Excmo. Sr. Dr. Don José Ignacio Márquez y Toriz (1945-1950)

Don José Ignacio Márquez y TorízEl Trigésimo Quinto Sucesor de Fray Julián Garcés en la Sede de la antigua Diócesis de Puebla-Tlaxcala, hoy: Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, Decimo Prebendado Angelopolitano y Sexto Alumno del “Seminario Palafoxiano”, que ocupa la gloriosa y cuatrisecular Sede Angelopolitana, fue originario de le Ciudad de Tlaxcala, Capital del Estado del mismo nombre, donde nació el 24 de abril de 1895, bajo la mirada amorosa y maternal de la Sma. Virgen de Ocotlán, de la que sería, insigne devoto y a quien había de honrar magníficamente en su Ministerio Episcopal.

Siendo todavía muy pequeño de edad, quedó huérfano de madre.

Sus primeros estudios los hizo en una de las mejores escuelas de la ciudad de Tlaxcala.

En el año de 1908, sintiéndose llamado por Dios al Sacerdocio y terminada ya su Instrucción Primaria, ingresó en el glorioso “Seminario Palafoxiano”, convertido ya, gracias a la iniciativa y esfuerzos de Mons. Ibarra y González, en “UNIVERSIDAD CATÓLICA ANGELOPOLITANA”, donde cursó, con notable aprovechamiento, distinguiéndose entre sus condiscípulos por su piedad y talento, Latinidad y Humanidades.

En 1913, cuando comenzaba a cursar la facultad de Filosofía, reconociendo sus Superiores sus singulares dotes intelectuales, su edificante piedad y demás cualidades morales, a propuesta del entonces Secretario del Seminario y Universidad Dr. Don Eugenio Manzanedo y Ruíz, y acogida por el entonces Rector de ambos Planteles el Dr. Don Enrique Sánchez y Paredes (años más tarde Segundo Arzobispo de Puebla), fue enviado por Mons. Ibarra y González al insigne “Colegio Pio Latino Americano” de Roma, acompañando a este ilustre prelado en su viaje a la Ciudad Eterna y Tierra Santa, antes de ingresar en el mencionado Colegio, para continuar sus Estudios Eclesiásticos en la benemérita “Universidad Gregoriana”.

En el mencionado “Colegio Pio Latino Americano” se distinguió, desde un principio, por su edificante piedad, su aplicación asidua el estudio y sus singulares cualidades morales que le merecieron desempeñar Cargos de confianza y de distinción, como el de Prefecto de Teólogos y Prefecto de la Congregación Mariana, mientras en la “Universidad Gregoriana” ceñía su frente con los lauros de Doctorado en Filosofía, Sagrada Teología y Derecho Canónico, al mismo tiempo que se dedicaba, en forma especial, a los estudios de Sociología que tanto habían de servirle en su actuación Ministerial y Pastoral.

En la Capilla del “Colegio Pio Latino Americano”, ante la Imagen de María Inmaculada que, por espacio de 4 años, lo acompañara en sus estudios, el 28 de octubre de 1917, recibió la Unción Sacerdotal, celebrando, al día siguiente, su Canta Misa, ante otra célebre Imagen de María, la de Ntra. Sra. de Guadalupe, que se venera en la Capilla de la Vía Salaria de la ciudad de Roma, ente la cual exclamó, un día, el Sumo Pontífice: Benedicto XIV, (1740-1758).”Non fecit taliter omni Nationi”, (“No hizo cosa semejante con otra Nación”).

Siendo ya Arzobispo de Puebla Mons. Sánchez y Paredes, de regreso a México, en el año de 1920, lo trajo consigo, y después de un merecido descanso, conocedor de sus relevantes méritos, lo nombró su Secretario Particular y en 1921, lo nombró Profesor de Teología Fundamental del “Seminario Palafoxiano”, cargo que desempeñó laudablemente por espacio de 2 años.

En el año de 1923, después de la sentida muerte del Excmo. Sr. Sánchez y Paredes, el M. I. Sr. Vicario Capitular de la Arquidiócesis, “Sede Vacante”, Lic. Don Manuel Díaz Calderón, lo nombró Oficial Mayor de la Curia Arquidiocesana, confiándole también el delicado cargo de Director Espiritual de los Seminarios Mayor y Menor Palafoxianos, cargo que desempeñó con abnegada prudencia hasta el año de 1929. Durante los años de 1928 y 1929, fue Profesor de Derecho Canónico y durante los años de 1930 y 1931, fue Profesor de Sociología en el “Seminario Palafoxiano”.

Durante el largo y fecundo episcopado del Excmo. Sr. Vera y Zuria, Tercer Dgmo. Arzobispo Angelopolitano, este Prelado, descubriendo en el “Padre Nachito”, como cariñosamente era llamado, sus dones nada comunes y sus relevantes cualidades intelectuales, le confió muchos e importantísimos cargos que, con abnegada prudencia y singular acierto, desempeñó, en especial, durante los aciagos años de la llamada: “Persecución Religiosa”, (1926-1929).

Fue entonces cuando, después de desempeñar por espacio de cerca de 9 años, el Cargo de Asistente Eclesiástico Diocesano de la benemérita A.C.J.M., siendo el Fundador de esta Organización en el “Seminario Palafoxiano” donde estableció el Grupo Interno “Motolinía”, tuvo a su cargo la formación de la juventud católica femenina, como Asistente Eclesiástico Diocesano de la. J.C.F.M., la dirección de las “Marías de los Sagrarios”, del Centro Catequístico Arquidiocesano, de la “Cruzada de la Modestia Cristiana” y de varios Círculos Juveniles, en cuyas arduas actividades puso en práctica, con notable aprovechamiento, sus amplios conocimientos sociológicos, desplegando un celo infatigable y ejemplar, cuyos frutos aún perduran.

Al regresar Mons. Vera y Zuria del destierro en 1929, lo nombró Secretario de Cámara y Gobierno del Arzobispado, por renuncia del M. I. Sr. Br. Don Leopoldo Villanueva y Nájera; Cargo importantísimo que con singular prudencia y acierto desempeñó por algunos meses.

En ese mismo año de 1929, el Excmo. Sr. Vera y Zuria lo nombró Canónigo Honorario de la S. I. Basílica Catedral, nombrándolo después su Vicario General, elevado Cargo que, de manera eficiente, prudente y acertada, ocupó hasta la muerte del mencionado Prelado.

El 12 de abril de 1932 ingresó al Venerable Cabildo Angelopolitano, tomando posesión de una Canonjía Sub Diaconal, la que ocupó hasta el 1 de agosto de 1936, en que renunció a dicha Prebenda, siendo entonces ya Arzobispo Coadjutor, con derecho a sucesión y Vicario General de la Arquidiócesis.

A petición del Excmo. Sr. Vera y Zuria, cuya salud comenzaba a ser minada inexorablemente por la penosa y molesta enfermedad que lo había de llevar al sepulcro, el Sumo Pontífices Pio XI (1922-1939), de grata recordación, el 25 de mayo de 1934, lo nombró Obispo Titular de Lysinia y Auxiliar de Puebla de los Ángeles.

El 12 de agosto de ese mismo año de 1934, en la suntuosa S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla, Mons. Vera y Zuria Consagró solemnemente a su Obispo Auxiliar Mons. Dr. Don José Ignacio Márquez y Toriz, (el Séptimo Prelado Angelopolitano, entonces Obispo Auxiliar Angelopolitano y Octavo Prebendado Angelopolitano Consagrado en la S. I. B. Catedral de Puebla), que años más tarde, sería su inmediato y Dgmo. Sucesor.

Meses después, el 17 de noviembre de 1934, el Augusto Vicario de Cristo Pio XI, lo nombró Arzobispo Titular de Bosphoro, en Zechia, y Obispo Coadjutor de Puebla de los Ángeles, con derecho a sucesión; en la Sesión Capitular del 7 de enero de 1935, en llamada: “Sala Capitular” de la S. I. Catedral, se dio posesión canónica al mencionado Arzobispo Coadjutor, en la forma acostumbrada.

Años más tarde, el mismo Sumo Pontífice, reconociendo las dotes singulares que adornaban al ilustre Arzobispo Coadjutor Angelopolitano, en febrero de 1938, quiso encomendarle la dirección y el cuidado, en la Nación Mexicana, de los dos grandes Tesoros que llenaron el inmenso corazón de aquel gran Pontífice, llamado, con toda razón, por la historia eclesiástica contemporánea, “El Papa de la Acción Católica” y el “Papa de las Misiones”, nombrándolo Director Pontificio de la “Acción Católica Mexicana” y Presidente Nacional Pontificio de la “Pía Unión Misional del Clero”, importantes y delicados Cargos que desempeñó, con laudable acierto, ejemplar abnegación e infatigable celo apostólico, hasta su muerte.

Como Obispo Auxiliar primero y después, como Obispo Coadjutor del Excmo. Sr. Vera y Zuria, Mons. Márquez y Toriz desplegó su incansable actividad y su ejemplar celo apostólico, colaborando con el Venerado Prelado Angelopolitano en el arduo gobierno de la vasta Arquidiócesis, en el fatigoso trabajo de las “Visitas Pastorales” a. muchísimas Parroquias de la misma Arquidiócesis, en las Obras de Restauración que a su iniciativa y bajo su dirección, se realizaron en la entonces Colegiata de Ntra. Sra. de Ocotlán, Tlax., de quien fue entusiasta propagandista y ferviente devoto, realizando, al mismo tiempo, el Ornato espléndido del mencionado Sgdo. Recinto; en la Preparación, Organización y Celebración del magno “CONGRESO MARIANO” celebrado en la S. I. Basílica Catedral de Puebla, del 8 al 12 de septiembre de 1940 y de las memorables Solemnidades Marianas Conmemorativas del IV Centenario de la Aparición de Ntra. Sra. de OCOTLÁN y del milagroso Hallazgo de su Imagen, celebradas en su histórica é insigne Colegiata, del 13 al 22 de febrero de 1941; en la organización, dirección y presidencia de las llamadas “Semanas Sacerdotales de Oración, Estudio y Sacrificio” y, en una palabra, en todo aquellos que le encomendó Mons. Vera y Zuria, a quien siempre profesó edificante veneración y rendida y leal obediencia.

No podía haber tenido Mons. Márquez y Toriz mejor preparación para el gobierno pleno de la Arquidiócesis, cuando, al ocurrir, el 28 de julio de 1945, el sentido fallecimiento del Excmo. Sr. Vera y Zuria, después de cerca de 21 años de fecundo y glorioso episcopado, a principios del mes de agosto de ese mismo año, siendo Obispo Coadjutor, con derecho a sucesión, se hizo cargo del gobierno pleno de la Arquidiócesis, como IV Arzobispo Angelopolitano.

Pocos, a la verdad, son los sucesos y las Obras realizadas durante el corto gobierno, por espacio de 4 años y meses, de este insigne Prelado, pero de singular y transcendental importancia.

Ya como Arzobispo de Puebla, asistió, en unión de la casi totalidad de los Miembros del Venerable Episcopado Nacional, a las grandiosas Solemnidades Conmemorativas del Quincuagésimo Aniversario de la “Coronación Pontificia”  de la Imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe, celebradas en su Insigne y Nacional Basílica del Tepeyac, Méx., el 12 de octubre de 1945, (en tan memorable ocasión, el egregio Sumo Pontífice Pio XII, en su Mensaje radiofónico al Episcopado, Clero y pueblo Mexicano, proclamó, Ntra. Sra. de Guadalupe: ”AMOROSA MADRE DE MÉXICO Y EXCELSA EMPERATRIZ DE AMÉRICA").

El 18 de diciembre de 1945, se celebró solemnemente en el Templo Parroquial de San José de la ciudad de Puebla, el LXXV aniversario del “PATRONATO” del Castísimo Patriarca sobre la Iglesia Universal, proclamado por el Sumo Pontífices Pio IX, con una solemne Misa Pontifical.

El 29 de diciembre de 1945, Mons. Márquez y Toriz bendijo e inauguró las nuevas Oficinas de la Curia Arzobispal, en la calle 2 sur #305, Obra realizada a iniciativa del mencionado Prelado, cuando aún era Obispo Coadjutor de Puebla, con expresa aprobación de su inmediato Predecesor.

El 13 de junio de 1946, en la S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla, con asistencia de los Excmos. y Rvmos. Sres. Obispos Sufragáneos de Huajuapan de León, Huejutla y Papantla, del Venerable Cabildo Metropolitano de Puebla, de muchos Sacerdotes, tanto del Clero Diocesano, como del Clero Regular y de millares de fieles, representando a las Organizaciones Católico—Sociales y Asociaciones Piadosas de la Arquidiócesis, el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo de Morelia: Dr. Don Luis. María Altamirano y Bulnes impuso el Sagrado Palio Arzobispal a. Mons. Márquez y Toriz.

El 22 de agosto de ese mismo año de 1946, S. Excelencia Rvma., en concurrida ceremonia, colocó la “Primera Piedra de la Casa de Ejercicios Espirituales de Santa María de Guadalupe y de San Ignacio de Loyola” que, por su iniciativa con la entusiasta colaboración del entonces Párroco de Cholula, Pue. Don Salvador Mastachi P., se edificó junto al Templo de Ntra. Sra. de Guadalupe, en la cumbre de un pequeño cerro del mismo nombre, situado al poniente de la mencionada Población, (a la orilla de la llamada Carretera Federal México—Puebla), bajo la dirección técnica del Sr. Ing. Don Alexander Von Uthernan.

Después del piadoso y magnífico “CONGRESO MARIANO”, celebrado en la S. Iglesia Basílica Catedral, durante los días: 8, 9 y 10 de noviembre de 1946, organizado, con laudable entusiasmo por la benemérita J.C.F.M., una, de las 4 Organizaciones de la “A.C.M.” de la Arquidiócesis, el 24 de noviembre de 1946, en imponente, memorable y concurrida Ceremonia, Mons. Márquez y Toriz, verificó la solemne “Coronación Pontificia” de la venerada Imagen de “Ntra. Sra. de la Defensa” que, desde el año de 1676, se venera en el Altar Principal de la Capilla de Los Reyes de la misma S. I. Basílica Catedral, contando con la expresa aprobación del Venerable Cabildo Vaticano, mediante el “Decreto” respectivo, firmado en el mes de junio del citado año.

Del 25 de septiembre al 3 de octubre de 1947, celebró, con fervoroso entusiasmo, laudable éxito y copioso fruto, el “SEGUNDO CONGRESO NACIONAL MISIONERO” de la República Mexicana, en la Ciudad de Puebla, cuyo esplendor, organización y efectivos y prácticos resultados se debieron el esfuerzo entusiasta y dinámico y al eminente y apostólico fervor e infatigable celo Misionero del egregio Prelado Angelopolitano, contando con la  colaboración abnegada, generosa y unánime del Consejo Nacional de la “P.U.C.” y de los Consejos Nacionales de las otras 3 Organizaciones Misionales de la República Mexicana.

El 6 de junio de 1948, en solemne y concurrida Ceremonia, en la S. Iglesia Basílica Catedral, se entregó al Excmo. y Rvmo. Prelado Mons. Márquez y 'Toriz, el “Breve Apostólico”, fechado en Roma el 24 de febrero de 1948, por el que S.S. Pio XII, como premio a sus relevantes méritos e infatigable dinamismo pastoral y ejemplar espíritu apostólico desarrollados durante su actuación como Prelado Angelopolitano y, en especial, por su fervor misionero desplegado en la preparación y celebración del magno “Segundo Congreso Nacional Misionero”, celebrado en la ciudad de Puebla, del 25 de septiembre al 3 de octubre del año anterior de 1947 y a petición del Venerable Cabildo Metropolitano de Puebla, por acuerdo aprobado en le Sesión Capitular del 11 de noviembre de 1947, le otorgaba benignamente el Título de “Asistente al Sacro Solio Pontificio” y lo ennoblecía con el Título de “Conde Romano”.

En piadosa e inolvidable ceremonia, el jueves 26 de agosto de 1948,  en la Capilla del “Seminario Palafoxiano” (9 oriente #5), Mons. Márquez y Toriz, conforme a, su “Decreto” del 7 de junio de ese año, coronó solemnemente a la hermosa Imagen de la Inmaculada Concepción, que se venera en el mencionado Plantel, desde hace más de siglo y medio y que, según algunos historiadores, sirvió de modelo para la Imagen de bronce dorado de la Inmaculada Concepción, Titular de la S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla y que se encuentre colocada sobre el grandioso Tabernáculo del Ciprés de la misma y que, según parece, fue hecha entre los años de 1796 y 1804, por el esclarecido Escultor Sevillano: Manuel Tolsa.

Como “broche de oro” del piadoso y animado “Año del Smo. Rosario”, proclamado por este Prelado, mediante su “Carta Pastoral” del 7 de octubre de 1947, después de las piadosas, fructuosas y triunfales “Visitas” que 3 Imágenes de Ntra. Sra. del Rosario hicieron a todas las Parroquias del Arzobispado y a muchos de sus pueblos filiales, durante cerca de un año, el domingo 31 de octubre de 1948, “Festividad de Cristo Rey”, y después de un piadoso “Novenario Preparatorio”, en memorable y concurridísima Ceremonia, fue solemnemente Coronada, con “Coronación Pontificia” la hermosa Imagen de Ntra. Sra. del ROSARIO, que desde el año de 1553, se venera en su artística y hermosa Capilla Titular del Templo de Santo Domingo de la ciudad de Puebla, por Mons. Márquez y Toriz, en virtud de la gracia concedida por la Santa Sede, mediante el “Decreto” fechado en Roma, el 23 de mayo de 1948, por el que el Cardenal Federico Tedeschini, Presbítero de la Santa Iglesia Romana, del Título de Santa María de la Victoria, Archipreste de la Patriarcal Basílica del Príncipe de los Apóstoles en la Ciudad de Roma y Prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverendísima Fábrica, que a nombre propio y del Ilmo. Cabildo Vaticano concedió al ilustre Prelado Angelopolitano.

El 7 de marzo de 1949, este Ilustre Prelado bendijo e inauguró solemnemente la “Casa de Ejercicios Espirituales de Santa María de Guadalupe y de San Ignacio de Loyola construida en la cima de una pequeña colina situada al poniente de la Población de Cholula, Pue., junto el Templo de Ntra. Sra. de Guadalupe; Obra que a iniciativa de Mons. Márquez y Toriz, se inició el 27 de agosto de 1946 y que felizmente se concluía.

Después de la entusiasta y fervorosa celebración del “Congreso Eucarístico Diocesano del Sagrado Corazón de Jesús” celebrado en la S. Iglesia Basílica Catedral Angelopolitana, del 27 al 30 de agosto de 1949, celebrada con inusitada solemnidad y singular esplendor, el 31 del mismo mes, la Festividad Conmemorativa del TERCER CENTENARIO de la Consagración y Dedicación de la S. I. Catedral de Puebla, realizadas por el Ilmo. Sr. Don Juan de Palafox y Mendoza, el 18 de abril de 1649, con asistencia de los Excmos. Sres. Don Guillermo Piani, C.D.B., Obispo Titular de Nicosia y Delegado Apostólico en México, Arzobispos: Metropolitano Primado de México, de Monterrey, de Morelia y de Yucatán; Obispos de Campeche, de Huejutla, Auxiliar de Huajuapan de León y Auxiliar dé Saltillo; acontecimiento memorable realizado a iniciativa y bajo la dirección de Mons. Márquez y Toriz.

En ocasión de esta Solemnidad Conmemorativa, se realizaron, a iniciativa del Venerado Prelado Angelopolitano, las Obras materiales del “Revestimiento”, con piedra de cantera, de todo el muro del lado Norte de la S. I. Basílica Catedral, que anteriormente era de mampostería, con un costo de: $36,550 pesos.

El 7 de octubre de 1949, como fruto práctico del magno “Segundo Congreso Nacional Misionero”, celebrado en la Ciudad de Puebla, del 25 de septiembre al 3 de octubre de 1947, y a iniciativa del Excmo. Sr. Arzobispo Angelopolitano Dr. Don José Ignacio Márquez y del entonces Dgmo. Obispo de Tulancingo, (después Dgmo Arzobispo Primado de México y Cardenal de la Santa Iglesia Romana), Dr. Don Miguel Darío Miranda y Gómez, con la unánime aprobación del Episcopado Mexicano, con la consiguiente aprobación de la Santa Sede, se inauguró el “Instituto Misionero de Santa Maria de Guadalupe para Misiones Extranjeras”, Seminario Misionero edificado cerca de Tlalpan, México, D.F., el Primero en su género en toda la América Latina y del que, hasta la fecha, han egresado más de medio centenar de Misioneros Mexicanos. que actualmente trabajan en tierras de Misiones de Asia y África; quedando nombrado, como Primer Rector del mencionado Seminario Misionero, por la Santa Sede y a petición del Episcopado Mexicano, el Excmo. y Rvmo. Sr. Don Alonso Escalante, Obispo Titular de Sora, en Bolivia

Gran impulsor de la cultura de la juventud, mucho influyo Mons. Márquez y Toriz en la fundación de la “Universidad Femenina”, que durante algunos años desarrolló sus actividades educativas en favor de la juventud femenina de la ciudad de Puebla, y en la fundación del benemérito “Instituto de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad”, cuyas actividades educativas en favor de la niñez y juventud femeninas Poblanas, han sido merecedoras de justos elogios.

Dios, en sus altos e inescrutables designios, permitió que este esclarecido Prelado Angelopolitano, que teniendo como Lema de su corto pero fecundo episcopado de 4 años y 7 meses: “Dilexit Ecclesiam", (“amo a la IGLESIA), terminara su meritoria jornada mortal en circunstancias verdaderamente inesperadas y trágicas, lejos de su Grey que tanto amó y por la que tanto se preocupó y afanó...

Estando tomando un baño de mar en una de las playas del heroico Puerto de Veracruz, al que había llegado el día anterior, con el objeto de disfrutar de unos cuentos días de descanso y de recuperar la salud algo quebrantada por sus arduos y múltiples trabajos pastorales y después de haber asistido al “Congreso Eucarístico Parroquial”, celebrado en Chiautla, Pue., pocos minutos después de haberse arrojado al mar, siendo aproximadamente las 6 horas y 45 minutos de le tarde del martes 28 de febrero de 1950, dejó de latir, de manera inesperada, víctima de un síncope cardiaco, el corazón de este esclarecido Prelado Angelopolitano, Simpatizador Apóstol entusiasta del Ideal Misionero y gran Tlaxcalteca.

Arreglado convenientemente el cadáver, después de comprobar la muerte efectiva del Prelado, en el ataúd metálico, y después de permanecer durante algunos minutos en la Capilla del “Asilo de Ancianos”, fue trasladado al Templo Parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción del mencionado Puerto de Veracruz, donde fue velado durante la noche de ese infausto día.

Al día siguiente: 1 de marzo, habiendo sido embalsamado convenientemente el cadáver del Prelado, este fue trasladado a la ciudad de Puebla, a donde llegó a las 6:30 de la tarde y al día siguiente jueves 2 de marzo, después de las Solemnes Exequias oficiadas, en la S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla, por el Sr. Obispo de Campeche, Lic. Don Alberto Mendoza y Bedolla, con asistencia de los Excmos. Sres. Obispos de Tulancingo y Titular de Sora, Rector del “Seminario Mexicano de Misiones Extranjeras”, del Vicario Capitular de Papantla, del Venerable Cabildo Angelopolitano, de numerosos sacerdotes, tanto del Clero Diocesano, como del Clero Regular y de millares de fieles, el cadáver del ilustre Jerarca desaparecido fue conducido, en medio de un imponente Cortejo, en el que participaron, según cálculos aproximados, cerca de 100, 000 personas, tanto de la ciudad, como de las poblaciones circunvecinas, profundamente consternadas y representando a todas las clases sociales, al “Panteón Francés” de la ciudad, donde fue depositado en la “Gaveta”, situada encima de la que contenía el ataúd de su Venerable e inmediato Predecesor, en la Cripta galantemente cedida por la Colonia Francesa de la ciudad de Puebla, para sepultura de los Prelados Angelopolitanos.

El 21 de noviembre de 1953, después de haber sido exhumados, el día anterior, del Panteón Francés y después de las solemnes Honras Fúnebres, oficiadas en la S. Iglesia Basílica Catedral de Puebla, por su Venerable inmediato Sucesor e ilustre hermano: Mons. Dr. Don Octaviano Márquez y Toriz, sus restos mortales fueron depositados definitivamente en la llamada “Cripta de los Obispos”, bajo el magnífico Ciprés del mencionado Templo, máximo de la Arquidiócesis, donde actualmente reposan.

Elogio: "Constructor, Prudentissimus, Apostolicus”, ("Constructor, Prudentísimo, Apostólico").