Homilía ago. 5 / 2012

EscudoVictorHOMILÍA DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA
ARZOBISPO DE PUEBLA,

PRONUNCIADA EN LA MISA DOMINICAL EN CATEDRAL
EL 5 DE AGOSTO DE 2012

 

Escuchemos un breve pensamiento de reflexión a la luz de la palabra de Dios que acabamos de escuchar, que acabamos de celebrar.

En la primera lectura tomada del libro del Éxodo se nos narra la murmuración del pueblo de la antigua alianza contra Yahvé, contra Dios, no comprenden que para conseguir la libertad se requiere de un sacrificio y eso será parte de la historia del pueblo de la antigua alianza, se rebelará, protestará, murmurará contra el Señor Dios de Israel.

Por eso nos narra la primera lectura: <<Toda la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo: “Ojala hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciamos. Ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”.
Entonces dijo el Señor a Moisés: "Voy a hacer que llueva pan del cielo. Que el pueblo salga a recoger cada día lo que necesita, pues quiero probar si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles de parte mía: 'Por la tarde comerán carne y por la mañana se hartarán de pan, para que sepan que yo soy el Señor, su Dios'>>.

Y así el maná del antiguo testamento, el pan multiplicado en el nuevo testamento será el anuncio de lo que después Jesús nos dará a su Iglesia: Los bienes espirituales, sobre todo los sacramentos, de una manera especial el sacramento de la Eucaristía. Por eso Él se presenta como el pan vivo bajado del cielo, “Yo soy ese pan y el que coma de este pan vivirá para siempre”.

San Pablo en la segunda lectura nos hace la invitación a asimilar el mensaje de Cristo y perseverar hasta formar en el interior un hombre nuevo. Dice el apóstol San Pablo: <<…no deben ustedes vivir como los paganos, que proceden conforme a lo vano de sus criterios. Esto no es lo que ustedes han aprendido de Cristo; han oído hablar de Él y en Él han sido adoctrinados, conforme a la verdad de Jesús. Él les ha enseñado a abandonar su antiguo modo de vivir, ese viejo yo, corrompido por deseos de placen. –Y termina diciéndonos el Señor por boca del Apóstol-. Dejen que el Espíritu renueve su mente y revístanse del nuevo yo, creado a imagen de Dios, en la justicia y en la santidad de la verdad. >> Entonces no vivir como los paganos, vivir como los cristianos, vivir agradando al Señor, como hijos.

Y en la tercera lectura, Jesús en el evangelio de hoy, se enoja cuando todos buscamos el alimento material y nos olvidamos del alimento que dura, el alimento espiritual que dura para la vida eterna. Y su mensaje es hermoso en el evangelio: “El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.”

En este evangelio nos encontramos con un grupo de personas que buscan a Jesús, él sabe porque lo buscan: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse.”

Es importante para el ser humano satisfacer nuestra hambre, nuestras necesidades, buscar el alimento y eso es algo natural del bienestar personal, del bienestar de la familia. Pero Jesús, y así lo vemos en otros pasajes del evangelio, es y se presenta como un hombre necesitado, como verdadero hombre, también le dice a la samaritana: “dame de beber” o a Felipe le pregunta: “donde podríamos comprar pan para dar de comer a toda esta gente, a esta gente necesitada con hambre”. Y a ellos y a todos nosotros, Jesús nos invita a buscar algo más que el pan, lo escuchamos muy bien en el evangelio. “No trabajen para ese pan que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna.” Luego viene otra pregunta para la gente, que le dice a Jesús, "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?". A la que responde Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien Él ha enviado".

El enviado del Padre, ya sabemos, Él, Jesús, Él nos manifiesta al Padre, Él nos reconcilia con el Padre.

¿Pero que significa queridos hermanos, creer en Jesús?, significa creer en el amor de Dios nuestro Padre, creer en un Dios que se ha encarnado para salvarnos y darnos vida eterna, creer en un Dios creador, un Dios Señor de nuestra historia, que quiere que todos nos salvemos y lleguemos al conocimiento de la verdad y para eso nos envía a su Hijo Resucitado, y Él es el que realiza esta obra de salvación. Creer en Jesús es creer en la historia, como un lugar privilegiado de la revelación de Dios, porque la Historia, su historia, nuestra historia, es historia de salvación.

Creer en Jesús es creer en el Reino de Dios, proyecto al que Jesús consagró toda su vida, y del que fue hablando en pequeños relatos y parábolas y hoy se traduce ese reino de Dios en libertad, en justicia, en solidaridad, en vida plena. Jesús nos viene a hablar del Reino, Él predica el Reino y el Reino decía, es ya una realidad en nosotros.

Creer en Jesús es reconocerlo como buena noticia para toda la humanidad, no sólo para un grupo de personas, porque la salvación es universal, la salvación es para el mundo. Y él es la buena nueva, Él es la buena noticia.

Y finalmente creer en Jesús significa recibir y aceptar a Jesús como pan de vida, como agua vida y aquí lo que escuchamos en el evangelio, y es lo que nos invita precisamente Jesús a no olvidar el alimento que dura para la vida eterna,”Yo soy ese pan vivo bajado del cielo, Yo soy el pan de la vida, el que viene a mi no tendrá hambre y el que cree en mi nunca tendrá sed.”

Por eso vamos a pedirle a Dios: ‘Señor, Tu que eres nuestro creador y quien amorosamente dispones de toda nuestra vida, renuévanos conforme a la imagen de tu hijo y ayúdanos a conservar la esperanza.’

Es la primera oración que debemos dirigir, esa será nuestra oración a lo largo de todas nuestras ofrendas Eucarísticas. ¡Ayúdanos a conservar esta esperanza!

Pues con estos sentimientos queridos hermanos, vamos a continuar participando de nuestra Santa Misa.