Reflexiones Dominicales

Homilía oct. 1 / 2017, Domingo XXVI

“El segundo hijo se arrepintió y obedeció al padre”
Ez 18, 25-28; Sal 24, Flp 2, 1-11; Mt 21, 28-32

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

 

Puebla, Pue., a domingo 1 de octubre de 2017

 

Agradecidos con Dios por el don de la vida, y por la oportunidad que nos concede cada Domingo para meditar su palabra, y ser alimentados con su cuerpo y su sangre en la Eucaristía, en este día la Palabra de Dios, nos ofrece una oportunidad inmejorable para sentir su presencia amorosa, pero a la vez exigente en nuestro actuar diario, para crecer en la amistad con Él y con nuestros hermanos.

En el Evangelio de hoy, nos cuenta Jesús que un padre envía a sus dos hijos a trabajar.  Uno le contesta que sí va a trabajar...pero realmente se escapa de su obligación y no va.  El otro le dice que no quiere ir, pero luego recapacita y va a hacer lo que el padre quiere.

Lo primero que debemos tomar en cuenta para comprender mejor este pasaje es que está relacionado con la discusión que tiene Jesús con los jefes religiosos; de hecho, es a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo a quienes se dirige la parábola, sobre todo en lo referente a la responsabilidad de dar frutos. El punto central de la parábola es la pregunta que lanza Jesús a los judíos: “¿Cuál de los dos hermanos hizo la voluntad del Padre? Hacer la voluntad del Padre es lo que distingue al verdadero discípulo, de ahí, que el mensaje evangélico es exigente, no sólo es escuchar la Palabra y ya, o solamente acercarnos al Señor cuando creamos que es necesario, no se trata de sólo de saber discernir entre lo que es bueno y lo que no, sino de conocer el bien, pero sobre todo practicarlo, se trata de conocer, escuchar y llevarlo a la práctica, de hacerlo vida en cada momento de nuestra existencia.

Además, de acuerdo a la parábola hacer la voluntad del padre no es dirigirse a él de manera educada y bonita solamente, como lo hizo el primer hijo, pero no obedeció. En cambio, el otro hijo había respondido: “no quiero” pero después se arrepintió y fue. El hijo que dice que sí y no ve representan a los que conocían a Dios y su ley; pero después, en el momento práctico, cuando se ha tratado de aceptar a Cristo, que es “la plenitud de la ley”, se han vuelto atrás. El hijo que dice que no y va, representa a los que un tiempo vivían fuera de la Ley y la voluntad de Dios; pero, después, ante Jesús han recapacitado y han escogido el Evangelio[1]. De aquí la conclusión que les echa en cara a los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el reino de Dios”, no porque esté bien lo que hacen, sino porque han aceptado a Jesús y han cambiado su vida.

Esta página del Evangelio nos interpela, porque es una invitación a no quedarnos sólo en las palabras, promesas y buenas intenciones, que cuentan poco, sino son seguidas por la práctica, es decir, por las obras, ya el Apóstol Santiago lo advierte que “la fe sin obras, es una fe muerta” (Santiago 2,17), o lo podemos decir en otras palabras, con un dicho popular “del dicho al hecho hay mucho trecho”.

La parábola de Jesús, como se ve, no está lejos de la vida. Lo que Dios espera de nosotros es asimismo lo que nosotros esperamos los unos de los otros en la vida. Toda madre espera de los propios hijos una obediencia real, no sólo de palabras; un afecto no hecho de fáciles propósitos juveniles prontamente olvidados en el momento de la necesidad sino efectivo y capaz de estimular hasta el sacrificio[2].

El gran ejemplo a seguir es Cristo, ha aceptado la voluntad del padre, y la ha puesto en práctica hasta entregar la vida por los hermanos, así lo meditamos en el hermoso himno que nos presenta la liturgia de este Domingo en la carta de San Pablo a los Filipenses, que nos propone tener los mismos sentimientos de Cristo, porque él se ha humillado haciéndose siervo hasta dar la propia vida en la cruz. Estimados hermanos, que cada día busquemos ser mejores personas, humanizar nuestro mundo, que con una vida coherente, aceptemos la voluntad de Dios, para trabajar en su viña, que es actuar bien, y veremos la diferencia en nuestra vida. Las palabras del salmo de este día nos ayudan a vivirlo:

Salmo 24

Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina.

Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.

Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura.

Según ese amor y esa ternura, acuérdate de nosotros.

Porque el Señor es recto y bondadoso indica a los pecadores el sendero,

guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos.

 

Pbro. Lic. Israel Pérez López
Seminario Palafoxiano

 

[1] Cantalamesa, R., Echad las redes, ciclo A, Ed. Edicep, Valencia 2013, p. 315.

[2] Cantalamesa, R., Echad las redes, ciclo A, Ed. Edicep, Valencia 2013, p. 316.