Homilía jun. 11 / 2017

Al Dios que es, que era y que vendrá (Ap 1,8)
X DOMINGO DE PASCUA CICLO A

 

Puebla, Pue., a 11 de junio de 2017 


Con la celebración de Pentecostés hemos concluido el tiempo pascual, pero nuestra liturgia es una realidad dinámica, va siempre in crescendo; el hecho de dividir el ciclo litúrgico en periodos es solamente para ayudarnos a reconocer los diferentes momentos del misterio de Cristo, pero en realidad es un solo movimiento que nos impulsa a ir siempre más arriba, al encuentro con Dios.

Hemos entonces comenzado otra etapa de este camino, pasamos nuevamente al tiempo ordinario, pero durante algunos días celebraremos diferentes aspectos del único misterio de Dios como por ejemplo el Corpus Christi, o la fiesta que celebramos este domingo: la Santísima Trinidad.

Recordando las lecciones de catecismo que seguimos cuando nos preparábamos para recibir la primera comunión, seguramente recordaremos que aprendimos que Dios es uno, pero en tres personas distintas, y cuando la catequista nos preguntaba cómo era esto posible, la respuesta que aprendimos es que “esto es un misterio” y que por lo tanto a la luz de nuestra sola razón no es posible explicarlo. Pues bien, celebrar este misterio de Dios uno y trino no es la ocasión para pretender explicar o definir a Dios con términos racionales, sino para sumergirnos en la profundidad de un misterio que sobrepasa nuestra razón pero que lo experimentamos como una realidad cotidiana.

Les invito a que hagamos un ejercicio. Haciendo una lectura más o menos atenta de las lecturas bíblicas que son proclamadas este día, tratemos de ubicar los verbos que en ellas se encuentran. A mi parecer podemos encontrar los siguientes verbos: mandar, descender, estar, pasar, proclamar, SER, caminar, perdonar, amar, entregar, enviar, salvar.

Todos estos verbos hacer referencia a Dios, a acciones concretas que Dios realiza, porque Dios no es un ser estático, inmóvil, Dios es el SER en movimiento, en acción, por eso no tenemos que agotar nuestras fuerzas tratando de definir a Dios, sino dejarnos envolver por la fuerza dinámica de Aquel que nos impulsa, nos sostiene, nos guía, nos protege, nos corrige, nos purifica, nos envía, nos acompaña, nos ama, nos salva, etc.

Desafortunadamente nos hemos acostumbrado a pensar en Dios como una realidad estática, por eso cuando pensamos en él, nos vienen a la mente la imagen que nos hemos hecho de él, pesamos en un viejito que está sentado y que tiene en su mano una esfera, junto a él esta otro personaje más joven que sostiene una cruz y sobre ellos una paloma de la cual surgen unos rayos de luz que suponemos es la gracia. Es una forma de representar el misterio de Dios Uno y Trino, pero si nos damos cuenta es la representación de un Dios estático, que incluso está sentado, que no se mueve, sino que está todo el tiempo solo como observando, como viendo correr el tiempo.

Pero Dios no es así, el ante todo es el SER, por eso dice: “Yo soy”; si nos damos cuenta Dios no se define a sí mismo utilizando una formula, sino utiliza un verbo y los verbos siempre son acciones, movimientos. No es casualidad que Moisés le diga al Señor: “si hemos hallado gracia ante ti, VEN con nosotros, CAMINA con nosotros; es cierto que somos pecadores, pero PERDÓNANOS, SE COMPASIVO, ACTÚA MISERICORDIOSAMENTE y entonces seremos tu pueblo y tu heredad” (cfr. Ex 34,8-9). Y Dios camina con su pueblo, va con él, lo salva, lo alimenta, lo guía, lo protege, etc.

Por eso, la mejor manera de conocer a Dios no es mediante conceptos, sino mediante sus acciones, que siempre serán acciones salvífica en favor nuestro, porque este “Yo Soy” es una forma de decir “Yo Soy el que está contigo, el que está a tu favor”, el que cada día está contigo y camina junto a ti.

La celebración de la Santísima Trinidad nos recuerda que la vida de un cristiano se enraíza en este misterio, en este dinamismo de un Dios que actúa siempre en nuestro favor. Por eso, cada día, cuando iniciamos y concluimos nuestra jornada invocando el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, nos sumergimos en una realidad que envuelve toda nuestra vida y nos sobrepasa, porque aunque a Dios no lo podemos encerrar en formulas racionales, ni explicar de manera lógica el misterio, si lo podemos experimentar presente en nuestra vida. Es cierto que a través de la filosofía y la teología algo podemos decir de Dios, pero al final todo será un aproximado a lo que en realidad es, por lo que hoy sería estupendo recordar la hermosa definición de Dios formulada por san Agustín: “Son Tres, el Amante, el Amado y el Amor”.

A Él, al Dios Uno y Trino, al Dios que Es, que Era y que Vendrá, demos todo el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Pbro. Carlos Gasca Castillo