Homilía mar. 6 / 2011

EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA,
PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL,
Domingo 6 de marzo de 2011
 

 

Queridos hermanos;  el tema de reflexión que hoy nos propone la palabra de Dios, a través de las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar, es el del cumplimiento de los mandamientos y  la Voluntad de Dios; como Jesús, que pasó haciendo el bien, sanando enfermedades,  dolencias y cumpliendo en todo la obra de salvación para la que fue enviado.

El Plan de Salvación de Dios es que todos lleguemos al conocimiento de La Verdad y para esto envía a su Hijo al mundo. Jesús es quien realiza el Plan de Salvación. Para Él, lo primero y fundamental era hacer siempre la Voluntad de Dios, por eso dijo: “Mi alimento  es hacer la voluntad del Señor y llevar a término su obra”.

Así lo escuchamos en la Primera Lectura del libro del Deuteronomio, en que Moisés se dice al pueblo de la Antigua Alianza: “Pongan en su corazón y en sus almas estas palabras mías, átenlas a su mano como una señal y  llévenlas como un signo sobre la frente;  he aquí que hoy pongo delante de ustedes la bendición y la maldición. La  bendición si obedecen los mandamiento y la Voluntad de Dios, pero la maldición  si no obedecen  los  mandamientos y se apartan del camino, que hoy les señalo, y van en pos de otros dioses que ustedes ni siquiera conocen.” La Primera Lectura termina diciendo “Esfuércense en cumplir la Voluntad de Dios,  los mandamientos y decretos que hoy promulgo ante ustedes”.

Esos mandamientos son los mismos del Antiguo y del Nuevo Testamento: no matarás, no robarás, honrarás a tu padre y a tu madre. Desde el antiguo Testamento, quienes pastoreaban al pueblo de la antigua alianza piden cumplir la voluntad de Dios.  En este caso, Moisés se dirige al pueblo de esta manera: “Cumplan la voluntad de Dios, los mandamientos de Dios, los decretos que les promulgo hoy” Y Jesús da ejemplo: “Mi alimento es hacer la Voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

En el Evangelio de este domingo, Jesús dice a sus discípulos: “No todo el que me diga ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino aquel que cumpla la Voluntad de mi Padre que está en los Cielos”. Nuevamente, este es el tema es el del cumplimiento fiel de la Voluntad de Dios; “Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor ¿No hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?” Entonces Yo les diré “Nunca los he conocido, aléjense de mí ustedes, los que han hecho el mal”. El que escucha mis palabras y las pone en práctica se parece a un hombre prudente que edificó su casa sobre roca, vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa pero no se cayó porque estaba construida sobre roca. Pero el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a un hombre imprudente que edificó su casa sobre arena, vino la lluvia, bajaron las  crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”. Con esto, queridos hermanos,  Jesús critica a aquellos que se conforman con hablar o escuchar de La Palabra de Dios pero no la ponen en práctica.

Aquel que escucha la palabra de Jesús es como el hombre que edifica su casa sobre roca, pero  el que la escucha y no pasa a la acción es como el hombre imprudente que construye sobre arena. Para Jesús, decir “Señor, Señor”, arrojar demonios, combatir el mal, e incluso hacer milagros no es tan importante como estar cimentados en Dios, cumplir su Palabra y Su Voluntad.

Como nos dijo el Papa en aparecida, Dios es una realidad fundante. Si no conocemos a Dios o le sacamos de nuestra vida, toda la realidad se convierte en algo indescifrable, en caos y confusión, porque Dios es una realidad fundante, como  lo dijo el Papa en Aparecida. Dios debe estar presente  en nuestra vida personal y familiar. Por esta razón, Jesús trata de convencer a sus discípulos  de que su vida, su ministerio y su predicación deben estar cimentados en la palabra de Dios y en  cumplir en todo su Voluntad.

En el Padre Nuestro, la mejor oración de la iglesia, oración cristiana por excelencia, Jesús nos enseña a hacer oración y a cumplir en todo su Voluntad diciendo “Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo”; esto es abandonarse en Dios y cumplir su Palabra, lo cual implica tiempo, constancia y esfuerzo.

A Jesús esto le costó sudor,  lágrimas y sangre en el huerto de los Olivos en Getsemaní, cuando dijo en la oración sacerdotal que escuchamos en los días santos, en especial en Viernes Santo: “Padre, si quieres,  aparta de mí este cáliz” Es una oración de súplica, pero a la vez, de confianza porque termina diciendo “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

En la Segunda Lectura, el Apóstol San Pablo nos presenta otro tema de reflexión: el tema de la fe. “El hombre es justificado por la fe y no por cumplir la fe de Moisés”, es decir que nuestra fe tiene que estar acompañada de obras.  Cuando San Pablo dice a los cristianos de Roma: “Por medio de la fe en Jesucristo la actividad salvadora de Dios llega sin distinción alguna  a todos los que creen en Él” quiere decir que, en efecto, como todos pecaron, todos están privados de la presencia salvadora de Dios,  pero todos son justificados gratuitamente por la Gracia que está en virtud de la redención llevada a cabo por medio de Jesucristo, nuestro Señor. Por lo tanto nuestra salvación es  por la fe que tengamos en Jesús, pero acompañada de obras buenas. Por eso en esta  misa dominical, pidámosle al Señor, que nos ayude a encontrar y descubrir su Voluntad en nuestra vida, y que la cumplamos con su ayuda.

Estamos iniciando un nuevo tiempo litúrgico, pues el próximo miércoles, nuestra Madre la Iglesia, nos ofrece un tiempo de Gracia y conversión; aprovechémoslo. El próximo miércoles, con el signo externo de la ceniza tenemos que dar signos internos de conversión, pues empieza un tiempo de conversión, arrepentimiento, penitencia, ayuno, abstinencia y mortificación propia de estos días de cuaresma. Estos sacrificios nos ayudan a acercarnos más a Dios en Cuaresma para preparar el corazón hacia las máximas solemnidades de la Iglesia, la pascua.

Ése miércoles, con el ayuno, la abstinencia y la ceniza entramos en el tiempo de conversión. Durante el recorrido por la Cuaresma iremos de menos a más, avanzando en los viernes penitenciales cuaresmales; debemos ir preparándonos espiritualmente para las fiestas hermosas de la Pascua.

La Cuaresma es un tiempo de oración y de más frecuencia de vida sacramental, de prácticas penitenciales externas que nos ayudan, castigando y  venciendo el cuerpo para fortalecer nuestro espíritu y así luchar contra las tentaciones y el pecado

Todo tiempo es propio para regresar a la casa del Padre, pues en todo momento tenemos que estar convirtiéndonos al Señor, arrepintiéndonos de nuestras faltas, cumpliendo  fielmente su Voluntad y sus  mandamientos. La Cuaresma nos ayuda para esto, por lo tanto, aprovechemos el tiempo penitencial y de Gracia que el Señor nos ofrece para acercarnos más hacia Él. Así pedimos al Señor en nuestra Santa misa dominical.