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Homilía may. 29 / 2011

    arzobispoHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
    29 DE MAYO DE 2011

    Queridos hermanos, escuchamos en la Monición a la Primera Lectura que Felipe predicaba en Samaria a Cristo y la multitud le escuchaba con atención; la multitud había oído hablar de los milagros que hacía, y los estaban viendo. Los milagros que los discípulos hacían no eran en nombre propio sino en nombre de Jesucrito; de muchos poseídos salían espíritus inmundos lanzando gritos; los paralíticos quedaban curados, y estos hechos despertaban alegría en aquellas ciudades, según narra el autor del Libro de los Hechos. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalem se enteraron de que Samaria había recibido la Palabra de Dios enviaron a Pedro y a Juan, quienes al llegar oraron por quienes que se habían convertido para que recibieran al Espíritu Santo, aquellos convertidos habían sido bautizados en el nombre de Jesús y ahora Jedro y Juan les imponen las manos y ellos reciben al Espíritu Santo.

    Este texto fundamenta el Sacramento de la Confirmación, los apóstoles imponían las manos a quienes ya habían sido bautizados, confirmándolos en su fe y recibiendo al Espíritu Santo; es por esta razón que la Confirmación es el Sacramento del Espíritu Santo, no por que los demás Sacramentos no nos den al Espíritu Santo, todos los Sacramentos nos dan la Gracia necesaria para ser fieles a nuestra vida de hijos de Dios e hijos de la Iglesia pero la Confirmación es Sacramento del Espíritu Santo.

    La Segunda Lectura es una recomendadión en la que el apóstol San Pedro llama a quienes ya aceptaron la fe: «Veneren en sus corazones a Cristo Señor, dispuestos siempre a dar razones de su esperanza al que las pidiere; pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. Así quedarán avergonzados quienes denigran la conducta cristiana de ustedes; mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Cristo murió una sola vez y para siempre por los pecados de los hombres», el Justo murió por nosotros los injustos, pero resucitó glorificado para llevarnos hacia Dios. Pedro invita a que estén dispuestos siempre a dar las razones de su fe y de su esperanza en ese Jesús muerto y resucitado.

    En el Evangelio de hoy escuchamos palabras de despedida de Jesús hacia sus discípulos: «Salí del Padre y tengo que regresar a la casa del Padre porque en su casa hay muchas habitaciones, y les voy a preparar una; no los abandono, me voy al Padre para enviarles al Espíritu Satno y Él les enseñará las demás cosas». El próximo jueves ya es jueves de Ascención, día en que se cumplen 40 días de haber celebrado a Jesús resucitado y el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que a los 40 días Jesús subió glorioso a los cielos; aunque esta fiesta la trasladamos hacia el domingo siguiente, en ocho días, para que todos celebremos esta fiesta; diez días después estaremos celebrando las fiestas del Espíritu Santo, y así clausuramos las fiestas de la Pascua. Jesús sabe, pues, que se acerca la hora de dejar este mundo e ir hacia el Padre; se despide de sus discípulos, se prepara y los prepara para vivir con fe y esperanza este trance que es difícil y desconcertante.
    Como sabemos, la salida de Jesús de este mundo no es propiamente una salida triunfal, sino una salida que pasó por la Cruz con insultos, y desprecios, sin emJesús invita a sus discípulos a no tenre miedo, a seguir apostando por el amor, servicio y entrega a los demás, por eso les dice a sus disipulos «Si me aman cumplirán mis mandamientos». Quizá la situación de incomprensión, de persecución que viven los discípulos invita al desquite, a la revancha al odio, pero Jesús insiste en el amor; tal vez la situación invite a olvidarse del Señor, pero Jesús no deja de jacer oración «Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de verdad». Los disípulos no sólo tienen miedo al desamparo, sino también a la obscuridad, a no poder ver, a quedarse sin rumbo, pero Jesús los consuela «Dentro de poco el mundo ya no me verá pero ustedes sí porque Yo permanezco vivo en mendio de ustedes y ustedes también vivirán. Me voy pero les recomiendo que se amen los unos a los otros como yo los he amado; al que me ama, lo amará mi Padre, Yo también lo amará y me manifestaré a Él. Sabemos que se refiere al mandamiento del amor, mandamiento que sigue siendo el principal, siempre antiguo y siempre nuevo; es el testamento que nos deja Jesús, dejarnos llevar por el Espíritu de la Verdad es no temer al desamparo, vivir como cristianos, su Testamento es claro. Ojalá podamos pedir al Señor que nos conceda abrir nuestro corazón para que su Espíritu ilumine nuestro corazón y nuestro interior para que podamos dar testimonio de nuestra fe.

    Para nuestros hermanos de la Pastoral de la Salud este es un hermoso pasaje del Evangelio que pueden aplicar muy bien a su servicio para los hermanos enfermos y ancianos, a quienes visitan en los hospitales; que el Señor , que nos ha dejado este mandamiento, nos de fuerza para cumplirlo a plenitud.