Homilía jul.13 / 2013, Ordenación Presbiteral

EscudoLiraHOMILÍA ORDENACIÓN PRESBITERAL

Diáconos Óscar Germán Alcaraz Silva y Roque Aguilar Ramírez.

S.E. Mons. Eugenio Lira Rugarcía

13 de julio de 2013, Parroquia María Auxiliadora, México, D.F.

 

Muy reverendos padres salesianos, sacerdotes y diáconos que nos acompañan, reverendas hijas de María Auxiliadora, hermanas y hermanos consagrados, familias Alcaraz Silva y Aguilar Ramírez, diáconos Oscar y Roque, amigas y amigos todos:

En este Año de la Fe, Dios, creador de cuanto existe, el Padre y Pastor que nos conduce hacia las fuentes tranquilas de la vida plena y eterna[1], nos manifiesta una vez más su amor regalándonos dos nuevos sacerdotes: los padres Oscar y Roque, miembros de la familia salesiana ¡Qué alegría!

Hoy seremos testigos de cómo Jesús les comunica su Espíritu para hacerlos partícipes de su sacerdocio único y eterno, como se anunciaba en el Antiguo Testamento cuando Dios tomó parte del espíritu que había concedido a Moisés, figura de Cristo, para comunicárselo a los setenta ancianos elegidos para ayudarle en la misión de guiar y servir al pueblo[2].

Sin embargo, quizá alguno se pregunte ¿Por qué es necesario que unos hombres medien por otros ante Dios? Ciertamente, como señala el Papa en su primera encíclica “La Luz de la Fe”, “esta mediación es difícil de comprender cuando se tiene una concepción individualista ylimitada del conocimiento”[3].

Si miramos con atención, nos daremos cuenta que el ser humano lleva inscrita en su naturaleza la llamada a realizarse en la apertura a Dios y a los demás; a salir de la prisión del individualismo para entrar en una comunión grande, que es la Iglesia[4], donde somos familia de Dios y nos ayudamos unos a otros mediante diferentes servicios.

Es en esta familia en la que el Señor ha elegido a Oscar y a Roque, tomándolos de entre los hombres, para que intervengan en favor de ellos ante Dios. No son Oscar y Roque los que se confieren esta dignidad; es Cristo quien los hará partícipes de su sacerdocio, a través de su Iglesia[5].

Mediante la imposición de mis manos y la oración consagratoria que haré como sucesor de los apóstoles, Dios les dará su Espíritu para que se conviertan en presencia y prolongación de la vida y de la acción de Jesús[6], el Buen Pastor que, como explica san Gregorio, nos enseña “la manera de ser del pastor bueno, para que nosotros le imitemos: "El buen pastor da su vida por sus ovejas"[7].

Dar la vida por las ovejas es conocerlas, comprendiendo que son de Cristo, no nuestras, y que debemos conocerlas con la mirada amorosa de Jesús, para que ellas puedan conocer a Dios y encontrarle a través de nosotros[8].

“Nuestro pueblo –ha dicho el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Pierre– necesita sacerdotes… que saben… darse tiempo para hacer sentir a los demás que Dios tiene tiempo para ellos… Sacerdotes que incansablemente salen a las diversas periferias e incansablemente vuelven al Sagrario para cargar de aceite sus lámparas antes de volver a salir”[9].

“El sacerdote –decía san Juan María Vianney– continúa la obra de la redención sobre la tierra… tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes” [10].

¡Qué gran responsabilidad! Por eso, san Juan Crisóstomo advertía: “…el que toma sobre sí este cuidado necesita tener una gran prudencia, y aun más que ésta, una gracia muy grande de Dios… es necesario que el sacerdote sea vigilante… como aquél que no vive para sí solo, sino también para tan gran muchedumbre.”[11]

Queridos Oscar y Roque; “vigilar” significa vivir cada día unidos al Señor en su Iglesia, como hombres de fe, meditando, haciendo vida y proclamando su Palabra; recibiendo y administrando sus sacramentos; conversando con Él en la oración litúrgica, comunitaria y personal; pensando, hablando y actuando en comunión filial con el Papa y los Obispos; en comunión fraterna con el colegio de los presbíteros, en comunión servicial con la vida consagrada y los fieles laicos.

“Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad –decía san Juan Bosco–Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús… tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro” [12].

Queridos Oscar y Roque, en este día tan grande para ustedes y para toda la Iglesia, tengan presente las palabras del Papa Francisco a los sacerdotes: “esto les pido: sean pastores con «olor a oveja»”[13].

Háganlo, confiando en la eficaz intercesión de María Auxiliadora y de san Juan Bosco, para testimoniar día a día los lemas que cada uno ha elegido: “Mi vida doy por mis ovejas”, “Señor, ¿a quién iremos?, Tú tienes palabras de vida eterna”.

Y nosotros, hermanas y hermanos, sintámonos amados por Dios, que nos envía dos nuevos sacerdotes ¡Demos gracias al Señor por el sacerdocio ministerial de Cristo! ¡Demos gracias porque Él quiso hacer partícipes de este don a los hombres que elige para perpetuar su presencia amorosa y salvífica entre nosotros! ¡Demos gracias porque sigue enviando pastores a su Iglesia! ¡Demos gracias por los padres Oscar y Roque!

Pidámosle que los haga fieles hasta el final, y que siga llamando a muchos jóvenes al sacerdocio ministerial. ¡Sí, jóvenes! De verdad vale la pena seguir a Cristo y dar la vida por Él y por los hermanos. En esta tierra sólo se vive una vez ¡Hay que hacer que valga la pena!

Que en este Año de la Fe, el Señor nos conceda a todos comprender que, como ha dicho el Papa, “las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios”[14]. ¡Vivámoslo y hagámoslo así!

 



[1]cfr. Sal 23.

[2]cfr. 1ª Lectura: Nm11, 11-12-14-17. 24-25.

[3]Lumen Fidei, n. 14.

[4]Ibíd., n. 45.

[5]cfr. 2ª Lectura: Hb5, 1-10.

[6] Cfr. Lc 22, 19; 2 Tm 1,6; Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1546-1547.

[7]In Evang hom 14.

[8]cfr. Evangelio: Jn 10, 11-18.

[9]Mensaje a la CEM, 9 de abril de 2013.

[10] En Le curé d’Ars. Sa pensée – Son Coeur. Présentés par l’Abbé Bernard Nodet, éd. Xavier Mappus, Foi Vivante 1966, p. 98.

[11] Seis sermones sobre el sacerdocio, Libro 3, Libro III, La responsabilidad de la gracia sacerdotal, y Vigilancia y virtud.

[12] Epistolario, Turín 1959.

[13] Homilía Misa Crismal, Jueves santo 2013.

[14] Lumen Fidei, n. 51.