Homilía may. 30 / 2013, Corpus Christi

HOMILÍA DE S.E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA
ARZOBISPO DE PUEBLA
CON OCASIÓN DE CORPUS CHRISTI
30 DE MAYO DE 2013

EscudoVictorQueridos hermanos, estamos reunidos con la iglesia Diocesana: Los señores obispos, el cabildo de la catedral, los sacerdotes, las religiosas y el pueblo santo de Dios los fieles laicos de Cristo Jesús, para unirnos a la iglesia universal y celebrar este hermoso misterio, del cuerpo y de la sangre de Cristo.

La celebración es una celebración eucarística, es una celebración sacerdotal, Jesús instituye el jueves santo en el cenáculo este hermoso sacramento; el sacramento de su cuerpo y de su sangre y siempre así se los dice a sus discípulos; que celebren este memorial; háganlo en memoria mía. Por eso cada vez que celebramos este acontecimiento histórico salvífico celebramos la muerte del señor, la resurrección del señor, hasta que el vuelva. La celebración de la eucaristía, es una celebración en primer lugar de alabanza, de acción de gracias, de bendición del nombre de Dios, sobre todo de acción de gracias a Dios nuestro padre por Jesucristo nuestro Señor.

Por eso siempre que tenemos un motivo que agradecerle a Dios nuestro señor qué bueno que lo hagamos con la celebración de la eucaristía, celebrando la eucaristía, participando en la eucaristía; además la eucaristía es un sacramento, el sacramento más importante de todos, el sacramento que esta al centro de toda la vida sacramental y de toda la vida litúrgica en la inmensidad sin la eucaristía no habría sacramento, sin la eucaristía no habría comunidad, sin la eucaristía no habría iglesia, sin la eucaristía no habría sacerdocio que es el sacramento del amor.

Cristo nos amo tanto que quiso permanecer en medio de nosotros atreves de las especies eucarísticas. La eucaristía además es sacrificio, el mismo del calvario, el mismo de la cruz de Cristo; pero ahora este sacrificio tiene otros signos: el pan y el vino que unido a las palabras, sobre todo a las palabras de la consagración, a las palabras del sacerdote que son las mismas palabras de Jesús y que hacen posible este sacramento, este sacrificio y este memorial.

Es un sacrificio sin derramamiento de sangre porque Cristo derramo su sangre una vez para siempre ahora este sacrificio tiene otros signos. Son signos sacramentales, sobre todo a partir de cuando el sacerdote pronuncia las mismas palabras de Jesús: Tomen y coman, tomen y beban esto es mi cuerpo, esta es mi sangre.

La eucaristía también es sacrificio, también el banquete porque venimos a participar de la mesa de su palabra y de la mesa de su cuerpo y de su sangre. Todo esto celebramos siempre que venimos a participar en la santa misa, sobre todo en la santa misa dominical, por eso las lecturas de este domingo iluminan este momento celebrativo.

La primera lectura nos describe como Melquicedem rey de Salem, Sacerdote presenta pan y vino, pues era el sacerdote del Dios altísimo y bendijo a Abraham diciendo: bendito sea Abraham de parte del Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra, bendito sea el Dios altísimo que entrego a tus enemigos en tus manos.

El pan y el vino ofrecido por Melquicedem, el mana del antiguo testamento son signos que anuncian ya otros signos sacramentales; otros bienes espirituales que Cristo dará a su iglesia, entre ellos los sacramentos y de una manera especial el sacramento de la eucaristía.

En la segunda lectura del apóstol San Pablo, también describe lo que el señor Jesús realizo la noche que iba a ser entregado. Tomo pan con sus santas y venerables manos y pronunciando la acción de gracias lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes hagan esto en memoria mía. Y aquí en esta descripción de la carta del apóstol San Pablo a los corintios, encontramos las distintas partes de la celebración de la eucaristía, sobre todo de la parte ritual, sacramental y eucarística.

Tomo pan; toda la parte de preparación de los dones del ofertorio, dio gracias; la gran plegaria y oración de acción de gracias de bendición del nombre de Dios y entorno al pan y al vino, lo partió; la fracción del pan y lo dio a sus discípulos; la comunión. Y esta parte sacramental eucarística está precedida por la palabra de Dios que ilumina el rito, que precede al rito. Por eso un criterio litúrgico en la celebración eucarística es: nunca te acerques a la mesa del cuerpo y de la sangre de Cristo si antes no te has detenido en la mesa de su palabra.

Quiere decir que es importante una parte como la otra, que lo central si es la parte ritual, sacramental, eucarística pero que esa parte está iluminada por la palabra de Dios que le precede al rito. Por eso tenemos que llegar temprano a misa. Desde el principio, porque antes decíamos: si llegue al evangelio todavía me vale la misa, si llegue después del evangelio ya no me vale la misa. No!, llega desde el principio de la celebración para que no te pierdas los beneficios de la mesa de la palabra de Dios. No te acerques a la mesa de la sangre y del cuerpo de Cristo, si antes no te has detenido en la mesa de su palabra.

Y estas dos partes de la celebración están primero precedidas por los ritos introductorios y después por los ritos conclusivos. Estas son las cuatro partes de la celebración eucarística. Y la parte sacramental eucarística; son las cuatro partes que hoy nos describe el apóstol San Pablo en su carta a los corintios.

Cuando Jesús la noche que iba a ser entregado tomo en sus manos pan y vino y pronuncio la acción de gracias y lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes hagan esto en memoria mía.

Y el pasaje del evangelio la tercera lectura que escuchamos la descripción que nos hace el evangelista San Lucas, de la multiplicación de los panes. Así como el mana, así como el pan y el vino presentado por el sacerdote del Dios altísimo Melquicedem, así la multiplicación de los panes serán todos signos de los signos sacramentales, de los signos eucarísticos que después Cristo aportara a su iglesia y que ahora son el alimento de nuestra vida espiritual. Por eso este texto tan hermoso que escuchamos antes del evangelio ilumina esta fiesta que hoy estamos celebrando, la fiesta del Corpus, es un texto no bíblico no litúrgico, es un texto poético, es un texto alegórico pero que nos ayuda a comprender el misterio que hoy la iglesia celebra.

Gustosos hoy aclamamos a Cristo que es nuestro pan, pues él es el pan de vida que nos da vida inmortal. Hoy celebramos con gozo la gloriosa institución de este banquete divino; “El banquete del Señor”. En aquella última cena Cristo hizo la maravilla de dejar a sus amigos el memorial de su vida, enseñados por la iglesia consagramos pan y vino que a los hombres nos redime y dan fuerza en el camino. Bajo símbolos diversos y en diferentes figuras se esconden ciertas verdades maravillosas profundas.

Los signos sacramentales son eficaces y son signos sacramentales cuando el sacerdote pronuncia las mismas palabras de Jesús y así es la eucaristía y así es el bautismo y así es la penitencia

En la penitencia el signo es la declaración de falta, de pecados del penitente pero la palabra es la absolución del sacerdote. Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

En el bautismo es el agua, pero hacen eficaz el signo sacramental, el signo litúrgico, las palabras del sacerdote: yo te bautizo en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

En la eucaristía es el pan y el vino, pero se unen las palabras del sacerdote, toda la plegaria eucarística, todo el gran texto de alabanza de acción de gracias y de bendición del nombre de Dios sobre el pan y el vino, sobre todo las palabras mismas de Jesús: tomen y coman, tomen y beban, esto es mi cuerpo, esta es mi sangre.

Estos son algunos párrafos, algunas estrofas de este hermoso texto que este día nos ayudan a comprender el misterio que hoy celebramos.

La eucaristía tiene que ser el centro de nuestra vida, para nosotros de nuestra vida sacerdotal, para los consagrados de su vida consagrada y para ustedes los fieles laicos el centro de su vida de hijos de Dios e hijos de la iglesia. Por eso me da mucho gusto ver a distintos sectores de nuestra iglesia Diocesana, nuestra querida adoración nocturna que ahora ha cambiado de sede está aquí ya en la conchita ya no está en el templo de la merced. Los ministros extraordinarios de la comunión, algunos colegios; veo por aquí al colegio esparza.

En fin aquí como decía al principio esta la iglesia que peregrina a puebla la iglesia Diocesana que se une a la iglesia universal para celebrar este gran misterio del cuerpo y de la sangre de Cristo.

Al terminar nuestra celebración vamos a posesionar por el atrio de nuestra catedral con el santísimo solemnemente expuesto, porque lo que celebramos aquí en el altar lo reservamos en el sagrario, en el tabernáculo precisamente para estos acontecimientos para las vigilias eucarísticas, para las horas santas eucarísticas, para los jubileos parroquiales eucarísticos, para la fiesta tan hermosa del corpus; para eso reservamos lo que celebramos aquí en el sagrario, en el tabernáculo y sobre todo para los ausentes de la celebración, para los que ya no pueden venir a participar con nosotros en la celebración, los enfermitos, los ancianitos, a quienes les llevan las gracias de este sacramento, de esta celebración que se celebra en el altar los ministros extraordinarios de la comunión.