Homilía sep. 21 / 2012, San Mateo Apostol

HOMILÍA DE S.E. MONS. EUGENIO LIRA RUGARCÍA
OBISPO AUXILIAR DE PUEBLA
EN LA FIESTA DE SAN MATEO APÓSTOL Y EVANGELISTA

Sígueme (cfr. Mt 9,9-13)

Celebramos hoy la fiesta del Apóstol y Evangelista san Mateo, a quien Jesús vio sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme". Vemos así que en Jesús Dios ha venido a liberarnos de la opresión del pecado, y a invitarnos a formar parte de su grupo de amigos, para hacernos partícipes de su vida plena y eterna.

Mateo era recaudador de impuestos. Los recaudadores de impuestos eran considerados pecadores públicos; se les veía como gente avara, que manejaba dinero impuro, y que además colaboraba con una autoridad extranjera, cuyos tributos podían ser arbitrarios.

Sin embargo, como dice el Papa, “Jesús no excluye a nadie de su amistad”[1]. Es más, comiendo en casa de Mateo, a los que se escandalizaban porque se acercaba a los pecadores, les dice: "No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: “Yo quiero misericordia y no sacrificios”. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

¡Sí! Jesús ha venido a rescatarnos a los pecadores ¡Tenemos esperanza! “Brilla aquí el poder del que llama porque no lo hace cuando el llamado trata de abandonar un oficio peligroso, sino que lo arrancó de esos mismos medios malos”[2], explica san Juan Crisóstomo.

Efectivamente, al escuchar a Jesús, Mateo “se levantó y lo siguió". “Esto implicaba para él abandonarlo todo –explica el Papa–, en especial una fuente de ingresos segura, aunque a menudo injusta y deshonrosa… Mateo comprendió que la familiaridad con Jesús no le permitía seguir realizando actividades desaprobadas por Dios”[3].

Años después, san Pablo exhortaría a la comunidad de Éfeso con estas palabras: “lleven una vida digna del llamamiento que han recibido”[4]. También el Señor nos ha llamado a nosotros para que lo sigamos y alcancemos la vida plena y eterna que sólo Él puede ofrecer. Esto exige renunciar al pecado, que en sus diversas formas –avaricia, soberbia, lujuria, ira, gula, envidia o pereza– nos esclaviza, nos daña, nos degrada y nos hace ser injustos con los demás.

Con la fuerza de la palabra de Jesús, Mateo pudo levantarse del pecado que lo encadenaba y seguirlo, para vivir con dignidad, en amistad con Dios. A partir de entonces, procuró que el mensaje del Señor resonara en toda la tierra[5]. Lo hizo de palabra, con su testimonio, y escribiendo el primer Evangelio, como lo atestigua la tradición de la Iglesia antigua, especialmente Papías, obispo de Gerápolis, alrededor del año 130[6].

“En el Evangelio griego que nos ha llegado –comenta el Papa– seguimos escuchando… la voz del publicano… que, al convertirse en Apóstol, sigue anunciándonos la misericordia salvadora de Dios. Escuchemos este mensaje de san Mateo, meditémoslo siempre de nuevo, para aprender también nosotros a levantarnos y a seguir a Jesús con decisión”[7].


[1] BENEDICTO XVI, Audiencia general, miércoles 30 de agosto de 2006.

[2] Cfr. Homiliae in Matthaeum, hom. 30,1.

[3] BENEDICTO XVI, Audiencia general, miércoles 30 de agosto de 2006.

[4] Cfr. 1ª Lectura: Ef 4,1-7.11-13.

[5] Cfr. Sal 18.

[6] En EUSEBIO DE CESAREA, Hist. eccl. III, 39, 16.

[7] BENEDICTO XVI, Audiencia general, miércoles 30 de agosto de 2006.