Homilía may. 1 / 2011

arzobispoHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
1º DE MAYO DE 2011

Queridos hermanos, hoy celebramos  la Octava de Pascua, durante estos ocho días hemos estado alegres celebrando a Jesús resucitado; nuestra alegría continúa durante los días siguientes hasta que completemos 50 días pascuales en que estaremos celebrando la Resurección de nuestro Señor Jesucristo. En esta Octava de Pascua, nuestro queridísimo Papa Juan Pablo II instituyó esta fiesta de la Divina Misericordia, y hoy celebramos también esta fiesta; además es primero de mayo, día en que celebramos a San José obrero.

Son muchos motivos para estar alegres y para regocijarnos con toda la Iglesia Universal, que está celebrando estos acontecimientos, las lecturas que estamos escuchando, el libro de los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio de Juan nos describen la vida de la Iglesia naciente de Jesús; la predicación llena de valentía de Pedro y los demás apóstoles, y las primeras apariciones de Jesús resucitado a los apóstoles para fortalecernos y darles su espíritu, convivir con ellos, formarlos y guiarlos hacia la misión; por eso en la Primera Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles,  se nos narra cómo era le vida de la Iglesia en los primeros días. Todos los que habían sido bautizados eran constantes en escuchar las ensñanzas de los apóstoles; asiduos a la catequesis, en la comunión fraterna, la fracción del pan y  en las oraciones; toda le gente estaba llena de asombro  al ver losprodigios que hacían los apóstoles en Jerusalem en el nombre de Jesús Resucitado, todos los creyentes vivian unidos y tenían todo en común; diario se reunían en el templo y las casas, partíanel pan y comían juntos, alegres y unidos de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaban, el Señor aumentaba  cada día el número de lso que habían de salvarse. Esta es la vida de la naciente Iglesia de Jesús, por eso es modelo de la Iglesia de los siguientes siglos hasta la de nuestros días.

en la Segunda lectura el apóstol San Pedro resalta el Misterio de la Resurrección de Cristo que nos da la esperanza a todos los que somos bautizados de una vida nueva. El Evagelio nos describe las dos primeras apariciones de Jesús a sus apóstoles. La noche misma de la Resurrección y oho días después. al anochecer del día de la Resurección, estando cerradas las puertas de las casas, donde se hallaban los discípulos por miedo a los judíos, se presentó Jesús por medio de ellos y les dijo "La paz esté con ustedes" Y les mostró las manos y el costado; pero el evangelista nos dice que Tomás , quien no estaba con los demás discípulos, no creía, aunque los demás le decían llenos de alegría: "Hemos visto al Maestro". Tomás quería ver el costado abierto de Jesús, y la señal de los clavos.
Ocho días después, nuevamente estando reunidos los discípulos, ya con Tomás entre ellos, Jesús se presentó enmedio de ellos diciendo: "La paz esté con ustedes" y luego le dijo a Tomás "Aquí están mis manos, acerca tu dedo, trae aquí tu mano, ponla en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Y así como Pedro, quien lo negó y después hizo esta profesión de fe "Señor, tú eres el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, El Enviado; así también Tomás exclamó ésta profesión de fe: "Jesús mío y Dios mío". Esta es la narración del Evangelista sobre las dos primeras apariciones de Jesús Resucitado.

¿Cuántas veces nos ha pasado lo mismo? Nos decimos creyentes, católicos pero no lo manifestamos por miedo como los apóstoles, que estaban encerrados, temiendo pasar la misma suerte que el Maestro. Nos decimos católicos pero muchas veces no somos capaces de abrirnos a los demás y compartirles la fe en Jesús; no entramos en diálogo con los demás. Pero a pesar de este encierro Jesús irrumpe en la habitación y se presenta en medio de sus discípulos; no hay regaño, ni reproches, ni siquiera para Tomás sólo palabras de aliento "La paz esté con ustedes". Éste hombre que entra sin anunciarse, que atraviesa paredes es el mismo Jesús que conocieron sus discípulos y para que no quede duda Jesús les muestra las manos y el costado, la señal de los clavos y la alegría de los discípulos  es incontenible; Jesús está vivo; ya no se acuerdan del miedo que ellos tienen a los judíos, y Jesús les vuelve a decir "La paz esté con ustedes, como el padreme ha enviado a ustedes, como el Padre me ha enviado, así tambiénlos envío yo y los discípulos pasan ahora a ser apóstoles enviados. Nosotros que nos llenamos de miedo  y nos acobardamos también recibimos esas palabras de  aliento, de Jesús. Los discípulos pudieron dudar de Jesús, quien  sabe de sus miedos y cobardías, pero no le importa porque les ha traído un don maravilloso, el Espíritu Santo; por eso sobla sobre ellos y les dice: "Reciban el Espíritu Santo; a los que perdonen los pecados, les quedarán perdonados y a los que no se los perdonen les quedarán sin perdonar". Les infunde su Espíritu y los envía a la misión y ellos se ven fortalecidos por el Espíritu de Jesús Resucitado y se van apredicar sin miedo la Buena Nueva del Reino y a dar testimonio de la Resurección de Jesús.

 Pedro y Juan, al llegar al sepulcro sólo vieron los signos de la Resurrección: el sepulcro vacío, ven corrida la piedra que lo tapaba; los lienzos y el sudario doblados en un sitio aparte, y ahora dan testimonio de ese encuentro con el Maestro resucitado, van llenos de valentía a predicar a éste Jesús resucitado. por eso pedro les dice "Ya saben todo lo que ha sucedido estos días, han oído hablar sobre Jesús, hombre bueno que pasó haciendo el bien y sin embargo ustedes lo mataron, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros damos testimonio de eso".

Hoy en que celebramos el domingo de la Divina Misericordia en medio de la alegría de la Pascua, Dios nos concede por ministerio de su Vicario en la Tierra, el Papa Benedicto, la Gracia de contar con un poderoso intercesor, gran ejemplo de discípulo y misionero de Cristo: El beato Papa Juan Pablo II, justamente llamado "El Grande" en quien contemplamos las maravillas que Jesús hizo con su Resurección al vencer para siemre al pecado, por eos uinidos a MAría Santísima, al Beato Juan Pablo II y a toda la Iglesia , proclamamos: "Bendito el Señor Padre de Nuestro Señor Jesucristo por su gran Misericordia" porque al resucitar a Jesucristo de entre los muertos nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva que no puede  corromperse ni mancharse y que Él nos tiene reservada, como herencia, en el Cielo.

Demos gracias a Dios por Juan Pablo II, quien ahora desde la casa del Padre nos ve y nos bendice. Y al Señor resucitado pedimos que nos de la fuerza para no tener miedo como tantas veces nos pidió el nuevo Beato, para que como él, unidos a Cristo, transformemos el miedo venciendo al mal con el poder fascinante del amor y podamos alcanzar la Dicha Eterna del Cielo. Que María Santísima, a quien jJan Pablo II, el Grande dedicó su lema, "Todo tuyo", interceda por nosotros para que podamos hacerlo así, exclamando con todo nuestro ser "Señor mío y Dios mío", como Tomás o como Santa Faustina Kowalska, "Jesús, en Tí confío".