental y las obras buenas.

    Por  otra parte queridos hermanos, a unos días de la llegada del querido Papa Benedicto XVI,  que viene a un lugar concreto, pero que viene a México. Nosotros ya tuvimos la dicha de recibirlo, esta zona donde va ir ahora, es la zona centro de nuestra patria, es la zona más religiosa: todo el bajío, los altos de Jalisco, Aguascalientes, es la zona de mártires; y  el Papa Juan Pablo II no pudo ir a esa zona, por eso ahora se sentó ya que por su salud el Papa Benedicto XVI no puede ir a la ciudad de México, pueda ir a una zona muy católica, muy religiosa y que no ha tenido la dicha de ver al Santo Padre.

    El Santo Padre sin duda, para muchos de nosotros es la figura del Papa, pues es una figura que nos atrae y así han sido los últimos papas.  Si pensamos por ejemplo en Juan XIII, el Papa bueno, el Papa que cita a un Concilio, el Papa que abre las puertas de la iglesia y que dice “hay que abrir las puertas al Espíritu Santo”; el Papa Paulo VI, el Papa del Concilio, el Papa del cambio; el papa Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, que en un mes, con una sonrisa se ganó al mundo entero; y el papa Juan Pablo II, nuestro queridísimo Beato ahora, pues es el Papa misionero, el Papa peregrino, el Papa itinerante, el Papa mexicano, como el mismo se llamo.  Y ahora, nuestro querido Papa Benedicto XVI, es el Papa teólogo, intelectual, académico; al que según las estadísticas, van muchos fieles y muchas personas, que ni siquiera son creyentes a escuchar sus catequesis a escuchar sus mensajes. Es una papa que nos llego de Alemania, fue el menor de sus tres hermanos, su padre era un policía rural y a causa de su abierta oposición al nazismo, se vio obligado a trasladarse con su familia de un lugar a otro. Orientado por su párroco el pequeño Joseph Ratzinger, ingresó al seminario, siguiendo a su hermano Georg, también ahora sacerdote. Al poco tiempo estalló la segunda guerra mundial, entonces él y sus compañeros fueron obligados a reclutarse en los servicios antiaéreos, tenía 16 años  “aquellas semanas –describe-  han permanecido en mi memoria como un recuerdo atroz. En 1945 decidió regresar a casa, pero al poco tiempo, con la llegada del ejército americano fue llevado a un campo de prisioneros de guerra, sin embargo aún en esa nueva adversidad no se dejó desalentar, participaba en la misa y con otros compañeros organizaba conferencias a fin de no atrasarse en sus estudios, finalmente una vez liberado, pudo continuar su formación hasta que recibió la ordenación sacerdotal junto a su hermano en 1951.

    Luego de haber servido como Vicario Parroquial, comenzó su brillante carrera como catedrático, primero en el seminario Freising, después en las más prestigiadas universidades de Alemania: Universidad de Bonn, Tübingen, Ratisbona y en las principales universidades eclesiásticas de Roma y del mundo entero. Además se convirtió en un gran escritor, ha publicado una gran cantidad de libros, de sus últimos y más hermosos, Jesús de Nazareth, que ojala todos pudiéramos leer. Pero escribió también un libro llamado “Introducción al Cristianismo” traducido a más de 17 idiomas, en el que nos dice: “es tiempo de encontrar de nuevo el coraje del anticonformismo”.

    Ese es el Papa que ahora nos visita, a partir del próximo viernes y durante el fin de semana. El papa, –repito- teólogo, intelectual, académico pero también pastor, que ha realizado un gran número de viajes. Por su avanzada edad y por salud,  los viajes intercontinentales no los realiza con mucha frecuencia. Pero el próximo fin de semana estará en medio de nosotros. Ojala todas nuestras familias poblanas podamos escuchar sus palabras y podamos escuchar su mensaje con atención. Pues démosle la bienvenida como Iglesia que peregrina en Puebla, como lo hemos visto ya en muchos lugares: mantas, bardas, cartelones; Bienvenido Papa Benedicto XVI, bienvenido a México.

    Pues con estos sentimientos queridos hermanos, vamos a continuar participando de nuestra Santa Misa.