El Bautismo del Señor

EscudoVictorMons. Víctor Sánchez Espinosa
Arzobispo de Puebla

11 de enero
EL BAUTISMO DEL SEÑOR

El próximo domingo, con la celebración de la Solemnidad del Bautismo del Señor concluiremos el tiempo litúrgico de la Navidad y comenzaremos el Tiempo litúrgico llamado Ordinario.

En el Evangelio encontramos a Jesús, el enviado del Padre para Salvarnos, que, cumpliendo la voluntad de Dios, recibe el bautismo de Juan para inaugurar así el sacramento del Bautismo para nosotros, con el que quedamos liberados de las cadenas del pecado y, mediante el don del Espíritu Santo, nos unimos de tal forma al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, que llegamos a ser Hijos de Dios.

En su primera manifestación pública, el Hijo de Dios, que está sin pecado, colocándose entre los pecadores, “inicia su misión poniéndose en nuestro lugar”[1], como ha recordado el Papa. Así se hace solidario con nosotros, aceptando dar la vida para quitarnos la carga del pecado y hacernos partícipes de su comunión amorosa con el Padre y el Espíritu Santo, invitándonos a participar de su resurrección, que nos da la victoria sobre el mayor de los sufrimientos y el peor de los males: la muerte.

Todo esto se nos comunicó el día de nuestro Bautismo. Gracias a él, hemos llegado a ser hijos de Dios. Por eso debemos vivir conforme a esta dignidad imitando a Jesús, el Hijo predilecto, quien nos enseña que la vida verdadera se alcanza amando a Dios y al prójimo.

 

Para hacerlo mejor, propongámonos, especialmente en este Año de la Fe, conocer más y mejor la Palabra de Dios, contenida en la Biblia y en la Tradición de la Iglesia. Para esto puede ser de gran utilidad leer el Catecismo de la Iglesia Católica, o su forma abreviada llamada “Compendio”.

 

Fortalezcámonos también con la ayuda de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, participando con entusiasmo en la Misa dominical. Conversemos un ratito cada día con Dios mediante la oración. Y vivamos como Jesús, amando a nuestros semejantes, optando, como dice el Papa, por “una vida más feliz, más hermosa, más solidaria”[2].

 

Así seremos hijos predilectos de Dios en Jesús, contribuyendo a construir un matrimonio, una familia, un noviazgo y un mundo mejor para todos.



[1] BENEDICTO XVI, Homilía en la Solemnidad del Bautismo de Jesús, 10 de enero 2010.

[2] BENEDICTO XVI, Homilía en la Solemnidad del Bautismo de Jesús, 10 de enero 2010.