Ilmo. Sr. Don Pedro Nogales Dávila (1708-1721)

Excmo. Sr. Don Fray Ygnacio Urbina

El décimo cuarto obispo de Puebla, que era de la orden de Alcántara, fue natural de Zalamea, en Extremadura, España, donde nació en 1651, ignorándose la fecha y mes. Después de diligentes investigaciones, no se han podido encontrar datos sobre el colegio o universidad donde cursó sus estudios eclesiásticos.

Únicamente consta que, después de ser Cura de la Parroquia de Rollanes, fue nombrado Inquisidor de Valladolid, de Castilla, de Barcelona, de Logroño y después de la Suprema y General Inquisición.

En 1707, siendo Inquisidor de la Suprema, S.S. Clemente XI, a petición del Rey: Felipe V de España, lo promovió para la Sede Episcopal de Tlaxcala o Puebla de los Ángeles, que se encontraba “vacante” desde el 7 de marzo de 1706.

Tomó posesión de su diócesis, el 1 de septiembre de 1708, por poder otorgado a los Señores: Dr. Pedro Rezábal, DEAN Sr. Arcediano: Dr. Juan de Jáuregui y Barcena, Sr. Chantre: D. Francisco López de Humara, Sr. Cango. Doctoral: Dr. Antonio de Jáuregui y Barcena, miembros del venerable Cabildo Angelopolitano y Sr. Lic. Hermenegildo Prieto Tirado, abogado de los reales consejos, Prior Dignidad y Canónigo de la S. Iglesia Catedral de Soria.

El domingo 7 de octubre de 1708, festividades de Nuestra Señora del Rosario, fue solemnemente consagrado en la S. Iglesia Catedral Angelopolitana, por el Excelentísimo Fray Pedro de la Concepción Urtiaga, O.F.M., Obispo de Puerto Rico, siendo así el Primer Obispo de Puebla, de lo que sí existe constancia, que fue consagrado en la ya mencionada S.I. Catedral.

En el año de 1712, con aprobación de ese prelado y por iniciativa del venerable cabildo, se comenzó la obra del CORO de la S. Iglesia Catedral, monumental obra arquitectónica del artista D. Pedro Muñoz, concluida en el año de 1722, con tres magníficas entradas: la principal, que es la central, constituida por la gran reja de hierro forjado y dorado a fuego, hecha por D. Mateo de la Cruz, en 1697 y las dos entradas laterales que son de piedra hermosamente labrada y dorada, con puertas de madera fina, talladas é incrustadas.

En octubre de 1715, su Excelencia mandó que todas las cédulas reales, provisiones, ejecutorías, actas de cabildo y demás instrumentos y documentos de gobierno de la S. Iglesia Catedral, se pusieron en un lugar destinado para el archivo del Venerable Cabildo, en sus estanterías o alacenas correspondientes, disponiendo, al mismo tiempo, que se llevara con diligencia y al corriente, un libro de conocimientos, se catalogará la correspondencia y se tuvieran los libros de inventarios de la S. Iglesia Catedral; por lo cual debe ser considerado este insigne prelado como el entusiasta “fundador” del archivo del venerable Cabildo Angelopolitano, en forma ordenada y organizada esta iniciativa y estas disposiciones del prelado se iniciaron en el mes de diciembre de ese mismo año de 1715.

En el año de 1716 (no existe constancia de la fecha precisa), se estrenó la magnífica “Balconería” de hierro forjado y dorado a fuego, de la parte superior del coro.

En la “sesión capitular” del 3 de diciembre de 1717, se trató, por primera vez, en la “sillería” del coro de la S. Iglesia Catedral.

En la sesión capitular del 23 de julio de 1718, se leyó una carta del Excelentísimo Virrey de la Nueva España: D. Baltazar de Zuñiga y Guzmán Sotomayor y Mendoza , Marqués de Valero Ayamonte y Alenquer, Duque de Orión, en la que se notificaba que, a partir de esa fecha se daría el trato de “Señoría” al Venerable Cabildo de la S.I. Catedral de Puebla.

Este ilustre prelado, ferviente devoto del Arcángel San Miguel, amplió y ornó mucho su Santuario, llamado: “San Miguel del Milagro”, en el cercano estado Tlaxcala, así como la casa anexa, a la que se retiraba con frecuencia para practicar los “ejercicios espirituales”.

A la milagrosa imagen del Santo Cristo de Zalamea, su tierra natal, que se venera en su célebre santuario de dicha población, dotó con 7000 pesos de principal, para el sostenimiento de competente número de beneficiados que tendrían la obligación de cantar misa diaria, con asistencia de todos y de rezar las horas canónicas, como en las colegiatas, para universal sufragio de las almas de los fieles de su obispado de Puebla.

Después de gobernar santamente y con suma prudencia, su dilatada diócesis, por espacio de 12 años, 10 meses y 8 días, lleno de méritos, falleció el miércoles 9 de julio de 1721, en su palacio episcopal de la ciudad de Puebla.

Sus restos mortales reposan en la llamada “cripta de obispos” de la S Iglesia Catedral Angelopolitana.

Elogio: “Consideratione Maturus, Benignitate Justus, Pacificatione Exactus” (Maduro por su reflexión, justo por su mansedumbre, siempre dispuesto a llevar la paz).