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Ilmo. Sr. Dr. Don Salbador Biempica y Sotomayor (1790-1802)

    El Vigésimo Segundo Obispo Angelopolitano, egregio Prelado fue el último del Siglo XVIII y primero del Siglo XIX. Perteneció a la Orden de Calatrava, y fue natural de Ceuta, Ciudad Española, situada en la costa de Marruecos, donde nació el 5 de febrero de 1729, de ilustres padres gallegos.

    Fue Colegial en el Militar de la Orden de Calatrava y de la célebre Universidad de Salamanca, donde estudió Jurisprudencia y obtuvo Borla de Doctor en Cánones.

    Ordenado de Sacerdote y después de haber hecho un viaje a Italia, pasó a la Nueva España a mediados del Siglo XVIII, según parece con una Canonjía de la Santa Iglesia Catedral de Valladolid, hoy Morelia, en la Diócesis de Michoacán, donde ascendió a las Dignidades de Maestrescuelas y Chantre; Regresó a España nombrado Canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Toledo, en donde también fue Prior de San Benito.

    El 21 de septiembre de 1789, fue presentado por el rey Carlos IV de España, a la Santa Sede Apostólica para la Sede Episcopal de Puebla, qué desde el mes de enero de ese mismo año, se encontraba vacante por fallecimiento de su anterior prelado, siento confirmado su nombramiento por S. S. Pío IV (1775-1799), el 29 de marzo de 1790.

    Fue consagrado en la S. I. Catedral de la Habana, en la isla de Cuba el 4 de julio de 1790, por el Ilmo. Sr.  Obispo de San Cristóbal de la Habana Dr. Don Felipe José de Trespalacios.

    El 17 de agosto de 1790, tomó posesión de la Diócesis de Puebla por poder otorgado, al entonces Dean del venerable Cabildo Angelopolitano Lic. Don Miguel Francisco Irigoyen.

    Muchos e importantes acontecimientos acaecieron, múltiples meritísimas obras se realizaron durante el glorioso episcopado, por espacio de 12 años de este esclarecido prelado un obsequio a la brevedad baste mencionar los siguientes:

    El domingo 17 de octubre de 1790, su Ilustrísima Oficio una Solemne Misa Pontifical, en la Santa Iglesia Catedral, para Celebrar la reciente Beatificación del Siervo de Dios Fray Sebastián de Aparicio, el humilde y santo religioso Lego Franciscano, que falleció en olor a santidad el 25 de febrero de 1600, en el Convento de San Francisco de la Ciudad de Puebla, proclamada por S.S. Pío VI, mediante su Bula del 17 de mayo de 1789

    En el año de 1791, a iniciativa de este Prelado, se realizó la renovación y nuevo Dorado del Altar del Arcángel San Miguel, de la Santa Iglesia Catedral, igualando su retablo al Señor San José, a cargo del maestro dorador don Sebastián Pérez, siendo su costo total $2000 pesos.

    A principios de este mismo año de 1791, a iniciativa de su ilustrísima, se continuó de manera regular, la obra material del Enlozado del piso de las naves de la Santa Iglesia Catedral, con un presupuesto aproximado de $12,000 pesos y el empedrado del atrio de la misma Catedral.

    En la Sesión Capitular, celebrada el 13 de enero de 1795, los Albaceas del M. I. Sr. Arcediano Dr. Don Mateo José de Arteaga, fallecido el 23 de agosto de 1794, en cumplimiento de una de sus disposiciones testamentarias, propusieron a los Señores Capitulares la Hechura del Sagrario de Plata para el Altar Principal de la Capilla de los Reyes de la S.I. Catedral aprobándose el 16 de ese mismo mes, dicha proposición, iniciándose enseguida con expresa aprobación de su Ilustrísima la Obra de orfebrería y los de más trabajos materiales, de conformidad con el Diseño aprobado el 6 de febrero, de ese mismo año, siguiendo el Estilo Arquitectónico del mencionado Altar y de su Retablo.

    Durante los meses de abril y mayo de 1797 procedió, a instancias del Señor Intendente de la ciudad y por expresa disposición del Prelado, a realizar la obra material del empedrado del Atrio de la Santa Iglesia Catedral, de lado queda al parque Central o Zócalo, siendo realizada la obra bajo la dirección del Maestro Albañil, Don Mayor de Santa María, inaugurándose en la solemnidad de “Corpus Christi” de ese mismo año, a principios del mes de junio.

    Durante la epidemia de la viruela que, a fines de 1797 y principios de 1798, por espacio de varios meses, causó cientos de víctimas en la ciudad de Puebla, este Venerable Prelado con infatigable celo Pastoral, abnegada y ejemplar caridad cristiana, prestó su generosa ayuda, en muchas ocasiones personal, no sólo espiritual sino material, en favor de los enfermos, erogando notables cantidades de dinero de su propio peculio, ganándose, en esta edificante actuación, la admiración, el cariño y la gratitud de sus diocesanos, que recordaron en su persona la grata y Santa memoria de su Ilustre predecesor el Ilmo. Sr. Crespo y Monroy llamado con toda justicia el «Carlos Borromeo de Puebla».

    Durante su gobierno prosiguieron, con alguna diligencia, las gestiones encaminadas a obtener de la Santa Sede Apostólica la anhelada Beatificación y Canonización del Venerable Sr. Palafox y Mendoza.

    Gran impulsor de las Ciencias Eclesiásticas y deseando la más completa preparación intelectual a los aspirantes al sacerdocio, fundó en el Seminario Palafoxiano la Catedra de «Locis Theologicis», («A partir de la teología»).

    Todos los hechos hasta aquí mencionados y todas las obras y empresas hasta aquí citadas, serían más que suficientes para ser grata e imperecedera la memoria y el nombre de este esclarecido y dinámico Prelado Angelopolitano, sin embargo, la empresa singular, que merece mención especial es y no dudarlo, la obra grandiosa del suntuoso Ciprés y artístico Tabernáculo de la tricentenaria Santa Iglesia Basílica Catedral Angelopolitana.

    Su memoria será “bendita y eterna”, como ha dicho justamente un esclarecido historiador, por la generosa munificencia con que emprendió y continuó las obras del Ciprés, del Tabernáculo y la Cripta de los Obispos de la Catedral Poblana, para cuyos gastos donó la cantidad de: 150,000 pesos, estando dispuesto, como él decía “a vender el pectoral y hasta la camisa por ver concluido una obra nueva en su género, en la entonces nueva España»; grandiosa empresa realizada conforme al diseño y bajo la dirección del célebre Arquitecto Valenciano, Don Manuel de Tolsá, hecha con piedras y mármoles exclusivamente poblanos y en la que brillan a competencia, el buen gusto, el arte arquitectónico y la magnificencia; cuyo suntuoso aspecto causa el asombro y la admiración de turistas y visitantes.

    En la memorable Sesión Capitular del 27 de junio de 1797, se manifestó a los Señores Prendados asistentes a la misma, el deseo y el propósito de su Ilustrísima, sobre la conveniencia de hacer un nuevo Ciprés, por el defecto su aspecto que presentaba el entonces existente; plausible iniciativa que fue acogida y aprobada por unanimidad.

    A fines del mes de julio de ese mismo año de 1797, según parece ya que no se han encontrado datos sobre la fecha precisa, se iniciaron los trabajos materiales del nuevo y proyectado Ciprés habiendo nombrado su Ilustrísima a los Señores Prendados: Dr. Don Ignacio Antonio Domenech y el Dr. Don José Francisco Suárez Torquemada cómo primeros comisionados de la obra.

    En la Sección Capitular, del 16 de abril de 1799, con expresa anuencia de su Ilustrísima los Comisionados de la obra del Ciprés, expusieron por primera vez el proyecto de construir las Criptas o Panteón de Obispos, bajo el Ciprés en proyecto, proposición que fue aceptada unánimemente por los Señores Prendados asistentes.

    En la obra del Ciprés y del Tabernáculo, deben incluirse: la estatua de la Inmaculada Concepción Titular de la Santa Iglesia Catedral, de bronce dorado, colocada sobre la Cúpula del Tabernáculo, los blandones y los candeleros de plata labrada, realizados por el orfebre cubano Don Antonio Caamaño.

    Después de más de 22 años de trabajos, con breves y justificadas interrupciones, la obra material del Ciprés, del Tabernáculo y de la llamada Cripta de Obispos, de la Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana, en cuyo frente, en calidad de Comisionados estuvieron, sucesivamente los Señores Prendados: San Ignacio Antonio Domenech, San Francisco Suárez Torquemada, Don Antonio Joaquín Pérez Martínez, (que más tarde sería el dignísimo Obispo de Puebla), Don Mariano José Cabo Franco Angulo Castro y Don Bernardino López Osorio, en inolvidable grandiosa ceremonia, fue Inaugurada, Bendecida y Consagrada por el último Sr. Dr. Don Antonio Joaquín Pérez Martínez Obispo Angelopolitano, el día 6 de diciembre de 1819.

    Dios en sus altos e inescrutables designios permitió que este Egregio Prelado, verdadero mecenas del Episcopado Angelopolitano, noviera en vida terminada completamente, la grandiosa obra del Ciprés, el Tabernáculo y la Cripta de los Obispos, de la trisecular S. I. Catedral de Puebla, para cuyá plena realización, puso a su servicio la munificencia de su generoso bolsillo, el dinamismo, el cariño y el entusiasmo de su gran corazón.

    Después de un glorioso y fecundo Episcopado, por espacio de 15 años menos de 15 días, lleno de méritos muy sentido de sus diocesanos, después de sobrellevar con ejemplar entereza y singular resignación su última enfermedad, este Egregio Prelado falleció, en su Residencia Episcopal de la ciudad de Puebla, el lunes 2 de agosto de 1802.

    Sus restos mortales descansan en la llamada Cripta de Obispos, bajo el suntuoso Ciprés de la S. I. Basílica Catedral de Puebla que, en su espléndida realidad, perpetua su nombre y constituye perenne testimonio de admiración y de reconocimiento a su insigne iniciador…

    Elogio: «Sobrius, Praestans, Munificcus»,  («Austero, Distinguido, Munifico»).