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Homilía nov. 14 / 2010

    EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL
    Domingo 14 de noviembre de 2010

     

    Queridos hermanos:

    Estamos ya prácticamente al final de nuestro Año Litúrgico Cristiano, dentro de ocho días estaremos clausurando con la  fiesta tan hermosa de Cristo Rey, nuestro Año Litúrgico y estaremos proclamando que Cristo es el Rey del Universo, que Cristo es el Rey de nuestro corazones, que Cristo es el Rey de nuestras familias. Hoy es pues el penúltimo domingo del Año Litúrgico y dentro de ocho días estaremos clausurando este ciclo anual de celebración de los misterios de Cristo.

    Y dentro de quince días empieza nuestro camino por el Adviento para llegar a los días tan  hermosos de la Navidad;  dentro de quince días ya es el primer domingo del Adviento y empieza, repito, nuestro camino de Adviento para llegar a las fiestas tan hermosas de la Navidad, por eso el tono de las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar: Hablan del final de los tiempos; si estamos al final del Año Litúrgico éste es el tema de las lecturas bíblicas: “Estén preparados,  estén alertas; el Día del Señor está cercano, ya viene el Día del Señor”  dice la Primera Lectura  “ardiente como un horno y todos los soberbios y malvados serán como la paja; el Día que viene los consumirá, dice el Señor de los ejércitos,  hasta no dejarles ni raíz ni rama; pero para ustedes  los que temen al Señor brillará el Sol de justicia que les traerá la salvación en sus rayos. Y la Tercera Lectura, la lectura del Evangelio: “Estén atentos y levanten la cabeza porque se acerca la hora de su liberación”; pero al hablarnos la Palabra de Dios de estos temas: final del Año Litúrgico, final de los tiempos y principio de la salvación, nuestra fe tiene que estar puesta en Jesús.

    Hoy escuchamos en el Evangelio cómo Jesús ha llegado a Jerusalén y sus apóstoles que lo acompañan contemplan admirados las tiendas y ofrendas que adornan el templo de Jerusalén; ésa majestuosa construcción  que se había convertido en motivo de orgullo, de presunción  y de falsa seguridad nacional ha pasado a ser, como el mismo Jesús les dice,  “cueva de ladrones”. La mirada de Jesús va mas allá: detrás de esas piedras ve la maldad en que han caído las autoridades del templo y cómo la institución se ha alejado del proyecto de Dios y Jesús no duda en denunciar esta situación, aun a costa de su propia vida. “Días vendrán –les dice–  en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando: todo será destruido” y ese templo está destruido. El judío espera la reconstrucción de su templo, el judío espera que venga el Mesías para que les reconstruya y les devuelva su templo profanado; por ahora es una explanada amurallada, pero “ese templo –dice el pueblo judío– ese templo será devuelto y será reconstruido por el Mesías”.

    El fin del mundo edificado sobre la violencia y la mentira aún no ha llegado pero está en germen, todo lo que hemos visto de violencia y de mentiras y de maldad algún día terminará; por eso Jesús invita a sus discípulos a estar vigilantes y a no creer en falsos mesianismos y por eso les dice a sus discípulos: “Cuídense de que nadie los engañe porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán «yo soy el Mesías, el tiempo ha llegado pero no les hagan caso» así como a no dejar que el pánico los domine ante situaciones de guerra,  hambre, enfermedad y muerte;  por si esto fuera poco insiste en que  se mantengan firmes y den testimonio en medio de las persecuciones. “Antes de todo esto los perseguirán –les dice Jesús a los discípulos– los apresarán, los llevarán a los tribunales y a la cárceles y los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa mía, con  esto darán testimonio de mí”. No sabemos qué cara pusieron los discípulos al escuchar estas palabras  tan duras, probablemente fueron de asombro o terror; pero Jesús los consuela y los alienta: “grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa porque yo les daré palabras sabias a las que no podrá resistir ni contradecir ninguno de los adversarios de ustedes. Al final, todavía Jesús les habla de lo que les espera: traiciones, odios, muertes que enfrentarán por su causa; pero insiste nuevamente en el cuidado, la atención y esperanza que viene de Dios: no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes, si se mantienen firmes conseguirán la vida eterna.

    Ésta es la enseñanza, queridos hermanos, que hoy nos da la Palabra de Dios. Vamos a pedirle al Señor, en nuestra santa Misa dominical, que nos dé su gracia para que sepamos discernir los signos de los tiempos que estamos viviendo, para que hagamos a un lado aquello que nos trae muerte y destrucción y que pongamos la fe y la esperanza sólo en Cristo Jesús, el nuevo templo del Espíritu. Nosotros proclamamos a un Jesús vivo, nosotros no tenemos, como cristianos, como nuevos discípulos de Jesús, que entrar en ese ambiente y en esa cultura de muerte y destrucción, sino proclamamos el Evangelio de la vida, proclamamos el Evangelio de la familia, proclamamos los valores morales y cristianos.

    Hoy, el Colegio Bíblico Diocesano celebra su XII Asamblea Diocesana de Centros de Formación Bíblica; veo a muchos hermanos de muchas parroquias (hay 45 colegios bíblicos en toda la arquidiócesis y alrededor de unos 6500 alumnos en nuestros colegios bíblicos diocesanos) hoy van a estudiar este documento tan hermoso y tan actual: Verbum Domini que es el documento postsinodal del Sínodo Mundial de los Obispos sobre la Palabra de Dios; el Santo Padre nos lo acaba de regalar hace algunos días, tres, cuatro días. Y ojalá este día de estudio, de reflexión, de convivencia sea precisamente para que todos valoremos la importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida, la Palabra celebrada, la Palabra orada, la Palabra meditada, la Palabra estudiada. Fíjense qué coincidencias, el Concilio  Vaticano Segundo nos presentaba aquel documento tan hermoso Dei Verbum y ahora, poco más de cuarenta años después, la Iglesia, el Papa, después del Sínodo Mundial de los Obispos sobre la Palabra, nos presenta el documento Verbum Domini: Palabra del Señor. Pues que ojalá, repito, valoremos la importancia de la Palabra de Dios en nuestras vidas y la Palabra que nos lleva a la celebración, que nos lleva a la celebración de los sagrados misterios de nuestra fe. Pues con esos sentimientos, queridos hermanos, vamos a continuar participando en nuestra santa Misa.