Día de las Madres

EscudoVictorMENSAJE DE MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA,
ARZOBISPO DE PUEBLA
10 DE MAYO: DIA DE LAS MADRES

 

 «Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer». Con estas palabras de la Carta a los Gálatas (4, 4) el apóstol Pablo relaciona entre sí los momentos principales que determinan de modo esencial el cumplimiento del misterio «preestablecido en Dios» (cf. Ef 1,9). El Hijo, nace como hombre de una mujer cuando llega «la plenitud de los tiempos».

«Plenitud de los tiempos» que manifiesta la dignidad extraordinaria de la «mujer». Esta dignidad consiste, por una parte, en la elevación sobrenatural a la unión con Dios en Jesucristo. Por otra parte, el acontecimiento de Nazaret pone en evidencia un modo de unión con el Dios vivo, que es propio sólo de la «mujer», de María, esto es, la unión entre madre e hijo.

Una de las dimensiones de la vocación de la mujer es sin duda alguna la Maternidad, vocación que se cumple en la entrega de sí misma a los demás. La Maternidad es el don de abrirse a una nueva vida es decir, de un nuevo ser, que es también persona a semejanza de sus padres. La maternidad, ya desde el comienzo mismo, implica una apertura especial hacia la nueva persona. En dicha apertura, esto es, en el concebir y dar a luz el hijo, la mujer «se realiza en plenitud a través del don sincero de sí».

En la maternidad de la mujer, unida a la paternidad del hombre, se refleja el eterno misterio del engendrar que existe en Dios mismo, uno y trino. Sin embargo, aunque los dos sean padres de su niño, la maternidad de la mujer constituye una «parte» especial de este ser padres en común, así como la parte más cualificada. Aunque el hecho de ser padres pertenece a los dos, es una realidad más profunda en la mujer, especialmente en el período prenatal. La mujer es «la que paga» directamente por este común engendrar, que absorbe literalmente las energías de su cuerpo y de su alma. Por consiguiente, es necesario que el hombre sea plenamente consciente de que en este ser padres en común, él contrae una deuda especial con la mujer.

La maternidad conlleva una comunión especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer. La madre admira este misterio y con intuición singular «comprende» lo que lleva en su interior.

En este día en que festejamos a nuestras Madres, la Iglesia desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el «misterio de la Maternidad» y por cada mujer, por las «maravillas de Dios», que en la historia de la humanidad se han cumplido en ella y por medio de ella. La Iglesia da gracias por todas las madres, por las que se abren a dar la vida, física y espiritualmente.

Por todas ellas, tal como salieron del corazón de Dios en toda la belleza y riqueza de su maternidad, tal como han sido abrazadas por su amor eterno.

¡Feliz día de las Madres!

Que Dios las bendiga y bendiga a sus familias.