Boletín oct. 3 / 2010

 codicosComisión Diocesana de Comunicación Social
Arquidiócesis de Puebla


  Puebla, Pue., a 3 de octubre de 2010
B.45/2010

 

371 AÑOS DE LA DESIGNACIÓN DEL
VENERABLE PALAFOX COMO OBISPO DE PUEBLA

Hoy, 3 de octubre, se cumplen 371 años de la designación del Venerable Juan de Palafox y Mendoza como Obispo de Puebla. Juan de Palafox nació en Fitero, Navarra, España el 24 de Junio de 1600. Estudio Cánones y Leyes en la Universidad de Salamanca. Fue administrador del Marquesado de Ariza, Fiscal en el consejo de Guerra y Fiscal del Consejo de Indias. Sintiendo la llamada de Dios, fue Ordenado sacerdote a los 29 años de edad. En 1639 fue consagrado Obispo de Puebla de los Ángeles, de la que tomo posesión el 22 de Julio de 1640.

Visitador, Presidente de la Real Audiencia de México, Juez de Residencia, Virrey de la Nueva España y Arzobispo electo de México (cargo que no aceptó), Palafox vivió y practicó un auténtico amor a Dios y a sus semejantes, especialmente hacia los más pobres. En 1644 fundó el hoy Seminario Palafoxiano, al que donó su biblioteca para servicio de la gente de la Ciudad y del Obispado. Fue un gran promotor del arte y la cultura. Reinició los trabajos de construcción de la Catedral y la consagro el 18 de abril de 1649. Erigió 36 templos y restauro 150 edificaciones, dedicado muchas de ellas al servicio de los más pobres. Valoró y promovió a los indígenas. Fue incansable evangelizador, un fiel ministro de la liturgia, y un guía generoso de la comunidad a él confiada. Escribió importantes obras de carácter ascético. En 1649 el Rey ordenó su traslado a España. En 1654 designado Obispo de Osma, donde vivió en suma pobreza y al servicio de los pobres, hasta su tránsito a la vida eterna, el 1 de octubre de 1659.


4 DE OCTUBRE
 MEMORIA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

El lunes 4 de octubre celebraremos la memoria de San Francisco de Asís, gran profeta de la paz, al que no sólo aman los cristianos, sino también muchos otros que reconocen sus ideales de justicia, reconciliación y paz. San Francisco nació en Asís(Italia), el año 1182. Luego de una juventud superficial y alocada, experimentó una conversión que le llevó a seguir radicalmente a Cristo, optando por una vida de oración, trabajo y penitencia. Pronto, otros jóvenes decidieron seguirle, y fundaron con él una comunidad, que recibió la aprobación del Papa Inocencio III. Como fruto de su encuentro con el Señor, san Francisco aprendió a ver en cada cosa la huella del Creador, y en toda persona su imagen viviente, como lo expresó en su hermoso “Cantico de las criaturas”. Por eso ha sido proclamado Patrono de la Ecología. Junto con Santa Clara, fundó también una orden de religiosas, y luego un grupo de laicos que, en su vida de cada día, deseaban seguir su enseñanzas. San francisco fue llamado a la vida eterna en 1226. Su ejemplo y su intercesión han de impulsarnos a pedir como él: “Señor, hazme un instrumento de tu paz”, y actuar siempre con un sano sentido ecológico.


EN OCTUBRE, MES DEL ROSARIO,
PEDIR POR LA PAZ Y COMPROMETERNOS CON ELLA

Octubre es el mes especialmente dedicado al rezo del Santo Rosario. En esta ocasión, Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, Obispo de Nuevo Laredo y Presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, nos invita a ofrecer esta bella oración para pedir a Dios el don de la paz, por intercesión de su Madre Santísima. Al rezar el Santo Rosario vamos considerando los misterios de nuestra salvación. “Misterio”, en el lenguaje cristiano designa el plan de Dios, que tiene elemento fundamental la paz. “Todos los discípulos misioneros de Jesús en esta nación –comenta Monseñor Rodríguez– estamos llamados a colaborar con todos los hombres y mujeres de bueno voluntad que se esfuerzan porque haya condiciones de vida digna para todos los habitantes de nuestra patria”. En el santo Rosario meditamos los misterios de la encarnación, vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Ahora, se nos invita a meditar en Cristo, nuestra paz(Cf. Ef.2, 14), en la paz que Cristo nos vino a ofrecer (Cf. Jn. 14, 27; 20, 19-21) y en la paz que Cristo nos manda ofrecer (Cf. Mt. 10, 12-13; Jn, 20, 22-23).