Homilía mar. 27 / 2011

EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
Domingo 27 de marzo de 2011

 

La liturgia de la Iglesia, a través de la Liturgia de la Palabra de las lecturas que escuchamos, nos sigue presentando esta síntesis de la Historia de la Salvación que iniciamos en el Primer domingo de la Cuaresma.

La Primera Lectura nos narra la rebeldía del pueblo de la Antigua Alianza contra Moisés. El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciéndole: Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed, a nosotros, a nuestros hijos, y a nuestro ganado.

Moisés, que intercede por el pueblo ante el Señor, clama al Señor y le dice: ¿Qué puedo hacer por este pueblo? Sólo falta que me apedreen; y respondió el Señor a Moisés “Preséntate ante el pueblo llevando contigo a algunos ancianos de Israel y toma en tu mano el callado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti sobre la peña de Noret y allí golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba todo este pueblo y sus ganados. Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel, y puso por nombre a aquel lugar “Masá” y “Meribá” por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor diciendo “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”. Sin embargo el Señor se muestra como un Dios bondadoso y misericordioso; por eso cantamos con el salmista, quien pide perdón “Perdónanos, y que no seamos sordos a tu voz”. Esta historia, queridos hermanos, es la historia del pueblo de la Antigua Alianza, que se sigue actualizando. Es la historia de cada uno de nosotros que nos seguimos rebelando contra Dios, y a pesar de eso nos lo encontramos como un Dios bondadoso, misericordioso y dispuesto siempre para perdonar.

En la segunda lectura que escuchamos este domingo, el apóstol San Pablo nos hace reflexionar sombre nuestra justificación a través de la ley que profesamos en Jesucristo nuestro Señor. El apóstol dice a los cristianos de Roma: Manténganse en paz con Dios, por mediación de nuestro Sr. Jesucristo; por Él hemos obtenido con la fe, la entrada al mundo de la Gracia, y por Él podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar de la Gloria de Dios. Esto significa que nosotros hemos sido justificados por la fe en Jesús; y Dios nos ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo.

La Tercera Lectura que escuchamos este domingo tercero de Cuaresma, es una hermosa catequesis de la figura de Jesús y fue dada desde el principio de la vida de la Iglesia para que los hermanos de la Iglesia primitiva y naciente de Jesús se prepararan para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, del bautismo, la confirmación y la Eucaristía y así, tuvieran una idea de quién es ese Jesús a quien iban a recibir. Es la primera catequesis es sobre Cristo, fuente de agua viva.

El Evangelio es el encuentro de Jesús con la Samaritana en el pozo de Jacob. Imaginemos cómo Jesús llega a Sicar, un pueblo de Samaria, bajo el intenso sol de un largo día. Tras un largo y agotador camino, se ve cansado, lleva los pies hinchados, los labios resecos, está sediento y se dirige al pozo de Jacob; se sienta en el brocal y espera a que alguien se acerque. Los discípulos, mientras tanto, fueron a comprar alimentos. Jesús se dirigió a una mujer, la primera que llegó al pozo, que era una samaritana, y Jesús le dijo: “Dame de beber”. Seguramente no era la primera vez que alguien le pedía agua, pero no era lo más común que un judío se acercara y entablara diálogo con ella, que era samaritana pues, según el evangelista, los judíos, no se llevaban con los samaritanos, por eso la mujer se asombró y dijo: ¿Cómo tú, siendo judío me pides de beber a mí, que soy samaritana? El asombro de la mujer es comprensible. Jesús continúa el diálogo y revela el don del agua viva a partir de las necesidades humanas, por eso le dice “Si supieras quién es el que te pide de beber, tú le pedirías agua a Él”. La mujer le dice Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. Él le dice Llama a tu marido y vuelve, a lo que la mujer contesta: No tengo marido y Jesús le dice Tienes razón en decir ‘no tengo marido’, has tenido muchos y el que tienes ahora no es tu marido.” La Samaritana le dice: “Señor, ya veo que eres un profeta.

Este diálogo se vuelve más profundo cuando la mujer reconoce su vacío y carencias: No tengo marido. Y al identificarlo como profeta, ella le pregunta del lugar donde se debe dar culto a Dios, a lo que él responde: El verdadero culto a Dios es adorarlo y darle culto en verdad. Jesús se revela como algo sorprendente que llena y transforma la vida de aquella mujer.

El conocimiento que la samaritana tiene de Jesús va siendo gradual, primero lo ve como un viajero desconocido, después como un judío, quizá enemigo de los samaritanos, luego como un hombre desconcertante, como un profeta y finalmente como el mesías. Una vez que la samaritana ha tenido este encuentro con Jesús, ella se convertirá en apóstol, alguien que llevrá la buena noticia de Jesús para los demás: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. Sin duda es un profeta.”

A la luz de esta palabra, Cristo, fuente de agua viva, conviene que nos preguntemos cuáles son nuestras necesidades más apremiantes ¿De qué tenemos sed? ¿Qué tanto dialogamos con el Señor en la oración ¿Cómo compartimos con los demás la buena noticia de Jesús? Vengan a ver a éste hombre que he conocido, sin duda es un profeta. Estas son las preguntas que nos pueden ayudar a seguir meditando en este evangelio escuchado en este tercer domingo de cuaresma para aplicarlo en nuestra vida.

Por eso, hoy hemos pedido al Señor, en la primera oración que le dirigimos: “Dios misericordioso, fuente de agua viva, fuente de toda bondad que nos has propuesto como remedio de todo pecado el ayuno, la oración y las obras de misericordia; mira con piedad a quienes reconocemos nuestras miserias y estamos agobiados por nuestras culpas y reconfórtanos con tu amor.” Fue la oración que, desde el principio de la misa, dirigimos a nuestro Señor, sin duda es la misma oración de la samaritana y del pueblo de la antigua alianza que se rebela contra Dios y contra Moisés y la misma oración del salmista, que dice “Señor, perdona nuestros pecados y que no seamos sordos a tu voz”. Ésta es la enseñanza que nos da la palabra de Dios.

Sigue nuestro camino cuaresmal, este próximo viernes ya es cuarto viernes y seguimos visitando los santuarios de propios de los viernes de cuaresma: Chalma, Tepalcinto, El Señor de las Maravillas. Estamos haciendo nuestro camino cuaresmal por los viernes de Cuaresma visitando imágenes hermosas, milagrosas y veneradas del sufriente Cristo, esto como una preparación espiritual para llegar a los hermosos días de la Pascua.