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Homilía oct. 31 / 2011

    EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
    ARZOBISPO DE PUEBLA,
    PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL, EL OCTUBRE 31 DE OCTUBRE DE 2011

     

    A la luz de la Palabra de Dios que acabamos de celebrar en la Primera Lectura, tomada del libro del profeta Malaquías, escuchamos que Jesús exhorta al  pueblo sacerdotal de la Antigua Alianza, el profeta se dirige a esta casta levítica y sacerdotal y le dice: «Ahora les voy a dar a ustedes, sacerdotes, estas advertencias: Si no me escuchan y si no se proponen de corazón dar gloria a mi nombre, Yo mandaré contra ustedes la maldición». Esto dice el Señor de los ejércitos: «Ustedes se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví. Por eso yo los hago despreciables y viles ante todo el pueblo, pues no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad».

    ¿Acaso no tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos traicionamos entre hermanos, profanando así la alianza de nuestros padres?».

    En la Segunda Lectura San Pablo nos presenta una Actitud totalmente diferente: el apóstol está contento porque condujo a la comunidad hacia Cristo, entregándole el Evangelio y la vida, y dice así a la comunidad cristiana de tesalónica: «Hermanos: Cuando estuvimos entre ustedes, los tratamos con la misma ternura con la que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida, porque han llegado a sernos sumamente queridos. Sin duda, hermanos, ustedes se acuerdan de nuestros esfuerzos y fatigas, pues, trabajando de día y de noche, a fin de no ser una carga para nadie, les hemos predicado el Evangelio de Dios. Ahora damos gracias a Dios continuamente, porque al recibir ustedes la palabra que les hemos predicado, la aceptaron, no como palabra humana, sino como lo que realmente es: palabra de Dios, que sigue actuando en ustedes, los creyentes.» Esta es la petición que Pablo hace a los agentes de pastoral en la Iglesia naciente de Jesús. Queríamos entregarles, no sólo  el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida.

    De la enseñanza del Evangelio podemos sacar varias reflexiones. En este domingo pide a los que ejercemos un servicio para la sociedad, -apliquémoslo en este caso,sólo a los que formamos la Iglesia- que nuestras actitudes no deben ser farisaicas porque los fariseos dicen una cosa y hacen otra. Las palabras que escuchamos de Jesús no van dirigiras solamente a sus discípulos o a las autoridades religiosas sino a toda la gente que se ha acercado a él y que escucha su predicación  y su mensaje.

    Una segunda reflexión que podemos hacer de este evangelio, si prestamos algún servicio a la comunidad, es que  debemos de hacerlo con sencillez,  con humildad y siguiendo el ejemplo del Señor Jesús que nos dijo: Tomen su yugo sobre ustedes y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón.

    Otra reflexión que hacemos a la luz de este pasaje del Evangelio es que el liderazgo de la Iglesia o el servicio que  ofrezcamos en la Iglesia no debe ser ocasión para lucirse para buscar fama o prestigio sino que sólo deberá realizarse en la sencillez para mayor gloria de Dios y para el bien de las almas, para el bien de los demás, no como los escribas y fariseos que todo lo hacen para que los vea la gente

    La cuarta reflexión que podemos hacer es que al anunciar el Evangelio hemos de recordar que el único Padre, Maestro y Guía es el Señor, es decir que al realizar esta misión no hemos de buscar títulos ni reconocimientos, a eso se refiere el Evangelio cuando dice «No dejes que te llamen guía o maestro» pues sólo Jesús  es guía y maestro, sólo nosotos somos hermanos e hijos de un mismo padre Dios que está en el cielo. Finalmente no debemos olvidar que todos somos hermanos e hijos de un mismo padre y que debemos esforzarnos ara vivir como hijos del mismo Padre . Estas son algunas reflexiones que podemos hacer a la luz de la palabra de Dios que acabamos de escuchar.

    Finalmente, estámos en vísperas de las fiestas de todos los santos y de los fieles difuntos. El primero de noviembre la Iglsia Universal celebra la santidad de Dios, de la Igleisa y de la vida de los santos y de nuestros hermanos que ya están en el Cielo. Estas fiestas son una afloración de la santidad de Dios y de la Igleisa, recordemos las palabras del Levítico: «Sólo Dios es Santo, Sean santos como yo Yaveh soy santo» por eso Jesus decía a los apóstoles: «Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto». Nosotros esperamos que nuestros seres queridos estén entre los santos, pues nuestra meta definitiva es el Cielo. Ese día escucharemos la visión apocalíptica de Juan que dice quiénes son los que forman esa multitud, los hombres de todas las razas, naciones y pueblos, los que han pasado la gran tribulación,  los que han blanqueado sus vestiduras con la sangre del cordero inmauclulñado y están cantando las albanzas del Señor: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los ejércitos y que nosotros cantamos también con ellos.

    El 2 de noviembre celebramos a nuesrtos fieles difuntios desde el principio de la vida, la Iglesia pidió a us fieles vivos que recordaran a sus fieles difuntos en la oración por eso hay una conmemoración litúrgica. Nuestra piedad nos lleva  a recordar a nuestros fieles difuntos, si hoy hacemos oración por los difuntos, mañana alguien hará oración por nosotros, la Iglesia no los olvida, las generaciones pasan y los difuntos se nos olvidarán pero la Iglasia no los olvida porque en todas la Misas hay un momento especial por eso les invito a ofrecer esta misa por los fieles difuntos, sea papá, mamá, hemranos, hijos, todos nuestros seres queridos, les invito a que  el pròximo 2 participen en su Misa, pues asi debemos celebrarlo no sólo hay que ir a los panteones, limpiar  as tumbas y llevar flores, hay que participar en la Santa Misa y ofrecerla por los fieles difuntos. Esto nos pide la Iglesia. Que estas fiestas litúgicas nos ayuden a crecer en nuestra vida de fe y de cristianso así lo pedimos al Señor en nuestra Santa Misa dominical.