Homilía feb.12 / 2013, Peregrinacón a la Basilica de Guadalupe

EscudoVictorHOMILÍA DE S.E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA
ARZOBISPO DE PUEBLA
CON OCASIÓN DE LA PEREGRINACIÓN DE LA ARQUIDIÓCESIS DE PUEBLA
A LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
12 DE FEBRERO DE 2013

 

 

Excelentísimos señores Obispos;
Queridos sacerdotes, diáconos y seminaristas;
Hermanas y hermanos de vida consagrada;
Amadísimos fieles laicos:

Una vez más, la Iglesia de Puebla viene como peregrina a postrarse a los pies de Santa María de Guadalupe. En esta ocasión, nuestra peregrinación es muy especial, ya que se desarrolla en pleno Año de la Fe. Es precisamente la fe la que nos trae a esta Basílica, ya que, como enseña el Concilio Vaticano II, la devoción a la Madre de Dios “procede de la fe verdadera”[1].

Así lo recordaba el Papa Benedicto XVI en su primera visita a nuestra Patria: “La verdadera devoción a la Virgen María nos acerca siempre a Jesús… venerar a la Guadalupana es vivir según las palabras del fruto bendito de su vientre”[2].

Efectivamente; la Morenita del Tepeyac nos ayuda a vivir la fe que, como explica el Catecismo de la Iglesia Católica, “es… adhesión personal… a Dios (y)… asentimiento libre a toda la verdad que ha revelado[3].

En esto, la primera ha sido la Virgen Santísima. Por eso, su parienta Isabel la saluda así: “¡Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor!”

Como en aquel tiempo, María, la que ha creído, deseosa de que “todos los pueblos alaben al Señor”[4], y alcancen la vida plena y eterna que sólo Él puede dar, viene presurosa, como discípula y misionera, para traernos a Jesús, Hijo único de Dios, “nacido de mujer, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos”, como explica san Pablo, quien concluye: “siendo hijo eres también heredero por voluntad de Dios”[5].

Por eso, la Guadalupana nos repite hoy lo mismo que en 1531 dijo al indio san Juan Diego: “No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”[6]

Ella, como enseña el Papa, “nos conduce siempre a su divino Hijo, el cual se revela como fundamento de la dignidad de todos los seres humanos, como un amor más fuerte que las potencias del mal y la muerte, siendo también fuente de gozo, confianza filial, consuelo y esperanza”[7].

¡Sí! En medio de las penas de esta vida y de los grandes retos que enfrenta nuestra patria, aquejada por diversas formas de indiferencia, injusticia y violencia, María nos invita a dejarnos consolar, iluminar, acompañar y fortalecer por Jesús.

“El Año de la fe –nos dice el Papa– es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17)”[8].

Con esta confianza, pongamos en manos de la Madre de Dios todo lo que somos y hacemos, así como los proyectos que tenemos. Agradezcamos su ayuda, que nos permitió concluir la primera etapa del Santuario Guadalupano, y roguémosle que siga con nosotros en los trabajos de la segunda etapa que hemos comenzado.

Pidámosle por los frutos de la peregrinación de la imagen con la reliquia de nuestro amado beato Juan de Palafox y Mendoza, testigo de la fe, que comenzará en los próximos días a visitar numerosas parroquias de nuestra Arquidiócesis, de modo que sea para todos un aliento a vivir y testimoniar la alegría de la fe, recordando la exhortación que el gran Obispo hacía, invitando a  “predicar… siempre con el ejemplo”, teniendo “presente en la vida la muerte, y que se le aguarda corona ó pena eterna”[9].

Encomendemos a la Morenita del Tepeyac la Visita Pastoral de la Zona Urbana, así como la Nueva Evangelización con la que nuestra Arquidiócesis quiere seguir adelante en la Misión Continental promovida en Aparecida, y pidámosle que nos obtenga de su Hijo la fuerza del Espíritu Santo de modo que cada día seamos más plenamente discípulos y misioneros de Cristo.

Comprometámonos, como nos ha invitado a hacerlo el Vicario de Cristo, en la salvaguarda del tesoro de fe, en la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural y de la familia en su genuina naturaleza y misión. Intensifiquemos una tarea educativa que haga a las personas conscientes de sus capacidades, de modo que afronten digna y responsablemente su destino.

Fomentemos la reconciliación, la fraternidad, la solidaridad, el cuidado del medio ambiente y la paz. Trabajemos juntos para erradicar la miseria, el analfabetismo, la corrupción, la injusticia, la violencia, la criminalidad y la inseguridad[10].

“Con su misma existencia en el mundo –nos dice el Santo Padre–, los cristianos están llamados… a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó”[11]. Como María, encaminémonos presurosos a los hombres y mujeres de hoy, y llevémoslos al encuentro con Cristo.

Que la Morenita del Tepeyac, san Juan Diego, san José María de Yermo, el beato Juan de Palafox y Mendoza y el beato Sebastián de Aparicio nos obtengan del Señor la fuerza para profundizar en nuestra fe, celebrarla, anunciarla, vivirla y testimoniarla, conscientes de que, como dice Aparecida: “…se necesitan personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza”[12].

El Señor nos ayude a hacerlo así, de modo que, cumpliendo bien nuestras responsabilidades terrenas, podamos alcanzar la vida eterna.



[1] Lumen gentium, n. 67.

[2] Angelus, 25 de marzo de 2012.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 150.

[4] Cfr. Sal 66.

[5] Cfr. 2ª. Lectura: Gál 4,4-7.

[6] VALERIANO Antonio, “Nican Mopohua”, traducción del náhuatl al castellano del P. Mario Rojas Sánchez, Ed. Fundación La Peregrinación, México 1998.

[7] Homilía en la Solemnidad de Santa María de Guadalupe, 12 de diciembre 2011.

[8] Ibíd., n. 6.

[9] Ibíd., Doce consejos, pp. 121-123.

[10] Ídem.

[11] Carta Ap. “Porta Fide”, n. 6.

[12] Homilía en la Misa de apertura del Año de la Fe, 11 de octubre 2012.