Homilía abr. 17 / 2011

arzobispoHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
Domingo 17 de abril de 2011

 

Queridos hermanos: Después prepararnos, desde el principio de la Cuaresma, con oración, prácticas penitenciales y obras de caridad, hoy nos reunimos para inicar con toda la Iglesia Universal la celebración anual de los misterios de la Pasión, muerte y resurección de Nuestro Señor Jesucristo. Los misterios comenzaron con la entrada de Jesús en Jerusalém; la Cuaresma ha quedado atrás e iniciamos la Semana Mayor. Debemos vivir santamente estos días, por eso es una Semana Santa, son días distintos a los demás, en los que nuestra oración, reflexión, contemplación y celebración de estos días que celebra toda la Iglesia, nos ayudarán a crecer en vida espiritual. Por eso hemos acompañado con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada triunfal hacia la Ciudad Santa para que participando estos días de su cruz, de su Pasión y su dolor, también participemos un día  de su gloriosa Resurección y de su vida.

Hoy escuchamos en el Evangelio una lectura larga que nos describe lo que pasó aquellos días en Jerusalén. Dos días  al año en Semana Santa escuchamos esta lectura de la Pasión de  nuestro Señor Jesucristo: En Domingo de Ramos y el Viernes Santo. Etos días acompañaremos a Jesús en todo momento: desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su Resurección.

Es muy facil acompañar a jesús en estos momentos de gloria y recibirle entre gritos de júbilo por la entrada de Jerusalén, "Bendito el Rey que viene", "Bendito el que viene en nombre del Señor". Jesús va con  una multitud entusiasta que le reconoce como el Mesías esperado. Acompañar a Jesús entre palmas y mantas es relativamente facil. Lo difícil  es acompañar a Jesús en los siguientes días: En su Pasión, la cual, en la intimidad de una cena, Jesús comunica a sus apóstoles que va a sufrir y morir. Y cuando uno se da  cuenta de las luchas de poder de sus discípulos para ver quién es el más importante. Es difícil acompañar a Jesús cuando se ven protagonismos o discursos huecos: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo, incluso a la cárcel o a la muerte": Los discípulos le fallan; acompañar a Jesús es difícil cuando anuncia que vend´ran días difíciles y que Él será contado entre los malechores; cuando en una angustia mortal, Jesús clama "Padre, si quieres aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" y Él suda gotas de sangre; es difícil acompañarle cuando los disípulos no  son capaces de velar y estar con Él en momentos tan duros; cuando el amigo lo traiciona dándole un beso; cuando lo sumos sacerdotes, los encargados del templo y los ancianos arrestan a Jesús con palas y espadas como si fuera un bandido. También es difícl  acompañarle cuando sus amigos le dan la espalda y dicen "Yo no lo conozco"; cuando es objeto de burla y los soldados le dan golpes y tapándole la cara le preguntan "Adivina quién te ha golpeado"; cuando los sumos sacerdotes y el pueblo le gritan a Pilato: "Crucifícalo", "Crucifícalo". Es difícil acompañar a Jesús cuando camina con la cruz a cuestas por la vía dolorosa; cuando es colgado de un madero junto con los ladrones y los soldados se reparten sus vestiduras; cuando las autoridades le hacen muecas y le dicen: "ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el Rey de los Judíos, que baje de la cruz y creeremos en Él; es difícil acompañarlo en medio de una obscuridad cuando Jesús clama con potente voz "Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?". Finalmente, queridos hermanos, es difícil acompañar a Jesús cuando muere y sus discípulos se mantienen alejados de Él. Éstos son los misterios que celebraremos  en los días de la Semana Mayor. Esto es lo que nos ha narrado el evangelista San Mateo.

Hoy es facil acompañar a Cristo con palmas y ramos de flores, aleluyas, "Bendito el que viene en nombre del Señor" "Hosana al Hijo de David". Pero los próximos días no será facil porque acompañaremos al Cristo  de la vía dolorosa,  el Cristo sufriente de Viernes Santo; como lo narra la Primera Lectura, del profeta Isaías; el contexto aplicable al misterio de Jesús, que celebraremos en estos días. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban; la mejilla a los que me tiraban de la barda, no  a parté mi rostro de los insultos y salivazos; el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido. Por eso endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.

Estos días también acompañaremos al Jesús que nos dice el apóstol San Pablo en la Segunda Lectura "No consideró Cristo, aún siendo Dios, que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo y se hizo semejante a los hombres en todo menos en el pecado para rescatarnos del pecado. Así, hecho uno de ellos se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso una muerte, y una muerte de cruz, pero Dios lo exaltó sobre todas las cosas. Dios le dio el nombre que está sobre todo nombre para que ante el nombre de Jesús todos doblen la rodilla en la Tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor. A éste Jesús acompañaremos todos estos días de la Semana Santa. Para esto nos ha servido la Cuaresma,  para prepararnos a vivir con Jesúsestos estos acontecimientos de su vida. Entonces pidamos a Jesús que nos conceda humildad para que, viviendo según las enseñanzas de su pasión y muerte, lleguemos a participar algún día de su gloriosa Resurección.