Homilía abr. 11 / 2011

arzobispoHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
Domingo 10 de abril de 2011

 

Queridos hermanos:

Hoy iniciamos la última semana de Cuaresma, hoy es la Quinta dominica de Cuaresma y dentro de ocho días, con la bendición y procesión de las palmas estaremos iniciando nuestra celebración  de la Semana Mayor, la Semana Santa, en que celebramos los Misterios más importantes de Jesús y de la iglesia; los misterios de la Pascua.

En este últi9mo domingo de Cuaresma escuchamos el Evangelio de la resurrección de Lázaro, que es toda una catequesis sobre la fe en la resurrección y muestra que Jesús es más fuerte que la muerte; y dice “Yo soy la resurrección y la Vida”. Él es quien encarna la vida y creer en él significa apostar por la vida plena.

Desde el principio se manifiesta que la enfermedad de Lázaro servirá para manifestar la Gloria de Dios, por eso cuando nos narra el evangeliza, que avisan al Señor: “El amigo a quien tanto quieres está enfermo” Jesús no va hacia Betania inmediatamente, sino que permanece con sus discípulos y hasta el tercer día les dice “Vayamos a  Judea”. Jesús sabe que esto no es fácil pues sabe que en Judea  hay riesgo de muerte para Él y sus seguidores, pero está dispuesto a todo con tal de ver y dar vida a su amigo.

Cuando llega a Betania los hermanos de Lázaro le reprochan “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”, a lo que Jesús contesta “Su hermano resucitará” y aunque le contestan “Sabemos que resucitará el último día”; Jesús resucita a Lázaro y con ello Jesús demuestra que la enfermedad, el dolor, el sufrimiento y la muerte misma, son parte de la vida del hombre, pero algún día se terminarán y resucitaremos a la vida plena y eterna.

El evangelista nos sigue narrando que al llegar a Judea, Lázaro ya llevaba varios días en el sepulcro. El sepulcro será un signo de muerte pero no está cerrado para Dios, sino que su acción penetra en él llevando a la vida; por eso Jesús insiste “Quiten la loza” y ordena “Lázaro, sal de allí”. Con estas acciones Jesús pone de pie a quien estaba tendido, desata al que estaba atado y da vida al que estaba muerto. Con dichas palabras Jesús nos invita a salir de nuestros sepulcros, superar la rigidez, el inmovilismo, la frialdad, las ataduras terrenas y la esclavitud del pecado para vivir como resucitados en plenitud.

Desde el Antiguo testamento se anuncia que el Señor infundirá su espíritu y viviremos. El profeta dice “esto dice el Señor Dios: Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel; cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo mío, ustedes dirán que Yo Soy El Señor, entonces les infundiré mi espíritu y vivirán, los estableceré en su tierra y ustedes sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplí. Esto que Jesús realiza con su amigo Lázaro, miembro de la familia de Betania a quien Jesús quería y convivía tanto, ya se anuncia desde el Antiguo Testamento por el profeta.

Por eso, queridos hermanos, al terminando muestra Cuaresma, en los dos grandes viernes del año en que acompañamos a María en sus dolores y a Jesús en su Via Crucis, conviene que nos preguntemos qué situaciones son las que me hacen sentir enfermo o sin vida y a través de qué personas he escuchado la voz de Jesús, que me dice “Sal de allí”; quiénes son aquellos que me han ayudado a quitar esas pesadas lozas que no dejan pasar el aire de la vida, cómo puedo transmitir a otros que Jesús es la Resurrección, la Verdad y la Vida.

En la Segunda Lectura, San Pablo en la carta a los romanos nos pide que vivamos según nuestra condición de bautizados; dice: “Los que viven en forma desordenada y egoísta, no pueden agradar a Dios pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al espíritu puesto que el Espíritu de Dios habita en ustedes. Quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo, en cambio, si Cristo vive en ustedes aunque  su cuerpo siga sujeto a la muerte por el  pecado, su espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios. Si el Espíritu del Padre que resucitó a Jesús de entre los muertos, entonces el Padre, que resucitó e a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales por obra de su Espíritu, que habita en ustedes.

Esta es la hermosa catequesis sobre la fe en la resurrección y así, con este último domingo de cuaresma, hemos escuchado las tres catequesis sobre la figura de Jesús. Hace dos domingos “Cristo fuente de agua viva” con el evangelio de Jesús y La Samaritana; el domingo pasado: “Cristo Luz”, con el Evangelio del ciego de nacimiento y hoy “Cristo Vida Plena y Resurrección” con el evangelio que acabamos de escuchar, la resurrección de Lázaro. Éste es el orden de lecturas bíblicas que nos presenta la liturgia de la Iglesia. Con estas catequesis, quienes en la Pascua se preparan para el bautismo, la confirmación y la Eucaristía tienen ya una idea de la figura de Jesús, cuya fe de él van a recibir por el bautismo.

A la luz de esta palabra que acabamos de escuchar, pasado mañana, martes 12 de abril viviremos l gran  acontecimiento  de nuestra Iglesia Diocesana; la ordenación Episcopal de nuestros dos nuevos obispos auxiliares, que nos ha dado el Santo Padre, Mons. Dagoberto Sosa, actual Párroco de Amozóc y Mons. Eugenio Lira, actual presidente de la Comisión Diocesana de Comunicación Social; hace 41 años que no había una Ordenación Episcopal en nuestra Arquidiócesis. Nuestro Semanario Diocesano, Angelus, publica una catequesis sobre la figura del obispo ¿Quién es el Obispo? Es el sucesor de los apóstoles ¿Qué sacramento reciben? El sacerdocio en plenitud: el Episcopado; pues hay tres grados en el sacerdocio: obispo, presbítero y diácono. El Obispo es quien posee la plenitud del orden sagrado, la plenitud del Espíritu Santo ¿Cuáles son los signos Episcopales? Son el anillo, signo esponsal de unión con una Iglesia Diocesana a la que van a servir; el báculo, signo de Obispo Pastor, y la Mitra, signo de Obispo cabeza de una Iglesia Diocesana. Hay otros signos propios de la dignidad Episcopal: el Solideo, el cual ya usan Mons. Dagoberto y Mons. Eugenio y el pectoral, que es una cruz sin Cristo porque el crucificado es el mismo Obispo. Los signos que empezarán a usar a partir del martes son: el anillo, el báculo y la mitra.

Lean la catequesis de los dos últimos domingos en nuestro Semanario, que tratan del Sacramento del Episcopado. Los Obispos tenemos el mismo Sacramento del Episcopado que tiene el Papa; quien es Obispo de Roma; y el mismo sacramento que tiene el cardenal, nuestro Arzobispo Primado de México. Después hay algunas dignidades propias del cardenal como colaborador del Papa, del Arzobispo por el territorio que tiene, pero todos somos sucesores de los apóstoles: el Papa, los cardenales, los obispos son el mismo grado de sacramentalidad que recibimos  el día de nuestra ordenación Episcopal. Todos están invitados; los pases se están distribuyendo en las parroquias, sin embargo está considerado que el espacio sea amplio para que aún quien no tenga pase pueda entrar y participar en la celebración de ordenación de los dos nuevos obispos auxiliares para esta Iglesia Diocesana de Puebla.

Vamos a pedir al Señor que nuestra Iglesia Diocesana en Puebla siga siendo una Iglesia viva, en misión permanente y peregrina hacia nuestra patria definitiva, que es el Cielo.